Morelia, Michoacán.- En una sesión extraordinaria cargada de emoción y reclamos, el Congreso de Michoacán designó por unanimidad a Grecia Itzel Quiroz García como alcaldesa sustituta de Uruapan, viuda del edil asesinado Carlos Alberto Manzo Rodríguez. La ceremonia, realizada este 5 de noviembre, se convirtió en un homenaje al líder del «Movimiento del Sombrero», cuyo homicidio el sábado pasado desató una ola de indignación nacional e internacional por la impunidad que rodea la violencia en la región.
Vestida de negro y con el sombrero emblemático de su esposo en las manos, Quiroz, de 35 años y licenciada en Ciencias Políticas, rindió protesta ante 38 diputados que ovacionaron su nombre al unísono. «Hoy no vengo con un discurso vacío, como muchos políticos acostumbran a hacer. Hoy vengo con el corazón destrozado porque me quitaron a mi compañero de vida, a mi compañero de lucha, al padre de mis hijos», expresó con voz entrecortada, pero firme, recordando las mañanas en que Manzo se levantaba a «combatir, a alzar la voz, a gritar, a pedir auxilio por nuestro municipio, por nuestro estado de Michoacán, por nuestro México».
En su intervención, la nueva alcaldesa enfatizó que el asesinato no apagará la llama del movimiento fundado por Manzo, un independiente que desafió al crimen organizado sin pactos ni concesiones. «Hoy este legado de Carlos Manzo está más fuerte que nunca, este ‘Movimiento del Sombrero’ no lo callaron y no lo van a callar porque aquí sigo, firme, con la convicción que él me enseñó, con esa lucha incansable», sentenció, mientras los presentes colocaban una fotografía del fallecido envuelta en una bandera mexicana y dedicaban minutos de aplausos y silencio en su memoria.
Quiroz, quien fungió como presidenta honoraria del DIF municipal durante la gestión de su esposo, llamó a la ciudadanía a no decaer: «Les pido a todo el Movimiento del Sombrero, a toda la ciudadanía que está con él, que sigamos firmes, como él nos lo decía, que seamos fuertes, que sigamos unidos en esta lucha social que él encabezaba». Admitió el dolor de ver cómo la muerte de Manzo obligó a las autoridades a voltear hacia Uruapan, un municipio agobiado por la inseguridad. «Qué triste y qué desafortunadamente que tuvo que pasar esto para que voltearan a ver a Uruapan, qué triste que tuvieran que arrebatarle la vida a Carlos Manzo para que, ahora sí, quieran mandar seguridad; para que, ahora sí, quieran blindarnos», reprochó, aludiendo a las múltiples peticiones de auxilio que su esposo dirigió al gobierno federal sin respuesta.
Un alcalde sin miedo, una ejecución anunciada
Carlos Manzo, de 42 años, cayó abatido por seis balazos el 1 de noviembre, en pleno Festival de Velas por el Día de Muertos, frente a su esposa y sus dos hijos pequeños, en la plaza principal de Uruapan. El ataque, calificado por la Fiscalía michoacana como una agresión directa ligada al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se suma a una escalada de violencia que ha cobrado la vida de 10 alcaldes en la actual administración estatal y 97 desde el arranque de la Cuarta Transformación en 2018.
Manzo, conocido por su coraje y frases desafiantes contra el narco —como «no me arrodillo ante nadie»—, había alertado públicamente sobre amenazas a su vida y solicitado protección a la presidenta Claudia Sheinbaum y al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Su viuda, quien se reunió con la mandataria en Palacio Nacional horas antes de la protesta, reveló que Manzo «temía por su vida, por la de sus hijos, por mi vida, y jamás le hicieron caso». El crimen desató protestas en Michoacán y otras entidades, con marchas por la paz que cumplieron cuatro días consecutivos en Uruapan, donde el pueblo clama por estabilidad en medio del hartazgo.
La sesión legislativa, presidida por Giuliana Bugarini Torres, transcurrió entre gritos de «¡Carlos Manzo vive!» y un minuto de aplausos que resonó como un juramento colectivo. Legisladores de todas las bancadas condenaron el homicidio y elogiaron el temple de Manzo, recordando su labor por proteger a la gente de Uruapan. El diputado independiente Alejandro Bautista, del propio «Movimiento del Sombrero», lanzó un duro señalamiento: «A Carlos Manzo no lo asesinaron, ustedes dejaron que lo asesinaran. Su muerte fue una ejecución anunciada. Lo dijo, lo denunció, lo pidió, y nadie lo escuchó».
Por su parte, el priista Guillermo Valencia alertó sobre la impunidad rampante: «Mientras haya impunidad, habrá más crímenes». Los posicionamientos culminaron con el Himno Nacional, mientras diputados y simpatizantes coreaban «¡Ni un paso atrás!» y «¡No estás sola!», en alusión a Quiroz. Fuera del Congreso, el dispositivo de seguridad se reforzó ante intentos de intrusión, como la detención de un joven con droga que buscaba acceder a la ceremonia.
Tras la protesta, Quiroz reiteró su compromiso de honrar el legado de Manzo «de una manera honrada, limpia como él lo hizo en todo momento. Sus manos se fueron limpias en todos los sentidos, jamás pactó con nadie». En su reunión con Sheinbaum, la nueva alcaldesa demandó principalmente justicia, según reveló la presidenta, quien prometió acompañamiento total al municipio. Aliados como el diputado Carlos Bautista aseguraron: «No la vamos a dejar sola; le vamos a dar acompañamiento tope a donde tope. Este movimiento va a crecer».
El caso trascendió fronteras, con la condena de Estados Unidos a «toda violencia política» y el respaldo de millones en redes sociales. Quiroz cerró su juramento con una promesa solemne: «A ti, Carlos, sé que desde donde estés me darás esa fuerza para guiar a tus hijos, al pueblo de Uruapan, de Michoacán. Se los juro, se los prometo que México, Michoacán y Uruapan tienen que cambiar». El sombrero, símbolo de resistencia, ahora descansa en manos de una mujer que, entre lágrimas, se erige como guardiana de un sueño inconcluso.



