Teherán, Irán. — Miles de iraníes volvieron a tomar las calles la noche del viernes en lo que constituye el mayor estallido de protestas contra la República Islámica en más de tres años. A pesar del apagón de internet impuesto por las autoridades y de una dura represión que ya deja decenas de muertos, los manifestantes recorrieron las principales avenidas de Teherán y otras ciudades gritando «¡Muerte al dictador!» en abierta desafío al liderazgo del ayatolá Alí Jamenei.
Las imágenes que circulan en redes sociales muestran vehículos calcinados y edificios en llamas en la capital, escenas que reflejan la intensidad del enfrentamiento entre la población y las fuerzas de seguridad.
La mayoría jóvenes, mantienen la presión incluso ante la amenaza de una respuesta aún más dura por parte del régimen. Desde el exilio, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán y figura destacada de la oposición, llamó este sábado a los manifestantes a dar un paso cualitativo: «El objetivo ya no es solo manifestarse en la calle, sino preparar la toma y permanencia en los centros de las ciudades», escribió en la red social X.
El líder supremo iraní, el ayatolá Jamenei, rompió su silencio este sábado a través de la televisión estatal para advertir que no se cederá «ante los saboteadores» y acusó a los manifestantes de actuar al servicio de Estados Unidos. En paralelo, el régimen apunta a una supuesta injerencia de Washington e Israel en el estallido social.
Desde Estados Unidos, la respuesta no se hizo esperar. El secretario de Estado Marco Rubio expresó apoyo explícito al «valiente pueblo de Irán», mientras que el presidente Donald Trump lanzó una advertencia directa a los líderes iraníes: «Será mejor que no empiecen a disparar porque nosotros también empezaremos a disparar».
Las protestas se producen en un momento de extrema debilidad para Teherán tras la reciente guerra con Israel, los golpes a sus aliados regionales y la reimposición de sanciones nucleares por parte de la ONU en septiembre pasado. Organizaciones de derechos humanos reportan además disparos de fuerzas de seguridad contra manifestantes en Zahedán, en la región de Sistán-Baluchistán, con un número indeterminado de víctimas.
Las imágenes de multitudes desafiantes y consignas radicales muestran que, por ahora, la furia popular parece superar el miedo a la represión.
El desenlace de esta nueva ola de protestas sigue siendo incierto, pero ha colocado nuevamente en el centro del debate internacional la pregunta sobre la sostenibilidad del actual régimen iraní.
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