Washington, D.C.- El presidente Donald Trump defendió con vehemencia al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman durante una reunión en la Oficina Oval, al rechazar una pregunta sobre el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018 y calificar al disidente como «extremadamente controvertido». El intercambio, captado por las cámaras, expuso tensiones en la relación bilateral y reavivó críticas por la aparente priorización de acuerdos económicos sobre derechos humanos.
Trump, visiblemente irritado, respondió a la corresponsal de ABC News Mary Bruce, quien indagó sobre el rol de bin Salman en la muerte de Khashoggi, un columnista de The Washington Post y residente estadounidense estrangulado y desmembrado en el consulado saudí en Estambul. «Estás mencionando a alguien extremadamente polémico. A mucha gente no le caía bien ese señor. Te guste o no, las cosas pasan», espetó Trump, insistiendo en que bin Salman «no sabía nada al respecto» y pidiendo dejar el tema atrás para no «avergonzar a nuestro invitado». El príncipe, sentado a su lado, se mostró impasible y describió el incidente como «doloroso y un gran error», afirmando que Arabia Saudita tomó «todas las medidas correctas» en la investigación y trabaja para evitar repeticiones.
Esta postura contradice directamente un informe de la CIA desclasificado en 2021, que concluyó que bin Salman aprobó la operación para capturar o eliminar a Khashoggi, basado en su control sobre decisiones clave, la participación de asesores cercanos y su historial de medidas violentas contra disidentes. El reino saudí rechazó las conclusiones como «falsas e inaceptables». Durante su primer mandato, Trump minimizó el caso, admitiendo en entrevistas grabadas haber «salvado el trasero» de bin Salman al bloquear presiones del Congreso. Su sucesor, Joe Biden, prometió aislar a Riad como «paria», pero en 2022 visitó el país para negociar producción petrolera, reconociendo su influencia pese al fracaso en presionar por reformas.
La visita de bin Salman, la primera a la Casa Blanca en siete años, incluyó honores de Estado: escolta motorizada, banda militar, sobrevuelo de cazas F-35 —que Trump planea vender a Riad— y una cena de gala. Trump elogió el «increíble» récord de bin Salman en derechos humanos y celebró compromisos de inversión saudí, elevados de 600.000 millones a un billón de dólares, junto a pactos de defensa y un programa nuclear civil. El príncipe evadió compromisos firmes en prioridades de Trump, como la reconstrucción de Gaza —donde solo dijo estar «discutiendo»— y los Acuerdos de Abraham, condicionándolos a un «camino claro» hacia un Estado palestino independiente.
Reacciones no se hicieron esperar. Hanan Elatr Khashoggi, viuda del periodista, calificó los comentarios presidenciales como «dolorosos» y exigió una reunión con Trump para «pedir perdón e indemnización». «Esto no justifica su asesinato. Jamal era un hombre bueno y valiente», declaró a CNN. The Washington Post editorializó que las palabras de Trump «deshonran su legado y contradicen los hechos». Familias de víctimas del 11-S expresaron furia por la recepción, citando lazos saudíes con los atacantes.
El episodio subraya la estrategia de Trump en su segundo mandato: fortalecer lazos con Riad para contrarrestar a Irán y China, pese a escrutinio por intereses familiares en el reino —que el presidente desestimó al decir «me he desvinculado». Analistas ven en esto un retorno a la realpolitik, donde el petróleo y las armas priman sobre la rendición de cuentas, aunque críticos advierten riesgos para la credibilidad estadounidense en defensa de la prensa libre.



