El fuego amigo quema en Morena
La reciente advertencia lanzada por Ricardo Monreal en un videomensaje difundido el fin de semana puso el dedo en la llaga sobre el cochinero que se avecina en el partido guinda. Con la urgencia de destapar a los doce coordinadores estatales que faltan para el proceso de 2027, el zacatecano advirtió que la tensión y el golpeteo se desbordan en los estados sin definiciones, una parálisis que solo alimenta una guerra intestina llena de golpes bajos, descalificaciones y zancadillas entre comparsas que ya se sienten gobernadores.

El problema es que el fantasma del fuego amigo no viaja solo ni se queda en el centro del país. En Chihuahua, las réplicas de este temblor político ya sacuden los chats de la militancia con volantes digitales que destapan cloacas y avivan la resistencia de las bases doctrinales. La consigna que circula de celular en celular es directa y sin anestesia: si la dirigencia nacional se encapricha con dados cargados hacia perfiles como el de Cruz Pérez Cuéllar, el movimiento en tierras chihuahuenses corre el riesgo de perder el rumbo y naufragar frente a la simulación. Así Monreal Ávila, refleja la preocupación por su ahijado político el alcalde juarense con licencia.
Detrás de esta ofensiva digital y de los obuses que diario recibe el alcalde juarense se encuentra la mano y la estructura de los simpatizantes de Andrea Chávez. La disputa campal por la nominación rumbo a 2027 ha polarizado al partido entre estos dos bandos, convirtiendo los chats internos en un campo de batalla donde los afines a la senadora operan para descarrilar al contrincante antes de que la encuesta definitiva abra las cartas.
La base fundadora del partido no traga entero y observa con recelo cómo los acuerdos de cúpula y los caprichos unilaterales pretenden imponer a quienes ya operan bajo sospecha de favoritismo. Los carteles improvisados que inundan las redes internas reflejan el hartazgo de una militancia que se niega a aplaudir imposiciones disfrazadas de unidad. Reclaman que la línea vertical y el dedazo desde arriba solo sirven para saquear las expectativas del obradorismo en la región, fracturando la confianza de quienes caminaron las calles mucho antes de que el poder se volviera atractivo.
Monreal sabe perfectamente lo que dice porque conoce las entrañas del sistema y huele el miedo a la fractura. Cuando urge a sacar las cartas a la luz es porque comprende que la ambición desmedida de algunos aspirantes puede dinamitar los cimientos territoriales antes de que arranque formalmente la contienda constitucional. En Chihuahua, el choque entre los grupos locales y la sombra de los acuerdos cupulares mantiene el ambiente espeso, donde cada aspirante vigila los flancos y dispara contra el compañero de al lado con tal de asegurar la ansiada nominación.
Al final del día, el dilema que enfrenta la dirigencia nacional no es menor. Si insisten en cerrar los ojos ante la resistencia local y deciden planchar candidaturas desde escritorios lejanos, el resultado será un partido fracturado y a la defensiva. La advertencia está sobre la mesa y los chats partidistas ya respondieron: en el norte no hay cheques en blanco para nadie, y la factura de la imposición podría cobrarse muy cara en las urnas.
El fantasma del PRD y el espejo retrovisor
La gobernadora Maru Campos se lava las manos cuando le preguntan de alianzas y manda la pelota a la cancha de la dirigente estatal del PAN, Daniela Álvarez, asegurando que esos temas ya no le corresponden a ella. Pero ver el tablero político a través del espejo retrovisor no sirve de mucho cuando las reglas del juego ya cambiaron.
La mandataria presumió que en 2021 ganó la gubernatura acompañada únicamente del PRD. El gran problema de ese argumento es que el PRD ya está sepultado y no existe, por lo que usarlo como ejemplo hoy resulta totalmente impertinente.
