Ciudad de México.- Se cumple un siglo del nacimiento de Julio Scherer García (7 de abril de 1926 – 7 de enero de 2015), el hombre que transformó el periodismo mexicano al convertirlo en un ejercicio de investigación rigurosa, independencia editorial y crítica frontal al poder presidencial. Director de Excélsior (1968-1976) y fundador de la revista Proceso (1976), Scherer desafió el autoritarismo posrevolucionario y dejó un modelo de prensa que aún hoy incomoda a cualquier gobierno.
De San Ángel a Bucareli: los años de formación
Nacido en una familia de abolengo porfirista en la Ciudad de México, Scherer creció en San Ángel rodeado de libros. Su madre, Paz García, le inculcó la pasión por la lectura, mientras que su padre, Pablo Scherer, le consiguió en 1947 su primer empleo en Excélsior, cuando apenas tenía 21 años y estudiaba sin convicción Derecho y Filosofía en la UNAM.
Empezó en la edición vespertina Últimas Noticias. Allí aprendió el oficio en las calles y en las cantinas de Bucareli, bajo la tutela de Enrique Borrego. Su primera nota firmada apareció el 28 de marzo de 1948 con el título “Universidad del crimen”. Pronto pasó a reportajes de fondo y entrevistó a figuras como María Félix, Frida Kahlo, Diego Rivera y José Clemente Orozco.
El 31 de agosto de 1968, Scherer fue nombrado director general de Excélsior. Bajo su mando, el diario se convirtió en uno de los más influyentes del mundo hispanohablante. Criticó abiertamente la represión de Tlatelolco durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y el autoritarismo de Luis Echeverría.
La ruptura definitiva llegó en julio de 1976. Una asamblea manipulada, presión de ejidatarios y la intervención directa del presidente Echeverría culminaron en su destitución. Scherer y un grupo de colaboradores —entre ellos Miguel Ángel Granados Chapa y Francisco Ortiz Pinchetti— abandonaron el edificio antes de la llegada del nuevo director, Regino Díaz Redondo.
El nacimiento de Proceso: “No estar de acuerdo con nada”
Solo unos meses después, en noviembre de 1976, surgió Proceso, el semanario que se propuso informar sin concesiones. Scherer lo dirigió hasta 1996 y luego presidió el consejo de administración de la empresa editora. La revista se consolidó como la publicación más influyente en la vida política mexicana durante décadas.
Realizó entrevistas históricas al Subcomandante Marcos (2001), Sandra Ávila Beltrán (2008), Ismael Zambada (2010) y Rafael Caro Quintero (2013). Escribió más de veinte libros, entre ellos Los presidentes (1986), Salinas y su imperio (1997), Cárceles (1998) y La terca memoria (2007). Colaboró con Carlos Monsiváis en Parte de guerra (1999), sobre Tlatelolco.
Scherer recibió importantes reconocimientos internacionales y nacionales, como el Premio María Moors Cabot (1971) y el Manuel Buendía (1986), aunque rechazó el Premio Nacional de Periodismo en 1988. Octavio Paz lo describió como “personaje de novela rusa” por su pasión por la verdad y su imponente presencia física.
Enrique Krauze, amigo durante cuatro décadas, lo recordó como alguien fascinado por el poder, pero nunca tentado por él: “Siempre cerca del poder, pero nunca tentado por el poder”.
Casado con Susana Ibarra desde 1952, tuvo nueve hijos. El periodismo le cobró factura familiar: ausencias constantes y dificultades económicas. Falleció el 7 de enero de 2015 a los 88 años a causa de un choque séptico.
Las conmemoraciones del centenario
Con motivo de los 100 años de su natalicio, Proceso dedica su edición de abril a su fundador, mientras Excélsior publica un suplemento especial con textos de Pascal Beltrán del Río, Julio Scherer Ibarra, Gerardo Galarza y anécdotas de Enrique Krauze y Federico Reyes Heroles. La revista Letras Libres explora sus “años de aprendizaje”.
Julio Scherer García no inventó el periodismo crítico en México, pero lo profesionalizó, lo independizó y lo convirtió en un instrumento esencial de la rendición de cuentas. Como él mismo habría exigido, la nota no termina aquí: la verdad relevante sigue siendo la única que importa.
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