Al cumplirse un aniversario más de la Batalla de El Carrizal, acontecida el 21 de junio de 1916 en el municipio de Ahumada, Chihuahua, la memoria histórica del norte de México evoca uno de los pasajes militares más significativos en la defensa de la soberanía patria, donde tropas del Ejército Constitucionalista mexicano frenaron por la vía de las armas el avance de un destacamento de la Expedición Punitiva estadounidense.
El choque armado se originó en el contexto de la incursión de la Expedición Punitiva norteamericana a territorio chihuahuense, la cual llegó a desplegar más de diez mil soldados en la entidad tras el ataque que las fuerzas de Francisco Villa perpetraron contra la población de Columbus, Nuevo México, en marzo de ese mismo año. No obstante, las instrucciones del presidente Venustiano Carranza hacia los mandos militares mexicanos fueron categóricas: no se permitiría el desplazamiento de las tropas extranjeras hacia el sur, el este o el oeste de la entidad, limitando su presencia estrictamente a la zona desértica del norte.
La tensión diplomática y militar hizo crisis cuando una columna estadounidense de aproximadamente 90 elementos, pertenecientes a las tropas C y K del Décimo Regimiento de Caballería —compuesto por soldados afroamericanos conocidos históricamente como Buffalo Soldiers— avanzó con rumbo al poblado de El Carrizal bajo el mando de los capitanes Charles Boyd y Lewis Morey, con el argumento de buscar a supuestos desertores y vigilar los movimientos villistas. En ese punto estratégico, cerca de 200 soldados constitucionales de la Quinta Brigada mexicana, comandados por el general Félix Uresti Gómez y el teniente coronel Genovevo Rivas Guillén, cerraron el paso a la columna de jinetes extranjeros, iniciando un ríspido diálogo que derivó en la advertencia mexicana de abrir fuego si se violaba la línea de contención.
Pese a la intensidad del fuego y el armamento automático del ejército norteamericano, las fuerzas constitucionales mexicanas hicieron frente a la agresión. El general Félix Gómez cayó herido de muerte en los primeros minutos del combate, asumiendo el mando el teniente coronel Rivas Guillén, quien contuvo los flancos de la caballería estadounidense hasta dispersarla y obligarla a replegarse en franca retirada.
El saldo del enfrentamiento en el terreno de juego arrojó decenas de bajas en ambos bandos, incluyendo la muerte del capitán Boyd, y la captura de más de una veintena de soldados norteamericanos que fueron trasladados temporalmente como prisioneros a la fronteriza Ciudad Juárez. Este desenlace militar obligó al gobierno de la Casa Blanca a reconsiderar la viabilidad de la Expedición Punitiva, abriendo las mesas de negociación diplomática que concluyeron con la retirada total de las tropas de Estados Unidos a principios de 1917, sin haber logrado el objetivo de capturar a Francisco Villa.
Historiadores y cronistas regionales coinciden en que la Batalla de El Carrizal representa un hito en la diplomacia mexicana, pues demostró la determinación del gobierno carrancista por hacer respetar la integridad territorial de la República por encima de las facciones internas de la Revolución, consolidando este paraje chihuahuense como un altar de la dignidad y la resistencia militar del país.



