Washington, D.C.- Las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y de su administración contra el sultanato de Omán han generado una profunda alerta en el escenario internacional, luego de que el mandatario amagara con una acción militar hacia el país árabe —reconocico históricamente como la Suiza de Oriente Medio por su política de neutralidad— si este colabora con Irán en el control del estrecho de Ormuz, según un reporte de la cadena CNBC.
La controversia escaló tras una reunión de gabinete en la Casa Blanca, donde Trump fue cuestionado sobre los informes que sugieren una supervisión conjunta del comercio marítimo entre Mascate y Teherán en la estratégica vía por la que transita el 20 por ciento del petróleo mundial. El mandatario estadounidense respondió que Omán deberá comportarse como todos los demás o tendrían que volarlos por los aires, una declaración que analistas de organismos como el Middle East Institute calificaron como un cambio de postura sumamente inusual y una muestra de diplomacia performativa derivada de la frustración ante la falta de resultados con la República Islámica.
Especialistas internacionales destacaron que el apelativo del sultanato como la Suiza de Oriente responde precisamente a su rol tradicional de mediador que dialoga con todas las partes y busca mantener relaciones constructivas con todos los países, fundamentado en el libre flujo de mercancías y el rechazo a la confrontación. De forma complementaria, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que Washington impondrá sanciones económicas enérgicas a Mascate y perseguirá con firmeza a cualquier actor que se involucre, de manera directa o indirectamente, en la facilitación de un sistema de peajes en el estrecho.
La postura de la Casa Blanca provocó inmediatas reacciones políticas y diplomáticas en Washington y Teherán. El senador demócrata Chris Murphy criticó duramente al Ejecutivo al señalar que la amenaza contra un aliado histórico e intermediario clave es una señal del pánico constante y de los errores cometidos en el manejo de la crisis regional, mientras que el portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, expresó su solidaridad con el sultanato y advirtió que la amenaza de destruir a un miembro de las Naciones Unidas normaliza la anarquía y la intimidación en las relaciones internacionales.



