Señoras y señores del jurado, permítanme plantear el dilema central de este ensayo: ¿fue la vida de Don Francisco Yepo Yong, nacido el 29 de abril de 1946 en Ciudad Juárez, Chihuahua, la de un empresario común que solo buscó ganancias, o la de un visionario que rescató el alma misma del Centro Histórico de la frontera? Argumento firmemente a favor de la segunda tesis, aunque reconozco las objeciones de quienes lo reducen a un simple restaurantero. Su trayectoria de más de seis décadas demuestra que el compromiso personal puede revertir el abandono urbano, pero ¿a qué costo y con qué límites?
Comencemos por los hechos irrefutables. Yepo Yong dedicó más de 65 años a la gastronomía juarense. Heredó y consolidó el legendario restaurante La Nueva Central, inaugurado en 1958 y abierto las 24 horas, un ícono que fusiona platillos mexicanos y chinos en el corazón del primer cuadro. No fue solo un negocio: se convirtió en punto de encuentro generacional, testigo vivo de la identidad fronteriza. En 2015 adquirió el antiguo cabaret La Fiesta, cerrado desde 1968 tras brillar en los años cincuenta con artistas internacionales. Lo remodeló con respeto absoluto a su estética original y lo reabrió como restaurante en junio de 2025. ¿Coincidencia comercial? No. Fue una apuesta deliberada por rescatar patrimonio que otros habían abandonado.
Aquí surge el primer contraargumento: muchos dirán que su acción fue mera inversión oportunista. ¿Acaso no lucraba con la nostalgia? Sin embargo, la evidencia refuta esa visión reduccionista. Don Francisco se erigió como defensor incansable del Centro Histórico cuando la zona enfrentaba decadencia, migración comercial y olvido institucional. Participó activamente en proyectos de revitalización, presionó por la preservación de espacios emblemáticos y luchó contra el deterioro que amenazaba con borrar la memoria colectiva de Juárez. Su labor no quedó en palabras: recibió el premio “Girasoles Vida Activa” en septiembre de 2025 por más de seis décadas de trabajo incansable y ejemplo de vida activa. Meses después, la asociación civil Juarenses le reconoció públicamente su trayectoria ininterrumpida. Incluso el Gobierno Municipal planeaba homenajearlo por su impacto económico y turístico.
¿Exageramos su legado? Admitamos el debate contrario: su influencia se concentró en un solo sector y no resolvió problemas estructurales como la inseguridad o la pobreza del centro. Sí, es cierto. Pero precisamente ahí radica su grandeza. En una ciudad marcada por la violencia y la desidia, un solo hombre mantuvo abiertos negocios 24/7, generó empleo y preservó edificios que hoy siguen contando historias. Su muerte, ocurrida el 12 de marzo de 2026 a los 79 años tras complicaciones cardíacas, no cierra su capítulo; lo eleva. La Cámara Nacional de Comercio, empresarios y ciudadanos lo despidieron como “ejemplo de esfuerzo y dedicación”. ¿Cuántos “simples comerciantes” logran eso?
En conclusión, la trayectoria de Don Francisco Yepo Yong no admite neutralidad. Quienes lo minimizan a un restaurantero exitoso ignoran que salvó patrimonio cultural y artístico, dignificó el centro y demostró que el emprendimiento puede ser acto de resistencia cultural. Frente a la decadencia, él eligió la preservación. Frente al olvido, eligió la memoria. Su vida prueba que un individuo, con visión y tenacidad, puede torcer el destino de toda una comunidad. Negarlo sería negar el poder transformador del compromiso juarense. Don Francisco no solo sirvió platillos: sirvió ejemplo. Y ese ejemplo, señoras y señores, sigue abierto las 24 horas.



