Andrea gana perdiendo
El destape de Andrea Chávez como coordinadora de Morena en Ciudad Juárez, con lo que queda perfilada para la candidatura a la Presidencia Municipal en 2027, tiene mucho más fondo que el de una simple salida decorosa después de perder la definición por la gubernatura. Morena se apresuró a darle una posición de enorme peso político apenas una semana después de entregar la candidatura estatal a Cruz Pérez Cuéllar. Y lo hizo sin encuesta municipal y sin convocatoria para las coordinaciones municipales.
La operación confirma algo que desde hace semanas se comentaba en el círculo cercano de Andrea: cuando los signos de que Cruz sería el elegido comenzaron a multiplicarse, la alcaldía de Juárez apareció como una alternativa perfectamente aceptable. Tres años más en el Senado eran una opción segura, pero difícilmente comparable con gobernar la ciudad donde Andrea tiene su principal base política y que dispone de un presupuesto superior a los 11 mil millones de pesos para su primer año de gobierno, de acuerdo con las cifras presupuestales que se han manejado para el próximo trienio.
En política, administrar una ciudad de ese tamaño significa mucho más que ocupar un cargo en al menos siete entidades federativas, por poner un par de ejemplos: Tlaxcala y Baja California Sur. Significa territorio, estructura, presencia cotidiana, capacidad de gestión y una plataforma desde la cual puede proyectarse una carrera política. Por eso el nombramiento no parece diseñado simplemente para consolar a quien perdió la gubernatura. Parece pensado para conservar dentro de Morena a una figura que durante dos años construyó una estructura propia y que, después de la decisión estatal, necesitaba un espacio político acorde con su dimensión.
La prisa es reveladora. Andrea no fue medida para la alcaldía. Las encuestas en las que participó fueron las de la gubernatura. Después de perder esa definición, Morena la colocó directamente en Juárez, antes incluso de emitir la convocatoria nacional para seleccionar coordinaciones municipales.
Dicho sin rodeos: no ganó una encuesta municipal. Le dieron la candidatura en la ruta rápida.
Y la dirigencia tampoco escogió cualquier municipio. Ciudad Juárez es el territorio natural de Andrea, pero también es la plaza electoral más importante de Morena en Chihuahua. De ahí que la operación tenga una doble lectura: darle una salida a Andrea y, simultáneamente, evitar que la disputa por la gubernatura termine convirtiéndose en una fractura.
¿Perdió Chávez Treviño?
Perdió la gubernatura, pero recibió a cambio una posición que, para sus intereses políticos inmediatos, puede resultar mucho más controlable y alcanzable. Gobernar Juárez implica administrar un presupuesto multimillonario y mantener contacto directo con una población que ha sido decisiva para Morena en Chihuahua. El propio Cruz Pérez Cuéllar reconoció inmediatamente la importancia de la designación y llamó a trabajar en unidad.
El problema es que las heridas de la precampaña no desaparecen porque se publique una fotografía de unidad, la cual ciertamente no se ha tomado.
La competencia entre Cruz y Andrea dejó lastimados en los dos bandos. Hubo operadores que apostaron todo por una candidatura y otros que trabajaron para impedirla. Ahora todos tienen que convivir dentro del mismo proyecto. De ahí que circule la posibilidad de que una parte del andreísmo pudiera no sentirse obligada a cerrar filas con Cruz en la elección gubernamental. Es una hipótesis política, no un hecho comprobado, pero explica la preocupación de Morena por cerrar rápidamente el capítulo.
También explica el mensaje cuidadosamente redactado de Andrea después de su designación. “Sin egos, sin protagonismos, sin ambiciones personales”, dijo. Y agregó que seguiría trabajando “en el territorio” y “con nuestras bases”. Su frase final, “hoy nada comienza, hoy nada termina”, fue todavía más reveladora.
No hay ruptura, pero tampoco hubo una efusiva adhesión a Cruz.
Cruz sí se apresuró a felicitarla y a hablar de una causa común. Andrea, hasta ahora, no ha hecho una declaración equivalente de respaldo al alcalde con licencia que le ganó la carrera por la gubernatura. Esa diferencia de tiempos y de lenguaje merece atención.
Y mientras la dirigencia habla de unidad, en Juárez ya comenzaron las especulaciones sobre el futuro gabinete. Así de adelantado está el escenario.
