Presentado el 30 de noviembre de 2025 a través de un video en redes sociales desde la tranquilidad de su retiro en Palenque, Chiapas, Grandeza marca el regreso literario de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ex presidente de México (2018-2024). Rodeado de aves en su jardín, el autor enfatiza su jubilación voluntaria y su deseo de no opacar a la presidenta Claudia Sheinbaum, pero el libro mismo desmiente esa modestia. Editado por Planeta, este primer volumen de una proyectada colección sobre el “humanismo mexicano” se centra en la civilización prehispánica, reivindicando a los pueblos originarios como base de una identidad nacional “negada” por la historia oficial. Sin embargo, más que un ensayo histórico riguroso, Grandeza es un manifiesto ideológico que proyecta la visión maniquea de AMLO sobre el pasado para legitimar su legado presente, sacrificando complejidad por propaganda.
El núcleo de Grandeza es una exaltación de la “grandeza de México” anterior a la conquista española, un tema que AMLO retoma de su anterior obra La primera memoria (2024), pero ahora con mayor énfasis en el “humanismo mexicano”. Describe sociedades mesoamericanas como modelos de armonía social, conocimiento astronómico y valores éticos, contrastándolos con los “horrores” de la Conquista: esclavitud, mutilaciones y genocidio cultural. Recomienda explícitamente el libro a los españoles para que confronten estos pecados coloniales, evocando su fallida carta de 2019 exigiendo disculpas reales.
Esta narrativa es poderosa en su indignación moral, pero peca de esencialismo romántico. AMLO idealiza imperios como el azteca, omitiendo sus propias violencias internas –sacrificios humanos masivos, guerras floridas y desigualdades de clase– que historiadores como Bernardino de Sahagún o modernos como Camilla Townsend han documentado exhaustivamente. Al presentar a los indígenas como un bloque monolítico de sabiduría, el texto ignora la diversidad étnica y lingüística de Mesoamérica, reduciéndola a un mito fundacional para su 4T. Es una historia escrita no para educar, sino para herir: un revanchismo simbólico que, en 2025, con España aún sin disculparse, parece más catarsis personal que avance intelectual.
El humanismo mexicano como eco del lopezobradorismo
AMLO define el “humanismo mexicano” como un legado prehispánico de austeridad, solidaridad y rechazo al materialismo, valores que –no casualmente– reflejan su propia “austeridad republicana” y “hermanos” en las mañaneras. El libro posiciona esta tradición como antídoto al neoliberalismo, conectando Tenochtitlán con el Zócalo de 2018. Sin embargo, esta proyección anacrónica revela las limitaciones del pensamiento del autor: el humanismo prehispánico era profundamente ritual y teocrático, no laico ni democrático como lo pinta.
Críticamente, Grandeza sirve de puente entre el pasado y el futuro de Morena. Al publicarse justo cuando Sheinbaum enfrenta los primeros retos de su sexenio –como la desaceleración económica post-pandemia y tensiones con EU por migración–, el texto refuerza la continuidad ideológica, pero también subraya la ausencia de AMLO en el poder. Su elección de un lanzamiento virtual, “para no hacerle sombra”, es un gesto de humildad fingida; el libro grita su ser indispensable, convirtiendo el retiro en una pausa estratégica.
Omisiones y sombras en la narrativa histórica
Uno de los fallos más graves de Grandeza es su silencio sobre el mestizaje y la agencia indígena post-conquista. AMLO denuncia la “civilización negada” –aludiendo a Guillermo Bonfil Batalla–, pero no explora cómo esa herencia sobrevivió y evolucionó en la Colonia, la Independencia o la Revolución. ¿Dónde quedan figuras como Sor Juana o los insurgentes indígenas de Hidalgo? El enfoque binario (pueblos originarios vs. conquistadores) simplifica una historia de resistencias híbridas, alineándose con un indigenismo estatal que, durante su gobierno, priorizó megaproyectos como el Tren Maya sobre consultas genuinas con comunidades.
Además, el libro llega en un México de 2025 donde la violencia persiste –con más de 30 mil homicidios anuales– y la desigualdad indígena permanece alarmante (según el INPI, el 70% de pueblos originarios en pobreza). Grandeza promete “reivindicar” este legado, pero no aborda cómo su sexenio, pese a becas y programas sociales, falló en desmantelar estructuras coloniales modernas como el racismo institucional o la explotación laboral en el sureste.
Grandeza es, en última instancia, un libro valioso por lo que revela: la tenacidad de AMLO en moldear la memoria colectiva, incluso desde el exilio dorado de Palenque. Su pasión por los originarios es genuina y necesaria en un país que aún debe confrontar su época colonial, pero el texto se traiciona al priorizar la fe ideológica sobre el rigor histórico. En un México que transita de la 4T a su continuación, esta obra no ilumina el pasado para guiar el futuro; más bien, lo instrumentaliza para perpetuar un culto al líder jubilado.
La verdadera grandeza histórica radica en la autocrítica y el diálogo, no en videos rodeados de pollos que predican redención unilateral. Grandeza nos recuerda que, para AMLO, la historia no es un espejo, sino un podio: un lugar desde donde seguir hablando, aunque ya no gobierne.



