Gobernar entre el narco, la patria
El conocido observador político Leonel «Coco» Reyes Castro destapó en el chat de Meridiano 107 el tablero para la pelea por la gubernatura de Chihuahua con una premisa descarnada: en las campañas lo de menos es la verdad; lo que importa es si la narrativa es creíble y pega. Según Reyes Castro, el duelo discursivo ya está cantado bajo la fórmula de «narcopartido y narcocandidato contra vende patrias», un espejo de lo que también se vislumbra en Michoacán con fichas como la del virtual candidato del PAN y alcalde de Morelia, Alfonso Martínez, y su dilema de replicar modelos municipales en todo el estado, dice: “Quieres que el restado sea como Morelia o quieres que Morelia sea como Michoacán”
Ese calco discursivo en Chihuahua traslada el ring directamente a los resultados de las administraciones locales, planteando un choque de realidades entre las gestiones municipales de Ciudad Juárez y la capital del estado. Si la contienda se decidiera puramente bajo el criterio de la percepción ciudadana y los indicadores urbanos, la balanza favorecería claramente a Marco Bonilla, toda vez que la ciudad de Chihuahua se posiciona como la segunda con mejor calidad de vida en el país, mientras que la percepción de que Ciudad Juárez se cae a pedazos, con un centro histórico en ruinas, representa una ventaja directa y un activo contundente a favor de la gestión del propio Bonilla.
Sin embargo, como bien se advierte a simple vista, Juárez también carga con una dualidad: el contraste ya está profundamente permeado entre los juarenses que cotidianamente viajan y comparan la capital con su propia frontera. Pero el talón de Aquiles de cualquier pronóstico estético o de gestión urbana radica en la cruda pragmática electoral. Las elecciones no se ganan con encuestas de satisfacción, sino el primer domingo de junio con capacidad de movilización y estructuras capaces de defender los votos.
Ahí es donde la radiografía política de Chihuahua muestra sus costuras más frágiles para la oposición. En el proceso de 2024 quedó demostrado que el PAN en Juárez carece de fuerza territorial y operatividad: bastó ver cómo el Cuarto Distrito Federal Electoral se disparó la participación del tradicional 40 por ciento a más del 55 por ciento, catapultando al Verde Ecologista a cifras inverosímiles —97 mil simpatizantes en una sola demarcación, cuando en todo el estado apenas habían alcanzado 57 mil en 2021— ante la absoluta incapacidad panista para blindar las casillas.
Ese vacío operativo explica que Pérez Cuéllar haya salido avante en las urnas pese al escándalo de su residencia en el fraccionamiento El Campestre, apoyándose en tácticas de movilización eficaces y en los bien conocidos «riegos del PRI» y sus famosas «casas amigas» que la oposición blanquiazul simple y sencillamente no supo ni pudo contener. Para competir con ese andamiaje, el panismo chihuahuense tiene abierta la posibilidad real de aceptar de lleno la alianza con el PRI, sabiendo que los purismos ideológicos no ganan comicios.
Mientras tanto, los partidos ensayan el cinismo institucional con elegancia de alta escuela para algunos, burdamente para otros: ya le aprendieron a Morena el caminito de adelantar las campañas eludiendo la ley mediante la invención de figuras como «defensores de la patria, la familia y la libertad», emulando el descaro de los «defensores de la cuarta transformación y la soberanía nacional». No se equivoque ni se rasgue las vestiduras el ciudadano común; en la política no cabe la ingenuidad democrática; de lo que estamos hablando se llama pura y dura realpolitik, donde el único propósito de la maquinaria partidista es acceder al poder como fin último. Política y moral nunca se han llevado bien, en ninguna época y latitud.
Tatiana se rebela en Nuevo León
La fábrica de colisiones guinda volvió a encender sus calderas y el primer chispazo de la temporada no tardó en carbonizar la disciplina partidista. Apenas cinco días después de que la dirigencia nacional decidiera reciclar viejos conocimientos políticos y ungir a Clara Luz Flores como la mandamás de los comités de la Cuarta Transformación en Nuevo León, la siempre estridente Tatiana Clouthier decidió colgarse el delantal de la inconformidad para recordarle a la cúpula que los votos y la memoria histórica no se compran en las rebajas de la incongruencia.
