Ciudad de México.- La elección de Fátima Bosch como la nueva Miss Universo 2025, celebrada en Tailandia, ha desatado una tormenta de acusaciones que van desde presunto fraude hasta conflictos de interés con el gobierno mexicano. La tabasqueña de veinticinco años, quien representaba a México, levantó la corona en medio de aplausos iniciales, pero las críticas no tardaron en multiplicarse en redes sociales y declaraciones de exjueces del certamen. Lo que parecía un triunfo histórico para el país se ha convertido en un escándalo que cuestiona la transparencia de la organización internacional.
Antes de pisar la pasarela final, Bosch ya protagonizaba un episodio que dividió opiniones durante la ceremonia de imposición de bandas en Bangkok. Nawat Itsaragrisil, presidente del comité organizador de Miss Universo Tailandia y también al frente de Miss Grand International, la increpó públicamente al llamarla tonta por pedir autorización para publicar contenido en redes sociales. La concursante mexicana no se quedó callada y exigió respeto, abandonando el salón entre murmullos de apoyo de sus compañeras. Acusó al directivo de agresión verbal, un incidente que rápidamente se viralizó y generó respaldo inmediato de la audiencia en vivo.
El suceso no solo expuso tensiones internas, sino que reveló grietas en la franquicia mexicana. Martha Cristiana, exdirectora nacional de Miss Universo México, salió en defensa de Bosch a través de un mensaje en Instagram, donde denunció los malos tratos sistemáticos bajo la gestión de Jorge Figueroa, actual responsable del certamen en el país. Cristiana, quien renunció apenas ocho semanas después de asumir el cargo en junio de 2024, criticó la falta de equidad e inclusión, citando rechazos a candidatas por edad o identidad de género. Figueroa, por su parte, ha sido blanco de ataques similares de otras exreinas, como Cynthia de la Vega, quien lo acusa de dañar el prestigio de la organización y provocar pérdidas de empleos. Este telón de fondo de disputas locales se entretejió con el triunfo de Bosch, amplificando las sospechas de favoritismos.
La presidenta Claudia Sheinbaum también intervino en el momento, manifestando su solidaridad con la concursante y condenando el trato recibido. Este apoyo oficial, aunque breve, alimentó especulaciones sobre posibles influencias políticas en el desarrollo del concurso, especialmente en un contexto donde México busca proyectar una imagen de empoderamiento femenino en el ámbito internacional.
Renuncias de jueces y denuncias de manipulación
La coronación de Bosch, anunciada el pasado fin de semana, no calmó las aguas, sino que las agitó con mayor fuerza. Tres jueces del panel abandonaron sus puestos de manera abrupta, y uno de ellos, el empresario libanés Omar Harfouch, lanzó acusaciones directas de fraude. En una declaración que circuló ampliamente, Harfouch afirmó que la selección de finalistas fue intervenida por personas ajenas al jurado, y que el resultado ya estaba predeterminado mucho antes de la votación. Según él, el proceso perdió toda credibilidad al priorizar agendas externas sobre el mérito de las participantes.
Otras candidatas no ocultaron su frustración. Nadie Mejía-Webb, representante de Ecuador, expresó públicamente su dolor y decepción por los resultados, sin entrar en detalles específicos pero dejando entrever una insatisfacción colectiva. Sanly Liuu, de Indonesia, fue más explícita al agradecer a Harfouch por destapar lo que describió como irregularidades detrás de escena. Incluso Brigitta Schaback, delegada de Estonia, decidió renunciar a su título nacional por desacuerdos con la dirección local de Miss Universo, aunque evitó ligarlo directamente al caso de Bosch. Estas voces, sumadas a un descontento generalizado en Tailandia —país anfitrión—, han convertido el evento en un foco de debate sobre la equidad en certámenes de belleza globales.
Raúl Rocha Cantú, presidente de la Organización Miss Universo y compatriota de la ganadora, se pronunció en contra de la actitud de Itsaragrisil durante el incidente de las bandas, pero su posición se vio debilitada por las revelaciones posteriores. Harfouch no dudó en señalarlo como parte del problema, alegando que Rocha priorizó intereses personales en detrimento de la imparcialidad.
Vínculos con Pemex y el gobierno avivan sospechas
El núcleo más explosivo de la controversia radica en los presuntos lazos entre la familia de Bosch y figuras clave de la organización. Bernardo Bosch Hernández, padre de la Miss Universo, mantiene negocios con Rocha Cantú a través de contratos millonarios. En particular, se menciona un acuerdo entre Pemex —la petrolera estatal mexicana— y la empresa PJP4, propiedad de Rocha, por un monto de setecientos cuarenta y cinco millones de pesos. Este nexo, denunciado como conflicto de interés flagrante, ha sido interpretado por críticos como una maniobra para «morenizar» el certamen, en alusión a la influencia de la Cuarta Transformación, el proyecto político impulsado por el gobierno federal.
Pemex emitió un comunicado d



