La licencia por tiempo indefinido que Cruz Pérez Cuéllar presentará el próximo 17 de junio no es más que el descarado formalismo de una ilegalidad largamente ensayada. Cobijado bajo el desgastado eufemismo de buscar el cargo de «defensor de la 4T» —la trampa retórica que Morena utiliza sistemáticamente para burlar la ley y adelantar las campañas—, el alcalde de Juárez pretende oficializar una precampaña que en la realidad acumula 20 meses de un burdo y cínico despliegue de recursos públicos.
Con este movimiento, Pérez Cuéllar entra de lleno a la farsa interna frente a su rival, la senadora Andrea Chávez, quien desde el 15 de abril abandonó el Senado para pavimentar su propio camino. A pesar de que la historia de las encuestas castiga al edil y de que sobre su gestión pesa una densa y justificada percepción de corrupción, analistas y observadores políticos anticipan su victoria. El pragmatismo más rancio de Morena se alista para ungirlo a p partir del 22 de junio, sin importar que su expediente esté manchado por 13 carpetas judiciales.
El éxito de esta burda maniobra política descansa en el pacto de impunidad operado desde las entrañas de las instituciones locales. Diez de esas 13 carpetas de investigación permanecen congeladas, sepultadas bajo el total inmovilismo del fiscal anticorrupción de Chihuahua, Abelardo Valenzuela. La complicidad del fiscal no es gratuita: responde al lazo de su antigua amistad y militancia en el PAN, un compadrazgo que hoy le permite a Pérez Cuéllar caminar con total inmunidad y aspirar al poder con la complacencia de quienes simulan perseguir el delito.
La alternativa interna que ofrece Morena no es más limpia ni más honesta. Andrea Chávez, envuelta en la mentira discursiva del «relevo generacional», representa en realidad la clonación de los peores vicios y las mañas más arcaicas del priismo. Esa vieja escuela política del cinismo y el sectarismo le fue transmitida por ósmosis por su principal promotor y mentor, Adán Augusto López, quien hoy se ha convertido en su mayor lastre político.
Chihuahua se encamina a una elección interna nacida de la simulación. En el tablero de Morena, los «13 peros» de corrupción del alcalde juarense y la falsedad del relevo que encarna la senadora Chávez son simples variables secundarias. El partido de la presidente Sheinbaum se dispone a entregar la candidatura de Chihuahua al personaje que garantice mayor cinismo operativo y control territorial, consolidando una candidatura que no se sostendrá en la honestidad, sino en la protección judicial y la simulación democrática.
Jáuregui recuperado del desbarracamiento en la sierra
El video difundido este día por el exfiscal general de Chihuahua, César Jáuregui Moreno, marca su reaparición formal en el tablero político y confirma que ha recobrado el aliento tras semanas de “convalecencia física” y turbulencia institucional. Su regreso ocurre justo cuando la guerra de narrativas entre el gobierno federal y el estatal experimentó un giro radical, transformando lo que pretendía ser un golpe demoledor desde el centro del país en un bumerán que terminó por favorecer al exfuncionario chihuahuense.
La estridencia de las conferencias mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum intentó, durante un mes, equiparar la crisis de Sinaloa —marcada por la penetración criminal hasta la médula y la captura de diez extraditables— con el hermético desbarrancamiento en la Sierra Tarahumara, donde se especuló sobre la presunta operación de agentes de la CIA, quienes fallecieron junto con dos oficiales estatales. En el punto más álgido de la crisis, los rumores colocaban a Jáuregui en “terapia intensiva”, con motivo del accidente tras el operativo de El Pinal, interpretándose su salida de la Fiscalía General del Estado como una caída definitiva. Sin embargo, ante el evidente fracaso por nivelar el impacto de la violencia sinaloense, el discurso federal reculó, permitiendo que el exjefe del ministerio público tomara oxígeno político.
Hoy, con un semblante visiblemente recuperado, Jáuregui recurrió a los eufemismos clásicos de la retórica partidista para anunciar un despliegue territorial que, en los hechos, representa el arranque de su campaña por la candidatura del PAN a la alcaldía de Chihuahua. Los datos de las mediciones internas justifican su audacia: a pesar de las semanas de desgaste y de su renuncia al gabinete, se ha mantenido a la cabeza de las preferencias en la capital por un margen de un dígito, una posición que la parálisis de las investigaciones federales sobre el accidente serrano terminaron beneficiando.
A partir de este escenario, la verdadera incógnita en los círculos de poder no radica en la capacidad de Jáuregui para hacer campaña por tierra como militante libre, sino en las definiciones que se tomen en el Palacio de Gobierno. El dilema de sucesión para la capital del estado parece reducirse a si la gobernadora María Eugenia Campos Galván optará por heredar la plaza a la experiencia de su hermano político, César Jáuregui, o a la proyección de su hijo político, Santiago de la Peña. Si la decisión final se somete a la viabilidad electoral de las estructuras panistas, el exfiscal ha demostrado hoy que mantiene las mejores condiciones para dar la batalla.
Maru, más popular que Sheinbaum
Los datos presentados en la más reciente encuesta de la firma Rubrum confirman que la estrategia de confrontación sistemática impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum desde sus conferencias matutinas contra el gobierno de Chihuahua ha terminado por descarrilarse, provocando un efecto de resistencia regional. El electorado chihuahuense, históricamente reacio al centralismo, ha optado por blindar y galvanizar su simpatía en torno a la gobernadora María Eugenia Campos Galván, consolidando un fenómeno de identidad local frente a la presión de la federación.
Los indicadores del estudio demoscópico exponen un saldo claramente desfavorable para la narrativa del Ejecutivo federal en territorio estatal. Mientras la gobernadora Maru Campos registra un sólido índice de aprobación del 60.7 por ciento y una calificación de 7.25 en su desempeño general, la presidenta Sheinbaum apenas alcanza un 51.5 por ciento de aceptación en el estado, arrastrando una desaprobación del 48.5 por ciento. Este margen evidencia que el discurso de la mañanera, lejos de desgastar la estructura panista local, ha funcionado como un catalizador que potencia los números de la mandataria chihuahuense.
El error de cálculo del centro radicó en menospreciar el arraigo regional; ante una gobernadora que salió respondona y confrontó cada señalamiento, la base electoral de la entidad leyó la embestida como un agravio hacia el estado y no como una legítima fiscalización. El rechazo a la línea oficial de la federación se extiende incluso a la política de seguridad, donde el 65.6 por ciento exige colaboración y no el aislamiento institucional que se ha pretendido sembrar. En la antesala de la sucesión, los datos de hoy demuestran que el centralismo de Morena ha terminado por fortalecer el blindaje del panismo en su principal bastión del norte.



