Ciudad de México.- La declaración de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, durante su visita a México el 3 de septiembre, refleja un intento de destacar una cooperación bilateral sin precedentes entre ambos países, enfocada principalmente en la lucha contra el crimen organizado transnacional. Sin embargo, las afirmaciones de Rubio y las dinámicas de la reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum y el canciller Juan Ramón de la Fuente también revelan tensiones subyacentes y contradicciones en la relación México-Estados Unidos, especialmente en el contexto de la narrativa política de Trump.
La visita de Rubio a México marca su primera aparición oficial en el país como secretario de Estado, en un momento en que la administración de Trump busca reforzar su agenda de seguridad fronteriza, control migratorio y combate al narcotráfico. México, bajo el liderazgo de Claudia Sheinbaum, quien asumió la presidencia en octubre de 2024, ha mantenido una postura de soberanía nacional y cooperación bilateral, pero con límites claros frente a las presiones de Estados Unidos. La relación entre ambos países ha sido históricamente compleja, marcada por la dependencia económica, las tensiones migratorias y las acusaciones mutuas sobre el tráfico de drogas y armas.
Rubio, conocido por su postura conservadora y su alineación con las políticas de línea dura de Trump, ha sido una figura clave en la promoción de acuerdos regionales para frenar la migración y combatir el crimen organizado. Su visita a México, sin embargo, llega después de una gira por Centroamérica en febrero de 2025, donde logró acuerdos con países como El Salvador para utilizar instalaciones como la megacárcel de Nayib Bukele para presos estadounidenses y migrantes. La exclusión de México en esa gira inicial sugiere que el país ha sido un desafío mayor para la administración Trump, posiblemente debido a la resistencia de Sheinbaum a aceptar intervenciones directas de Estados Unidos.
Detalles de la cooperación anunciada
Durante la reunión en Palacio Nacional y la posterior conferencia de prensa en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Rubio y De la Fuente anunciaron la creación de un «grupo de alto nivel» para abordar de manera conjunta las siguientes prioridades:
- Desmantelar el crimen organizado transnacional: Esto incluye acciones contra los cárteles de la droga, con énfasis en el tráfico de fentanilo, un tema prioritario para Estados Unidos debido a la crisis de opioides en su territorio.
- Fortalecer la seguridad fronteriza: Se busca mejorar las inspecciones y reducir los flujos migratorios indocumentados, un tema políticamente sensible para la administración Trump.
- Eliminar túneles fronterizos clandestinos: Estos son utilizados por los cárteles para el tráfico de drogas, armas y personas.
- Combatir flujos financieros ilícitos: Esto implica rastrear el lavado de dinero y las redes financieras que sostienen a las organizaciones criminales.
- Prevenir el robo de combustible: Conocido como «huachicoleo» en México, este delito ha sido un desafío persistente para el gobierno mexicano.
- Incrementar inspecciones, investigaciones y procesos judiciales: Para detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos y de armas hacia México.
Rubio destacó la entrega de 55 capos mexicanos a cárceles estadounidenses en dos operaciones (29 en febrero y 26 en agosto de 2025) como un ejemplo del nivel de cooperación alcanzado. Estas extradiciones, descritas como «sumamente difíciles», involucraron incluso el uso de aviones mexicanos para trasladar a los narcotraficantes, lo que subraya la participación activa del gobierno mexicano. Sin embargo, Rubio fue cauteloso al no revelar detalles operativos, argumentando que los narcotraficantes podrían aprovechar esa información.
Por su parte, De la Fuente resaltó los resultados de esta colaboración, incluyendo una reducción del 90% en los arrestos de migrantes en la frontera, lo que refleja un mayor control migratorio por parte de México; decomisos históricos de fentanilo, un logro que el gobierno mexicano ha destacado como parte de su estrategia antidrogas; una caída del 32% en delitos de alto impacto en México, según datos presentados por Sheinbaum en su primer informe de gobierno.
Contradicciones y tensiones
A pesar de las declaraciones optimistas, la relación bilateral no está exenta de fricciones. La narrativa de Rubio sobre una «cooperación histórica» contrasta con las recientes declaraciones de Trump, quien ha insistido en que México está «dirigido por cárteles» y que Sheinbaum está «asustada» para aceptar ayuda militar estadounidense. Estas afirmaciones, que Trump ha repetido periódicamente, buscan justificar la propuesta de intervenciones militares directas en México, una idea que ha sido categóricamente rechazada por el gobierno mexicano.
Un ejemplo reciente de estas tensiones fue el incidente con la DEA, cuando la agencia anunció un supuesto programa conjunto llamado Operativo Portero para la frontera suroeste, que Sheinbaum desmintió públicamente, afirmando que no existía tal acuerdo. Esta discrepancia pone en evidencia una falta de coordinación o comunicación entre las agencias estadounidenses y el gobierno mexicano, lo que podría socavar la confianza mutua.

Además, la insistencia de Rubio en que «queda mucho por hacer» sugiere que, desde la perspectiva de Estados Unidos, los avances no son suficientes. Esto podría interpretarse como una presión implícita para que México acepte medidas más agresivas, como una mayor presencia de agencias estadounidenses en territorio mexicano o incluso intervenciones directas, algo que México ha rechazado históricamente en defensa de su soberanía.
Implicaciones y perspectivas
La creación del «grupo de alto nivel» representa un esfuerzo por institucionalizar la cooperación bilateral en temas de seguridad, pero su éxito dependerá de varios factores, como la transparencia y composición del grupo: La falta de detalles sobre los profesionales que lo integrarán y las operaciones específicas que llevarán a cabo genera incertidumbre. La ambigüedad podría ser intencional para proteger la seguridad operativa, pero también podría reflejar una falta de claridad en los objetivos o una negociación aún en curso. Respeto a la soberanía mexicana: México ha enfatizado que cualquier cooperación debe respetar su soberanía. Esto implica que cualquier intervención directa de Estados Unidos, como la presencia de fuerzas armadas, será un punto de conflicto.
De la Fuente prometió que los resultados del grupo se darán a conocer en los próximos meses, pero la presión política en ambos países podría complicar la implementación de medidas efectivas. En Estados Unidos, la crisis del fentanilo es un tema electoral clave, mientras que en México, la lucha contra el crimen organizado está vinculada a la percepción de la efectividad del gobierno de Sheinbaum.
La visita de Rubio a México se enmarca en una estrategia más amplia de Estados Unidos para contrarrestar la influencia china en América Latina y frenar la migración indocumentada. Los acuerdos con Centroamérica, como el uso de la megacárcel de El Salvador, indican que Estados Unidos está buscando aliados regionales dispuestos a aceptar medidas más drásticas, algo que México, por su posición geopolítica y su historia, podría resistir.
La visita de Marco Rubio a México y las declaraciones conjuntas con Juan Ramón de la Fuente reflejan un intento de ambos gobiernos por proyectar una imagen de cooperación sólida en temas de seguridad y migración. Sin embargo, las tensiones subyacentes, como las declaraciones de Trump y los desencuentros con agencias como la DEA, muestran que la relación bilateral sigue siendo frágil. El éxito del «grupo de alto nivel» dependerá de la capacidad de ambos países para alinear sus prioridades, respetar la soberanía mexicana y lograr resultados tangibles en un contexto político complejo. Mientras tanto, las narrativas de ambos lados —la cooperación histórica destacada por Rubio y la defensa de la soberanía por parte de México— seguirán moldeando esta dinámica bilateral.



