Caracas, Venezuela.– El presidente Nicolás Maduro ha intensificado sus medidas de seguridad personal en respuesta a la creciente tensión con Estados Unidos, incluyendo cambios frecuentes en su lugar de descanso y dispositivos móviles, según fuentes cercanas al gobierno. Esta paranoia se ha agudizado desde septiembre, coincidiendo con el despliegue de buques de guerra estadounidenses en el Caribe para interceptar presuntos narcotraficantes venezolanos, como reportó The New York Times.
Fuentes anónimas, temiendo represalias, describen un círculo íntimo envuelto en ansiedad, aunque Maduro confía en mantener el control tras 12 años en el poder. Para mitigar riesgos de traición, ha ampliado el rol de guardaespaldas y agentes de contraespionaje cubanos en su equipo y el ejército venezolano. En público, proyecta despreocupación: aparece en eventos sorpresa, baila y publica en TikTok, restando importancia a las amenazas de Washington.
El gobierno de Donald Trump, en su segundo mandato hasta 2029, acusa a Maduro de liderar un «cártel narcoterrorista» que inunda EE.UU. con drogas. Recientemente, EE.UU. designó al «Cartel de los Soles» como organización terrorista, escalando la presión por un cambio de régimen. Trump ha autorizado acciones encubiertas de la CIA y amenazado con cerrar el espacio aéreo venezolano, lo que Maduro rechazó como «amenaza colonial».
Maduro, de 63 años, ha sobrevivido crisis económicas, protestas y complots desde 2013, tras suceder a Hugo Chávez. Ignoró su derrota electoral en 2024 por amplio margen, desmantelando instituciones democráticas y reprimiendo oposición. En septiembre, firmó un decreto otorgando poderes de seguridad especiales ante una posible invasión. Conversaciones con enviados de Trump sobre su salida pacífica fallaron, llevando a mayor confrontación.
Venezuela también prohibió seis aerolíneas internacionales amid tensiones, mientras aliados como Irán critican a EE.UU. por socavar la seguridad global. Maduro se dirige diariamente al público, priorizando apariciones espontáneas. «No a la guerra, sí a la paz», proclama, pero expertos ven su legitimidad erosionada, con el PIB per cápita caído 70%. Su instinto político, forjado en sindicatos, le permite tejer alianzas, pero la crisis de legitimidad persiste.