El sainete regiomontano retrata de cuerpo entero los vicios de las encuestas de bolsillo y la miopía de las dirigencias que confunden lealtades con amnesias colectivas. Apostar nuevamente por una figura que en 2021 quedó relegada a un humilde cuarto lugar con apenas el catorce por ciento de los sufragios frente a Movimiento Ciudadano, PRI y PAN no es una estrategia audaz, sino un acto de fe ciega en el fracaso ajeno. Maliciosamente, los malosos de la grilla ya sospechan que mandar un cartucho quemado al redondel busca pavimentar disimuladamente la continuidad familiar de Mariana Rodríguez en el poder estatal, aunque choque con discurso de Las Mañaneras del Pueblo; sin embargo, la “jugada maestra” podría terminar por salirles contraproducente frente al colmillo retorcido y la maquinaria bien aceitada del candidato de la alianza PRI-PAN, Adrián de la Garza. Mientras Citlalli Hernández salía a torear los cuestionamientos públicos con el gastado argumento de que la candidata fue piadosamente timada por la secta NXIVM, creyendo de buena fe que se trataba de un inofensivo club de superación personal, las bases del obradorismo en el norte se frotaban los ojos ante el esperpento político.
Por supuesto, la hija del legendario Maquío no se iba a chupar el dedo ni a formar disciplinada en la foto oficial de la simulación. Con la cintura política que le da conocer las entrañas del sistema y el desdén suficiente para no mendigar migajas presupuestales, Clouthier optó por la vía de la disidencia: fundar su propio movimiento regiomontano llamado Todos con Conciencia, bajo la premisa de que Nuevo León no merece ser entregado en charola de plata a los errores del pasado. Salvar el pellejo ideológico jurando amor eterno a la presidenta Claudia Sheinbaum mientras se le vacía el agua a la alberca local de Morena es un malabarismo fino que demuestra que la rebelión ya no se gesta en las catacumbas, sino en los grupos de WhatsApp y en los desaires de sobremesa.
Mientras tanto, en el búnker de la recién designada coordinadora se abren los brazos y se convoca a la unidad con la desesperación de quien sabe que una campaña coja no llega muy lejos. Sin embargo, la fractura ya está abierta y el coqueteo con el poder al costo de pisotear trayectorias fundacionales cobra factura. Los dados están tirados en un tablero donde los morenistas regios descubren que la tan cacareada revolución de las conciencias, al menos en las alturas del terruño, huele sospechosamente al viejo priismo que juraron sepultar.
El nuevo Amílcar de Andy
La sombra de la opacidad y los negocios al amparo del poder no descansan, y en el círculo cercano a la autodenominada Cuarta Transformación los operadores cambian de rostro pero conservan las mañas. Tras el desgaste y la quemada pública de Amílcar Olán Aparicio, la estructura de complicidades del junior más famoso de la política nacional encontró repuesto en una nueva figura dispuesta a administrar los hilos y los contratos jugosos. El relevo ya tiene nombre, apellido y una debilidad compartida por los lujos que contrastan con la austeridad de membrete: Mario Mabarak Paniagua, presentado en los corrillos del poder como el nuevo Amílcar de Andy.
La dinámica del poder transexenal y de los afectos tempranos opera con una lógica muy simple. El personaje comparte lazos de infancia y afinidades económicas con Andrés López Beltrán, un vínculo donde el junior pone las palancas gubernamentales y los amigos se encargan de gozar. Con un perfil socioeconómico moldeado al calor de los favores políticos, este nuevo operador maneja negocios idénticos a los de su predecesor, aunque con la misma constante de mediocridad en la ejecución que caracteriza al sello de la casa: contratos millonarios en el sector salud y de medicamentos a lo largo de varios estados como Michoacán, Oaxaca y el Estado de México, plagados de incumplimientos, fallas técnicas y reclamos recurrentes.
El gusto por el aire y la buena vida tampoco es menor. El personaje dispone de un par de aviones privados listos para trasladar al junior y a su círculo a cualquier rincón del país, ya sea para cumplir con supuestas giras de trabajo o para encabezar las fiestas que tanto apasionan al heredero. Hijo de un piloto de aviación, heredó la afición por las alturas, pero fue la cercanía con el dinero público la que transformó sus hábitos: pasaron a la historia los perfiles bajos y los automóviles austeros para dar paso a flotillas de vehículos de altísima gama y relojes valuados en millones de pesos, todo costeado al amparo de la venia protectora del poder.
Sin embargo, el banquete de privilegios comienza a enfriarse ante la presión de la realidad política. El personaje ya siente el calor en piel ajena tras el cerco financiero echado a andar desde la Unidad de Inteligencia Financiera contra el entorno de Andy López Beltrán, un asedio que mantiene nerviosos a propios y extraños. Los intentos por tocar bases con dueños de medios y comunicadores para blindar su nombre bajo las aguas resultarán infructuosos, pues el expediente ya está abierto y la exposición pública parece inevitable.



