MYKOLAIV, Ucrania. – Durante meses, esta ciudad portuaria del sur de Ucrania, con medio millón de habitantes antes de la invasión rusa, estuvo al borde de convertirse en un lugar inhabitable. La electricidad fallaba constantemente, el agua que salía de los grifos era salada y anaranjada, y las calles oscuras mostraban las ruinas de edificios bombardeados.
Todo cambió cuando Dinamarca decidió “adoptar” Mykolaiv apenas un mes después del inicio de la guerra en febrero de 2022. Desde entonces, el gobierno danés ha destinado el 60% de su ayuda total a la reconstrucción de Ucrania exclusivamente a esta ciudad y su región, convirtiéndola en un laboratorio de políticas de ayuda que podrían replicarse en todo el país.
El programa danés, un enfoque tradicional de cooperación país a país, contrasta con la propuesta del gobierno de Donald Trump, que busca reconstruir Ucrania mediante un fondo multimillonario gestionado por el sector privado y orientado a generar beneficios económicos, con participación de empresas como BlackRock y énfasis en tecnología, centros de datos y minería.
Mientras el plan estadounidense apunta a atraer más de 500,000 millones de dólares en inversiones privadas, Dinamarca ha invertido casi 250 millones de dólares hasta el año pasado en Mykolaiv, centrándose en reparar tanto la infraestructura física como el tejido social de la ciudad. El esfuerzo incluye proyectos de agua potable, energía verde, educación, desminado, formación profesional y apoyo a pequeñas empresas, todo canalizado a través de organizaciones sin fines de lucro y organismos internacionales.
Dmytro Tarasenko, asesor del gobernador regional, resumió el impacto: “No sé por qué nos ha elegido Dinamarca, pero es la mejor suerte que hemos tenido nunca”.
Al comienzo del programa, Mykolaiv enfrentaba una crisis severa. En abril de 2022, las fuerzas rusas destruyeron la tubería principal que traía agua dulce del río Dniéper. Durante tres meses la ciudad se quedó sin agua potable. Las autoridades recurrieron a bombear agua salada del estuario, lo que terminó corroyendo cientos de kilómetros de tuberías y agravando el problema.
La población cayó a la mitad, hasta 180,000 habitantes. Hoy ha repuntado hasta los 470.000, casi su nivel previo a la guerra. El restablecimiento del agua potable se espera para finales de este mes, gracias a años de inversión danesa en nuevas tuberías, estaciones de bombeo y paneles solares que garantizan el funcionamiento durante los apagones.
El gobernador regional, Vitaly Kim, considera que ambos modelos de reconstrucción pueden complementarse. “En el futuro, no pediremos ayuda, sino que ganaremos dinero junto con los inversionistas extranjeros”, afirmó.
Aunque el programa danés no promueve directamente intereses empresariales de Dinamarca, coincide con inversiones privadas danesas en parques eólicos y transporte marítimo en la región. En las calles de Mykolaiv ya son visibles los resultados: banderas danesas en edificios restaurados, un puesto diplomático cerca de la plaza principal y obras de reparación financiadas por Copenhague.
A pesar de un escándalo en 2023, cuando un video mostró a la hija del entonces director de la compañía de agua local celebrando con lujo, lo que generó sospechas de corrupción, Dinamarca mantuvo su apoyo. Una auditoría de Deloitte no encontró fraude, aunque recomendó mejoras en la supervisión financiera.
Hoy, en Mykolaiv se ven signos de recuperación: niños jugando básquetbol en parques rehabilitados, nuevas tuberías instaladas y agricultores regresando a campos desminados con ayuda danesa.
El esfuerzo danés, aunque modesto comparado con la magnitud de la destrucción en Ucrania, ofrece un modelo de reconstrucción centrado en la resiliencia local y el retorno de la población civil, en lo que podría convertirse en el mayor proyecto de reconstrucción en Europa desde el Plan Marshall.(Nota: con información de The New York Times)