Quien lleva mano en la realidad política de Chihuahua ya no es la gobernadora, pues su protagonismo electoral se apaga. El verdadero interesado y operador del futuro es Marco Bonilla Mendoza. El alcalde de la capital no vive de nostalgias ni de purismos estériles: ha dicho fuerte y claro que quiere un frente amplio, porque sabe perfectamente que para enfrentar al oficialismo se necesita sumar con todo.
Aritméticamente, el mapa no ofrece opciones mágicas. Movimiento Ciudadano va por su cuenta, el PT y el Verde son los eternos satélites de Morena, y los nuevos partidos locales, como SOMOS y PAZ, tienen prohibido ir en coalición por ley. En este tablero, el único aliado real y disponible que queda es el PRI.
Para fortuna de quienes buscan construir un bloque fuerte, la dirigencia nacional ya dio luz verde. Hace apenas unos días, Jorge Romero confirmó que las realidades regionales serán las que manden y dicten las posibles alianzas. La venia del centro ya está dada; lo único que falta es dejarse de rodeos, ponerse a platicar y que la dirigencia de Daniela Álvarez asuma con pragmatismo el reto. Si algunos quieren seguir gobernando con los ojos fijos en el espejo retrovisor, el tren de la realidad política los va a atropellar.
Fuego amigo en Palacio
Hay sacudidas que no buscan corregir el rumbo, sino acomodar las fichas del tablero sucesorio. El reciente estirón de orejas que la gobernadora Maru Campos le dio a la Fiscalía General del Estado no fue un simple reclamo burocrático, sino un mensaje con dedicatoria muy clara para quienes sueñan con despachar en la alcaldía de Chihuahua. Cuando desde el poder se exhibe una simulación de este tamaño, los muebles terminan por crujir y los proyectiles rozan directamente a quienes van dirigidos.
La mandataria estatal soltó una verdad que dejó al descubierto el tamaño del boquete operativo y la simulación que imperaba en la dependencia. Con absoluta franqueza, la jefa del Ejecutivo destapó la cloaca de la desatención institucional:
Hay que decirlo, una desagradable sorpresa… teníamos el conocimiento de un colectivo de madres de desaparecidos y se nos decía que todo estaba bien, que estaban en pláticas con estos colectivos y finalmente hace más de un mes nos dimos cuenta que no había tal trabajo por parte de la Fiscalía General del Estado, entonces, ya nos echamos a andar otro grupo de funcionarios y ya estamos en contacto con los colectivos. Se planteo específicamente el apoyo económico por lo pronto a 450 familias; ya le estamos dando apoyo psicológico, alimentario, y de otro tipo para 450 familias.
Exponer de esta manera tan cruda el abandono a las familias de desaparecidos y la mentira sistemática que se cocinaba al interior de la FGE es, en el fondo, una censura disimulada a la gestión y a la herencia operativa que dejó César Jáuregui. Durante su paso por la procuración de justicia, el discurso oficial siempre fue que el diálogo marchaba sobre ruedas y que los colectivos eran atendidos con eficacia. Hoy, la propia gobernadora tira por la borda esa versión oficial y acepta que todo era una fantasía de escritorio, obligando a Palacio a improvisar un rescate con funcionarios propios para auxiliar a 450 familias con despensas, dinero y psicología, mientras la fiscalía miraba hacia otro lado.
El trasfondo de este manotazo político tiene una lectura más amplia en la grilla local rumbo al 2027. En la carrera por la codiciada presidencia municipal de Chihuahua, las simpatías reales del círculo de mayor confianza de la gobernadora no apuntan precisamente hacia Jáuregui, sino que corren abiertamente a favor de Santiago de la Peña.
Debilitar políticamente a la estructura de la FGE con un tema tan sensible no es un error de cálculo; es un filtro natural para sacudir a la competencia incómoda. Al dejar al descubierto la incapacidad y la simulación de quienes operaban bajo esa tutela, se limpia el camino y se restan bonos a los proyectos que apostaban por la inercia del pasado. En la política de Chihuahua, los regaños públicos rara vez son gratuitos y las crisis siempre se aprovechan para reacomodar el inventario.