Uno de los nombres que aparece con mayor insistencia es el de Wilfrido Campbell Saavedra, exrector de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. “Willy” tiene una trayectoria política anterior que lo hace reconocible para la vieja clase política fronteriza: fue presidente del PRI en Ciudad Juárez y participó en administraciones encabezadas por José Reyes Ferriz en el municipio y José Reyes Baeza en el Gobierno del Estado.
En los círculos que rodean a Andrea se le identifica como uno de sus hombres de mayor confianza y principal asesor político. Incluso ya hay quienes lo colocan en la Secretaría del Ayuntamiento de una eventual administración de Chávez. Por ahora, debe quedar claro, se trata de versiones y especulaciones: no existe gabinete anunciado, sería un despropósito.
Pero el simple hecho de que los nombres del eventual gabinete aparezcan inmediatamente después del destape revela la dimensión de la operación. No se está hablando de Andrea como una aspirante más. Se está hablando de ella como si la candidatura y la elección fueran trámites pendientes.
Aparece otra de las paradojas
Morena todavía no ha hecho la elección constitucional, pero el discurso interno ya comienza a hablar del próximo Ayuntamiento.
La confianza tiene una explicación: Morena conserva una posición particularmente fuerte en Ciudad Juárez. Según las cifras de afiliación que maneja el propio partido y que circulan entre sus estructuras, el padrón estatal supera ligeramente los 300 mil afiliados y alrededor de 160 mil estarían en Juárez, es decir, aproximadamente 53 por ciento. Ese dato debe mantenerse como cifra partidista de afiliación, no confundirse con el padrón electoral ni con votos efectivos.
En otras palabras, si el cálculo interno de Morena es correcto, más de la mitad de su militancia estatal está concentrada en el municipio donde acaba de colocar a Andrea.
El arreglo que antecedió a esta definición también ayuda a entender la fotografía actual. Desde febrero se habló de un entendimiento entre el grupo de Ariadna Montiel —el montielismo o grupo Coyoacán, como también se le identifica— y el proyecto de Cruz Pérez Cuéllar. La lógica de aquel acuerdo era sencilla: el grupo de Montiel apostaría por Cruz para la gubernatura y buscaría asegurar para su corriente posiciones en Juárez, incluidas la alcaldía y las cuatro diputaciones federales, con una meta de hasta 500 mil votos para Morena solamente en Ciudad Juárez.
Ese número, hay que decirlo, parece extraordinariamente optimista. Quinientos mil votos significarían una movilización electoral de dimensiones que todavía no puede darse por descontada.
Pero el acuerdo político sí ayuda a explicar por qué Juárez terminó siendo la pieza natural para Andrea.
Si la gubernatura representaba una disputa mucho más incierta, la alcaldía de Juárez ofrecía una ruta política más concreta. Y ahí está la ironía central: Andrea pudo haber perdido la gubernatura y, sin embargo, haber terminado con una posición desde la cual puede conservar su estructura, administrar recursos públicos, mantener presencia territorial y esperar el siguiente movimiento. En ese sentido, puede decirse que ganó perdiendo.
Pero hay que separar las certezas de las apuestas. Para 2027 hay una definición que ya parece encaminada: Morena ha puesto a Andrea en la ruta de Juárez. El PAN, por su parte, llega con una posición sólida en la capital del estado y Marco Bonilla aparece como la figura alrededor de la cual se ha concentrado el proyecto panista. La gran incertidumbre está en la gubernatura, donde Cruz Pérez Cuéllar enfrentará a Bonilla en una contienda que todavía no puede darse por resuelta.
Porque una cosa es controlar una alcaldía y otra ganar el estado.
Y aquí está el verdadero riesgo para Morena: que las heridas entre cruzistas y andreístas no queden cerradas por el reparto de posiciones.
La operación nacional fue rápida porque había algo que cuidar. A Andrea no la dejaron esperando. Le dieron Juárez.
Ahora falta saber si el dulce alcanza para endulzar a todo el andreísmo.
Porque Andrea ya tiene territorio, estructura y una candidatura prácticamente en la bolsa. Lo que todavía no está resuelto es si quienes la acompañaron durante la batalla por la gubernatura estarán dispuestos a convertir su derrota en votos para Cruz.
Ahí estará una de las claves de 2027.



