El Tratado de Aguas de 1944 entre México y Estados Unidos regula la distribución de las aguas de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo (conocido como Río Grande en EE.UU.), promoviendo una cooperación binacional para el uso equitativo de estos recursos hídricos. En fechas recientes, el presidente Donald Trump ha amenazado con imponer aranceles a las importaciones mexicanas, alegando incumplimientos por parte de México en las entregas de agua. Sin embargo, un análisis detallado de los términos del tratado y el estado actual de las entregas revela que no existe un atraso violatorio, sino una situación contemplada por el acuerdo debido a condiciones de sequía extrema. Aquí se demuestra, con base en datos oficiales y declaraciones de ambas partes, que México está cumpliendo con el espíritu del tratado y que las amenazas de Trump son infundadas y contrarias al mecanismo diplomático establecido.
Visión general del Tratado de 1944
El Tratado para la Utilización de las Aguas de los Ríos Colorado y Tijuana y del Río Grande, firmado en 1944, establece obligaciones mutuas para la entrega de agua. México debe entregar a Estados Unidos un promedio anual de 350,000 acre-pies (aproximadamente 432 millones de metros cúbicos) del Río Bravo, totalizando 1.75 millones de acre-pies en ciclos de cinco años. A cambio, EE.UU. entrega agua del Río Colorado a México. El tratado incluye provisiones flexibles, como la cláusula de «sequía extraordinaria», que permite diferir déficits a ciclos subsiguientes si se deben a condiciones climáticas adversas, sin constituir una violación inmediata. Esta flexibilidad ha sido clave en ciclos pasados, donde ambos países han ajustado entregas mediante minutas de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (IBWC/CILA). Históricamente, México ha compensado déficits en ciclos posteriores, demostrando compromiso con el acuerdo.
Estado actual de las entregas
El ciclo actual, que inició el 25 de octubre de 2020 y finalizó el 24 de octubre de 2025, requería que México entregara 1.75 millones de acre-pies. Según datos de la IBWC, México entregó aproximadamente 884,861 acre-pies al cierre del ciclo, lo que representa alrededor del 50.6% del total requerido.
Aunque existe un déficit aparente de más de 800,000 acre-pies, este no constituye un atraso violatorio bajo los términos del tratado, ya que se atribuye a sequías prolongadas en la cuenca del Río Bravo. De hecho, en el año calendario 2025, México entregó más agua de la requerida para ese período individual, mostrando un aumento significativo en comparación con 2023 y 2024.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha confirmado que México planea enviar más agua, pero las limitaciones incluyen almacenamiento disponible (como en las presas Amistad y Falcón, con niveles bajos) y capacidad de infraestructura, no una falta de voluntad.
Negociaciones técnicas bilaterales están en curso, con reuniones programadas para diciembre de 2025, lo que refuta cualquier noción de inacción.
El papel de la sequía en el Tratado
La cláusula de sequía extraordinaria es fundamental para entender por qué no hay un atraso injustificado. El tratado permite que déficits causados por sequías se compensen en el siguiente ciclo de cinco años, reconociendo que factores climáticos impredecibles afectan la disponibilidad de agua.
En el ciclo actual, México ha invocado esta provisión debido a una sequía histórica en el norte del país, que ha reducido el almacenamiento en presas clave a menos del 9% en Amistad y 4% en Falcón.
Funcionarios mexicanos, como el subsecretario Roberto Velasco, han enfatizado que el tratado explícitamente permite esta flexibilidad, y México ha cumplido con entregas adicionales cuando ha sido posible, como transferencias de otros afluentes.
Además, EE.UU. ha enfrentado desafíos similares en el Río Colorado, donde ha entregado menos agua en el pasado, pero acuerdos bilaterales han resuelto estos sin amenazas comerciales.
Ignorar esta cláusula equivaldría a reinterpretar unilateralmente el tratado, lo que socavaría décadas de cooperación.
Las amenazas de Trump, equivocadas
El 8 de diciembre de 2025, Trump amenazó con un arancel del 5% a las importaciones mexicanas si México no libera 200,000 acre-pies antes del 31 de diciembre, alegando daños a agricultores texanos.
Esta postura es equivocada por varias razones. Primero, ignora la cláusula de sequía, convirtiendo un asunto técnico y climático en uno político y punitivo, contrario al espíritu diplomático del tratado gestionado por la IBWC.
Segundo, México ya está en negociaciones activas con EE.UU., incluyendo reuniones con el Departamento de Estado y Agricultura, demostrando disposición a resolver el asunto sin coerción.
Tercero, amenazas arancelarias podrían escalar tensiones innecesariamente, afectando economías interdependientes, cuando el tratado proporciona mecanismos para compensaciones futuras. Trump repite una amenaza similar de abril de 2025, pero los datos muestran que México ha aumentado entregas recientemente, refutando acusaciones de incumplimiento deliberado.
En lugar de tarifas, se debería priorizar la colaboración para abordar el cambio climático, que agrava estos déficits en ambos lados de la frontera.
En resumen, no existe un atraso violatorio en las entregas de agua por parte de México bajo el Tratado de 1944, ya que el déficit actual está amparado por la provisión de sequía extraordinaria y se compensará en el próximo ciclo. Las amenazas de aranceles de Trump son equivocadas, ya que ignoran los términos flexibles del acuerdo y optan por confrontación en lugar de diplomacia. Para un futuro sostenible, ambos países deben fortalecer la cooperación binacional, invirtiendo en infraestructura y manejo climático, en vez de recurrir a medidas unilaterales que podrían dañar relaciones de largo plazo.