Estocolmo, Suecia.- La Real Academia Sueca de Ciencias ha otorgado este martes el Premio Nobel de Física 2026 al investigador belga Francis Halzen, reconociendo de este modo sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento histórico de neutrinos de alta energía procedentes de fuera de nuestra galaxia.
El galardón de este año pone el foco en una rama puntera de la ciencia que combina la física de partículas y la astronomía. A sus 82 años, Halzen ha visto coronada una trayectoria de décadas dedicada a capturar las partículas más esquivas y misteriosas del universo, conocidas popularmente como partículas fantasma.
El anuncio, realizado en Estocolmo por la secretaria general de la institución, Ellen Moons, destaca que el trabajo premiado abre una ventana completamente nueva para observar los fenómenos más violentos y enérgicos del cosmos, tales como agujeros negros supermasivos y estallidos de rayos gamma, mediante mensajeros que viajan por el espacio sin apenas interactuar con la materia.
La hazaña del observatorio en el hielo antártico
Para comprender la magnitud del logro es necesario mirar hacia la Antártida. Francis Halzen fue el principal impulsor y cerebro detrás de IceCube, un colosal observatorio de partículas construido en las profundidades del hielo del Polo Sur.
El proyecto, que comenzó a tomar forma tras décadas de investigaciones previas como el proyecto AMANDA, transformó un kilómetro cúbico de hielo prístino y transparente en un detector científico único en su tipo. Operativo a gran escala desde 2010, IceCube utiliza más de cinco mil sensores ópticos avanzados enterrados a profundidades que alcanzan los dos kilómetros bajo la superficie helada.
Los neutrinos son partículas subatómicas diminutas que se producen en reacciones nucleares extremas en el espacio profundo. Debido a que casi no tienen masa y carecen de carga eléctrica, atraviesan planetas, estrellas y galaxias enteras a casi la velocidad de la luz sin dejar rastro. Sin embargo, cuando uno de estos raros neutrinos colisiona ocasionalmente con un núcleo atómico dentro del hielo antártico, produce un tenue destello de luz azul conocido como radiación Cherenkov.
Una vida dedicada a la física de astropartículas
Nacido en Tienen, Bélgica, en 1944, Francis Halzen completó su doctorado en la Universidad de Lovaina antes de pasar por el CERN en Suiza y finalmente establecerse en Estados Unidos, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera como profesor distinguido en la Universidad de Wisconsin-Madison.
A lo largo de su carrera, la intuición de Halzen desafió el escepticismo de la comunidad científica tradicional, que consideraba casi imposible utilizar el hielo polar como un telescopio gigante. Su perseverancia no solo demostró la viabilidad técnica de la idea, sino que consolidó una infraestructura global en la que colaboran cientos de científicos de todo el mundo.
Con este galardón, dotado con doce millones de coronas suecas, la Academia Sueca premia no solo un descubrimiento puntual, sino la consolidación de una nueva manera de mirar al cielo. Mientras que durante milenios la humanidad dependió exclusivamente de la luz visible y posteriormente del espectro electromagnético para estudiar el universo, la era de la astronomía de multi-mensajeros liderada por los descubrimientos de Halzen permite escuchar los latidos más violentos y ocultos del cosmos a través de estas esquivas partículas fantasma.



