Radiografía de una jugada al límite y el terremoto en Chihuahua
El tablero político nacional de Morena rumbo a las renovaciones de 2027 ha terminado por sacudir las estructuras internas del partido en el poder tras la definición de las 17 candidaturas a las gubernaturas. Este proceso, marcado por intensas negociaciones cupulares, ha dejado una estela de sorpresas mayúsculas, enroques quirúrgicos desde el Senado y fracturas de pronóstico reservado en diversas entidades federativas. En el último paquete de siete destapes, la lógica de las encuestas y la competitividad territorial chocaron frontalmente con los acuerdos políticos, los caprichos regionales y la protección de personajes con flancos sumamente vulnerables, configurando un escenario donde la simulación y el pragmatismo terminaron por imponerse en los momentos más críticos.
El bulto electoral en San Luis Potosí
El caso más estridente de imposición sin filtros ni disimulo ocurrió en San Luis Potosí, donde la dirigencia le colocó un auténtico bulto enfrente al Partido Verde al ungir a Elí César Cervantes Rojas como abanderado. Lo verdaderamente escandaloso de este nombramiento es que el susodicho ni siquiera había sido medido por las casas encuestadoras ni figuraba en las quinielas de la carrera sucesoria; sencillamente no estaba en el mapa de la competencia.
Para los analistas locales y al interior del movimiento, es completamente claro que sacaron de la jugada a Carlos Arreola por el simple hecho de resultar demasiado competitivo. El plan real de la cúpula morenista consistió en planchar el terreno para respetar puntualmente los deseos del gobernador Ricardo Gallardo, garantizando de esta forma una continuidad familiar a través de su esposa, Ruth González, un movimiento que desnuda cómo las siglas del cambio a menudo se subordinan a los cotos de poder local.
Sorpresas en Nuevo León y cuentas alegres en Nayarit
Las sorpresas no se detuvieron en tierras potosinas. En Nuevo León el escenario también dio un vuelco inesperado, ya que el perfil medido como más competitivo era Waldo Fernández, mientras que la apuesta recayó en Clara Luz Flores, a pesar de haber cargado a cuestas con una derrota estrepitosa hace seis años que la dejó disminuida en el ánimo del electorado regiomontano.
Por su parte, en Nayarit se optó por desechar de tajo a los perfiles punteros y altamente competitivos como Geraldine Ponce y Héctor Santana. A este último lo eliminaron bajo el argumento oficial de la cuestión de género, una coartada que no se sostiene por ningún lado si se analiza el balance global de la contienda: en total fueron diez las mujeres postuladas por el partido, cuando lo más cercano a una paridad estricta habría sido postular a nueve mujeres y ocho hombres.
En contraste con estos enroques forzados y matemáticamente cuestionables, la congruencia brilló únicamente donde los números eran tan aplastantes que no dejaban margen para el manoseo cupular: en Tlaxcala se respetó a la competitiva Ana Lilia Rivera Rivera, y en Sonora hicieron exactamente lo propio con la aspirante más competitiva, Lorenia Valles, demostrando que la regla de la encuesta solo se aplica cuando el centro no tiene un acuerdo político que imponer. En Baja California Sur, Manuel Cota, hijo del ex gobernador Leonel Cota, conjugaba bien la competitividad y los intereses del partido Verde.
El polvorín chihuahuense: la decisión más difícil
De entre todas las entidades evaluadas, Chihuahua representaba sin discusión el estado internamente más competitivo y una auténtica bomba de tiempo; cualquier decisión que adoptara la dirigencia nacional tendría como resultado inexorable una fractura profunda. Según los trascendidos que circulan en los círculos del poder, esta fue la decisión más difícil y desgastante para el centro, pues involucraba el relevo generacional que el propio Andrés Manuel López Obrador presumió con orgullo en una de sus conferencias mañaneras: Andrea Chávez.
La joven legisladora contó siempre con el respaldo político del todavía poderoso senador Adán Augusto López, convirtiéndose en el rostro de una nueva generación de políticos formados al amparo de la autodenominada Cuarta Transformación. Sin embargo, el choque de fuerzas y los equilibrios cupulares terminaron por descarrilar sus aspiraciones, abriendo un boquete de inconformidad cuyas repercusiones aún están por verse.
