El Paso, Texas.- La presencia de cinco vehículos blindados Stryker en la frontera entre El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, México, marca un nuevo capítulo en la estrategia de seguridad fronteriza impulsada por la administración de Donald Trump. Este despliegue, que forma parte de las medidas de la Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, busca reforzar la vigilancia en puntos clave del muro fronterizo para frenar el tráfico de drogas y personas.
El despliegue de los vehículos Stryker en la frontera entre El Paso, Texas, y Ciudad Juárez, Chihuahua, responde a la orden ejecutiva de Donald Trump, quien, tras asumir su segundo mandato en enero, declaró una emergencia nacional en la frontera sur para intensificar las medidas contra la migración indocumentada y el narcotráfico. Los puntos específicos mencionados —puntos 3, 10 y 12 del muro fronterizo, la zona limítrofe entre Nuevo México, Texas y Chihuahua, y el Puente Córdova-Américas— son áreas estratégicas conocidas por su alta actividad de cruce de migrantes y tráfico de drogas, especialmente en el norte y noroeste de Ciudad Juárez.
Los Stryker, vehículos blindados de ocho ruedas diseñados por General Dynamics, son operados por personal del Ejército de Estados Unidos y la Guardia Nacional de Texas. Estos vehículos, capaces de transportar hasta 11 personas y alcanzar velocidades de hasta 60 millas por hora, están equipados con cámaras de largo alcance y sensores infrarrojos que permiten detectar movimientos a una distancia de hasta dos millas, incluso en la oscuridad. Aunque los Stryker desplegados en la frontera no están armados con artillería pesada, los soldados que los operan portan rifles para autodefensa, respetando las limitaciones impuestas por la Ley Posse Comitatus, que prohíbe a las fuerzas militares realizar tareas de aplicación de la ley doméstica.
Objetivos de la fuerza de tarea conjunta de la frontera sur
La Fuerza de Tarea Conjunta de la Frontera Sur, liderada por el Departamento de Defensa y el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tiene como objetivo principal «controlar cada pulgada de la frontera sur» mediante la detección, monitoreo y disuasión de actividades ilegales. Los Stryker, con su capacidad de vigilancia avanzada, apoyan a la Patrulla Fronteriza (CBP) al identificar cruces ilegales y actividades de contrabando, aunque las detenciones siguen siendo responsabilidad exclusiva de los agentes de la CBP.
El despliegue se concentra en áreas prioritarias como el sector de El Paso, donde los encuentros con migrantes han disminuido drásticamente, de 23,919 en febrero de 2024 a 2,110 en febrero de 2025, según datos de la CBP. Esta reducción se atribuye tanto a las medidas de la administración Trump como a las acciones de México, que desplegó 10,000 soldados en Ciudad Juárez y otras ciudades fronterizas bajo la Operación Frontera Norte para combatir el narcotráfico.
Construcción del muro y medidas adicionales
Paralelamente al despliegue militar, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ha impulsado la construcción de nuevos tramos del muro fronterizo, incluyendo ocho kilómetros adicionales en los condados de Starr e Hidalgo, Texas, financiados con fondos asignados en 2019. Noem también anunció que el muro será pintado de negro, una idea atribuida a Trump, con el objetivo de aumentar su temperatura bajo el sol para disuadir a los migrantes de escalarlo y prevenir la corrosión del metal. Esta medida, aunque simbólica, ha generado críticas por su costo y eficacia cuestionable, especialmente dado que la mayoría de las drogas ingresan a través de puertos de entrada legales.
Además, Noem ha propuesto la creación de más centros de procesamiento y detención de migrantes, así como la instalación de infraestructura acuática en el Río Bravo, como barreras flotantes, para reforzar la seguridad en áreas donde el muro no es viable. Estas medidas se suman a la declaración de Áreas de Defensa Nacional (NDA) en la frontera, que permiten a los soldados detener temporalmente a migrantes hasta que lleguen los agentes de la CBP, aumentando las sanciones legales por cruzar en estas zonas.
Implicaciones bilaterales
La militarización de la frontera y el despliegue de los Stryker han generado reacciones mixtas. Por un lado, autoridades mexicanas han reportado una disminución en los flujos migratorios y el tráfico de drogas, en parte debido a su propia Operación Frontera Norte. Sin embargo, las declaraciones de Trump, quien ha calificado a México como un país «dirigido por cárteles» y ha sugerido intervenciones militares directas, han generado tensiones. La negativa de México a aceptar la Operación Portero de la DEA, desmentida por Sheinbaum, refleja la sensibilidad del gobierno mexicano ante cualquier percepción de injerencia extranjera.
En Ciudad Juárez, la presencia de los Stryker es vista como una medida intimidatoria, tanto para los migrantes como para los cárteles, que han enfrentado dificultades para encontrar personas dispuestas a cruzar debido al riesgo de deportación inmediata. Sin embargo, los cárteles han adaptado sus estrategias, aumentando las tarifas por el contrabando de drogas para compensar la pérdida de ingresos por tráfico humano.
Críticas y controversias
El despliegue de los Stryker y la militarización de la frontera han sido criticados como un exceso y un espectáculo político. Organizaciones de derechos humanos y algunos legisladores demócratas han calificado estas medidas como costosas e innecesarias, especialmente dado el descenso en los cruces migratorios desde mediados de 2024. En El Paso, residentes y activistas han expresado preocupación por la deshumanización de los migrantes y el impacto visual de los vehículos blindados, que convierten la frontera en una «zona de guerra».
Además, la designación de Áreas de Defensa Nacional ha generado controversias legales. Jueces en Texas y Nuevo México han desestimado cargos de allanamiento contra migrantes atrapados en estas zonas, argumentando que no había evidencia de que vieran las señales de advertencia. Asimismo, el uso de bases militares como Fort Bliss para detener migrantes ha sido cuestionado por su legalidad y por el impacto en la preparación militar.
El despliegue de cinco vehículos Stryker en la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, junto con la construcción de nuevos tramos del muro y la implementación de medidas como las Áreas de Defensa Nacional, refleja la estrategia de la administración Trump para proyectar una postura de mano dura contra la migración indocumentada y el narcotráfico. Aunque los datos muestran una reducción significativa en los cruces ilegales, las tensiones con México, las críticas por el costo y la percepción de militarización excesiva plantean desafíos para la sostenibilidad de estas políticas. La cooperación bilateral, como la destacada por Marco Rubio en su visita a México, será clave para equilibrar la seguridad con el respeto a la soberanía de ambos países, pero las declaraciones contradictorias de Trump y las discrepancias con agencias como la DEA podrían complicar este esfuerzo.



