Alito y Corral: dos varas
La promesa de combatir la corrupción sin distingos partidistas choca cotidianamente con una realidad institucional inocultable: en el sistema político mexicano, la aplicación de la ley y el uso del fuero constitucional no dependen de la gravedad del daño al erario, sino del color de la camiseta y de la lealtad al régimen en turno. La revisión paralela de los expedientes que pesan sobre figuras de la oposición frente a los de aliados del oficialismo desnuda una asimetría alarmante, donde el principio elemental de igualdad ante la ley se subordina a la conveniencia política.
Un ejemplo elocuente de esta doble moral jurídica se observa al contrastar las situaciones de Alejandro Moreno Cárdenas y de Javier Corral Jurado. Ambos políticos arrastran acusaciones de alto impacto por presuntos desvíos millonarios cometidos durante sus respectivas gestiones como gobernadores; sin embargo, el trato procesal y el blindaje institucional que reciben son radicalmente opuestos.
A «Alito» Moreno, dirigente nacional del PRI y férreo crítico de la oposición, la maquinaria legislativa de Morena en la Cámara de Diputados le reactiva y acelera con diligencia quirúrgica los expedientes de desafuero en la Sección Instructora por un presunto peculado de más de 83 millones de pesos. Para el bloque mayoritario, la prioridad es exhibir, presionar y debilitar políticamente al líder opositor a través de la vía penal.
En la acera de enfrente, el caso del exgobernador de Chihuahua y actual senador, Javier Corral, revela el reverso exacto de la moneda. La fiscalía de su estado natal documentó y giró una orden de aprehensión por un desvío superior, cifrado en 98.6 millones de pesos mediante contratos simulados. No obstante, al integrarse formalmente a las filas y la protección política de Morena, el aparato del Estado operó para blindarlo. Mientras Corral cuenta con la red de contención de los tribunales federales, amparos protectores y la omisión deliberada de los órganos de procuración de justicia para ejecutar su captura, los aliados del oficialismo transitan sin el temor de ver suspendida su inmunidad constitucional.
Esta polarización en la impartición de justicia manda un mensaje demoledor para el Estado de derecho: si eres de Morena, el manto protector del poder disuelve las órdenes de aprehensión y congela las investigaciones; si eres opositor, el aparato persecutor del Estado se desempolva y se acelera al ritmo de la coyuntura electoral. La justicia selectiva no es justicia, es un instrumento de control político que corroe las instituciones y confirma que, bajo el amparo del partido en el poder, la corrupción se administra y se perdona, mientras que la disidencia se investiga y se castiga.
El PAN madruga a Morena
El Partido Acción Nacional se adelanta a Morena en la designación de candidato a la gubernatura de Chihuahua. Maru Campos dio el primer paso el miércoles pasado al bajar de la carrera a su fallido delfín, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya Chávez. Fue la aceptación pública de que el panismo había escogido candidato desde hace 20 meses atrás, sin importar los berrinches de la gobernadora. A 24 horas de declarar que Gilberto Loya la acompañaría hasta el término del sexenio en la Secretaría de Seguridad, llegó el segundo paso: se anuncia la llegada, el próximo sábado, del secretario de Acción Política del CEN del PAN, Santiago Taboada, al Congreso Estatal del PAN, en donde se adelantará el nombramiento de Marco Bonilla como Defensor de la Patria, la Familia y la Libertad, eufemismo que se usa para decir que se escogió candidato a la gubernatura. Se espera una petición de licencia a la alcaldía de Bonilla en los días inmediatos y el inicio de la campaña a la gubernatura en toda la entidad de tiempo completo, adelantándose a Morena en el proselitismo abierto.
Se espera, aunque aún hay un margen de indefinición, que la líder estatal del PAN, Daniela Álvarez, sea candidata a la alcaldía de Juárez, dados sus antecedentes, ya que en 2021 la única diputación federal que perdió Morena en Juárez fue la ganada por Daniela, y las encuestas entre panistas juarenses y simpatizantes la mantienen en primer lugar y muy alejada del segundo lugar. Además, se ha ponderado su carácter aguerrido y confrontativo, pues creen que es un perfil adecuado para Juárez.
Lo que queda pendiente, y no será un aterrizaje suave, será la definición del candidato para la ciudad de Chihuahua. Por otra parte, es de esperarse que, ya investido como candidato, la opinión de Bonilla tendrá otro peso en la definición de candidaturas. Como es el principal interesado en que haya buenos candidatos en los 22 distritos estatales, los nueve federales y las 67 alcaldías, incidirá directamente en el proceso.
Andrea, Cruz y Loera en el mismo mitin
La disputa interna de Morena rumbo a la elección de 2027 tendrá este sábado 15 de agosto un nuevo episodio en Ciudad Juárez con un mitin político programado en el Polideportivo La Montada, ubicado en la colonia Fronteriza Ampliación. El evento congregará a tres de los principales actores del morenismo chihuahuense: Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez y Juan Carlos Loera, cuya coincidencia representa el aspecto políticamente más significativo de la convocatoria que comenzó a circular mediante un cartel en redes sociales y grupos de simpatizantes. El acto adquiere especial relevancia al producirse en un momento en que el partido oficial comienza a definir posiciones y a medir fuerzas de cara a la sucesión por la gubernatura de Chihuahua, un proceso que será de los más observados del país por el peso electoral del estado y la presencia de distintos grupos que buscan influir en la decisión.
Los tres contendientes llegan al encuentro desde trincheras y trayectorias diferenciadas. Cruz Pérez Cuéllar ha intensificado sus recorridos fuera de Ciudad Juárez con presencia regional y una creciente exposición en medios nacionales vinculados a la Cuarta Transformación. Andrea Chávez mantiene una estructura propia y una posición destacada tanto en la arena estatal como en la nacional, mientras que Juan Carlos Loera conserva una base política sólida en esta frontera y su propia ruta dentro del proceso interno. En una contienda de esta naturaleza, las fotografías comunican tanto como los discursos. Una imagen de los tres compartiendo tribuna funcionará como una señal de unidad, una demostración de fuerza territorial o un mensaje hacia los grupos que pujan por las candidaturas. El evento permitirá observar quién convoca, quién encabeza, quién ocupa el centro del escenario y cuál es la auténtica capacidad de movilización de cada bloque.
Este mitin llega tras una serie de movimientos que han colocado a Pérez Cuéllar en el centro de la conversación sucesoria. La presencia de Chávez y Loera añade un componente estratégico donde no sólo importa quién toma el micrófono, sino quién acompaña a quién y qué dirigentes ocupan la primera fila. El que los tres estén en un mismo evento habla de un primer acercamiento entre los dos grupos en pugna. Es una señal de acercamiento; quién sabe si lo haya de fondo, pero antes del arranque del PAN no se vislumbraba. Es inusitado que se junten estos personajes en un mismo mitin, por lo que la interpretación primera y más sencilla es que se está buscando una aproximación y una posible negociación. Ya veremos si son capaces de lograrlo, dado que han mantenido una franca confrontación. La concentración en este bastión electoral ofrece así una primera fotografía del músculo de las diferentes expresiones morenistas en una etapa donde la sucesión estatal deja de ser lejana para convertirse en una disputa abierta y visible.