La ruptura con el PT y el lapsus de Arturo Escobar
Un dato por demás interesante que evidencia el nivel de tensión generado en Chihuahua es que el Partido del Trabajo (PT) decidió no participar en los destapes federales y locales tras haberse decantado abierta y firmemente por Andrea Chávez. De hecho, sólo asistió y entre el público, Lilia Aguilar la diputada chihuahuense ostenta la calidad de miembro distinguido del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del propio PT, lo que convirtió su marginación en una afrenta directa para sus aliados históricos.
En medio de este crispado ambiente político, no pasó desapercibido un detalle chusco que desató burlas en los corrillos legislativos: Arturo Escobar demostró una vez más que desconoce totalmente a Cruz Pérez Cuéllar, ya que insiste recurrentemente en adjudicarle de manera errónea el apellido López. No es la primera vez que comete esta pifia, lo que refleja el profundo desinterés o la absoluta lejanía que las élites capitalinas tienen respecto a los liderazgos reales de las regiones.
Competitividad frente a control corporativo
Al hacer un balance de los últimos destapes, queda claro que la dirigencia aplicó varas distintas según la plaza. Mientras en Tlaxcala, Sonora y Baja California se respetó la competitividad orgánica de sus cuadros, en el reñido caso de Chihuahua la lógica se subvirtió por completo. A Andrea se le cerró la puerta a pesar de que el apoyo de los chihuahuenses hacia su persona es de carácter genuinamente orgánico y territorial.
En contraste, se optó por la postulación de Cruz Pérez Cuéllar basándose en su probada capacidad de acarreo de empleados municipales, un mecanismo tradicional de movilización que le permite mostrar un control territorial artificial. Este uso abierto de la estructura de gobierno municipal fue precisamente el gran argumento esgrimido por la cúpula para soterrar a la verdadera ganadora de las encuestas, anteponiendo la maquinaria burocrática al fervor ciudadano.
El cuarto de guerra de enfrente celebra a Cruz
Curiosamente, la designación de Cruz Pérez Cuéllar cayó de maravilla en el equipo del virtual candidato panista Marco Bonilla y al interior de su cuarto de guerra, donde los estrategas opositores cruzaban los dedos para que fuera precisamente él el abanderado de Morena. Los adversarios políticos prefieren enfrente a Cruz debido a sus numerosos y ostensibles flancos débiles, los cuales representan un blanco fácil para la artillería electoral.
Entre los pasivos más pesados que arrastra el candidato se encuentran las 14 carpetas abiertas por presuntos casos de corrupción, sus presuntos y documentados vínculos con el huachicolero recién detenido Carlos Alberto Velázquez Nieto, así como los 48 señalamientos acumulados en su trayectoria por actos de «corrupción de alta gama». Lejos de limar asperezas, no es de extrañar que en su discurso inaugural de ungido, Cruz haya decidido con énfasis dedicar su tiempo a golpear con dureza a la gobernadora Maru Campos, armado con un discurso bien documentado pero que abre flancos de confrontación frontal. Que incluyó un abierto guiño a la respuesta de Sheinbaum al discurso de Trump ante la ONU.
El consuelo de la alcaldía de Juárez y la presión del círculo íntimo
Para intentar apagar el fuego de la rebelión interna y contener la profunda inconformidad generada por su exclusión de la contienda gubernamental, los trascendidos apuntan a que la dirigencia intentó aplicar una válvula de escape ofreciéndole la codiciada alcaldía de Juárez a Andrea Chávez.
No obstante, esta propuesta ha generado un intenso forcejeo político, ya que la legisladora ha sido fuertemente presionada por su círculo íntimo para aceptar o rechazar el cargo de consolación, en medio de un dilema donde se sopesa la lealtad al movimiento frente a la dignidad política. De este modo, el proceso de Morena en Chihuahua cierra con una candidatura cuestionada por sus nexos y carpetas de investigación, con un partido fracturado en su base orgánica y con una militancia que observa cómo los acuerdos de cúpula terminaron por pisotear el mandato de las calles.



