Washington, D.C.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó este sábado las tensiones con Venezuela al declarar en su red social Truth Social que el espacio aéreo sobre y alrededor del país sudamericano debe considerarse «cerrado en su totalidad». Esta medida, dirigida explícitamente a aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas, se produce en un contexto de creciente confrontación militar y diplomática con el gobierno de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de liderar redes de narcotráfico que amenazan la seguridad estadounidense.
La declaración de Trump llega apenas dos días después de que, durante una llamada con militares de su país por el Día de Acción de Gracias, el mandatario insinuara acciones inminentes contra las presuntas rutas terrestres de drogas en Venezuela. «En las últimas semanas han estado trabajando para disuadir a los narcotraficantes venezolanos, que son numerosos. Ya no llegan muchos por mar, y también comenzaremos a detenerlos por tierra. Por tierra es más fácil, pero eso comenzará muy pronto», afirmó Trump desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida. Esta advertencia amplía el alcance de la «Operación Lanza del Sur» (Operation Southern Spear), lanzada en noviembre bajo el mando del secretario de Defensa, Pete Hegseth, que incluye el despliegue de más de una docena de buques de guerra, 15,000 tropas y sistemas autónomos para combatir el tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico oriental.
Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses han ejecutado al menos 21 ataques aéreos contra embarcaciones supuestamente vinculadas a carteles como el Tren de Aragua y el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, resultando en la muerte de más de 83 personas. El Pentágono justifica estas operaciones alegando que las naves transportaban cocaína y fentanilo hacia EE.UU., aunque no ha presentado evidencia pública que lo corrobore. Fuentes regionales, como líderes de Trinidad y Tobago, han elogiado las acciones por reducir la violencia del narcotráfico, pero críticos, incluyendo analistas de InSight Crime, las describen como una simplificación que ignora la corrupción sistémica en el régimen de Maduro, más que un cartel organizado. Además, reportes indican que en al menos un incidente, ocurrido el 2 de septiembre, se realizó un segundo ataque para eliminar sobrevivientes, siguiendo una directiva de Hegseth de «matar a todos», lo que ha generado debates sobre la legalidad bajo el derecho internacional.
Suspenden vuelos comerciales
La Administración Federal de Aviación (FAA) ya había emitido una alerta el 21 de noviembre, advirtiendo a las aerolíneas comerciales sobre una «situación potencialmente peligrosa» debido al deterioro de la seguridad y el aumento de actividad militar en la zona. Como consecuencia, vuelos directos de compañías como Iberia, Avianca, TAP y American Airlines han sido suspendidos o redirigidos, evitando el espacio aéreo venezolano. Caracas respondió revocando los permisos de operación a seis aerolíneas internacionales acusadas de alinearse con el «terrorismo de Estado» de EE.UU., y Maduro ha colocado a sus fuerzas armadas en alerta máxima, realizando simulacros defensivos.
En un giro inesperado, el New York Times reveló que Trump y Maduro mantuvieron una conversación telefónica la semana pasada, con la participación del secretario de Estado, Marco Rubio. Durante la llamada, discutieron la posibilidad de una reunión en territorio estadounidense, aunque no se concretaron planes. Fuentes cercanas indican que Maduro ofreció concesiones como participaciones en campos petroleros venezolanos para empresas de EE.UU., a cambio de reducir la presión, pero las negociaciones se estancaron al insistir Caracas en mantener el poder. Esta dualidad —amenazas militares por un lado y canales diplomáticos por el otro— refleja la estrategia de Trump de combinar coerción y diálogo, similar a su enfoque con otros adversarios.
El despliegue incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, destructores como el USS Winston S. Churchill y bombarderos B-52, posicionados en el Caribe para disuadir envíos marítimos, que Trump afirma haber reducido en un 85%. Sin embargo, expertos señalan que Venezuela no es un productor principal de cocaína, sino un punto de tránsito, y que el fentanilo, principal causa de muertes por sobredosis en EE.UU., proviene mayoritariamente de México vía rutas terrestres. El Senado estadounidense ha rechazado dos resoluciones para limitar las acciones de Trump, argumentando que operan bajo autorizaciones existentes contra el terrorismo, al designar al «Cartel de los Soles» —presuntamente liderado por Maduro— como organización terrorista.
Maduro denuncia que todo es un pretexto para un «cambio de régimen», y ha advertido de una «guerra loca» si EE.UU. invade. Mientras, la oposición venezolana ve en la presión una oportunidad para debilitar al chavismo. La escalada ha impactado la economía regional: el petróleo venezolano, vital para Caracas, enfrenta mayores sanciones, y el cierre aéreo complica el comercio en el Caribe. Analistas internacionales temen que, sin desescalada, esto derive en un conflicto mayor, con implicaciones para la estabilidad hemisférica. Por ahora, Washington insiste en que su meta es solo el narcotráfico, pero las declaraciones de Trump sugieren un enfoque más amplio.



