Washington, D.C.– El gobierno del presidente Donald Trump envió la semana pasada una delegación de alto nivel del Departamento de Estado a La Habana para explorar un posible acuerdo que permita aliviar la grave crisis humanitaria en Cuba, en un nuevo intento diplomático mientras Washington mantiene y aumenta la presión sobre el régimen cubano.
Según dos fuentes estadounidenses familiarizadas con las conversaciones, la delegación advirtió a sus interlocutores cubanos que la isla dispone de una “pequeña ventana” de tiempo antes de que la situación humanitaria se deteriore aún más. La visita, realizada a finales de la semana pasada, constituyó el primer aterrizaje de una aeronave oficial estadounidense en Cuba desde marzo de 2016, cuando el entonces presidente Barack Obama visitó la isla.
La reunión se produce en medio de una caída libre económica en Cuba, agravada desde que Estados Unidos bloqueó en enero los envíos de petróleo procedentes de Venezuela y México, principales proveedores de combustible para la isla. Cuba genera por sí sola apenas alrededor del 40 % del petróleo que necesita para su red eléctrica, lo que ha provocado apagones masivos, escasez de alimentos, suspensiones de clases y problemas graves en hospitales.
El propio Trump señaló el viernes que está dispuesto a cambiar su enfoque respecto a Cuba. “Se llama un nuevo amanecer para Cuba”, declaró. “Vamos a ayudarles con Cuba. Pongan atención a lo que pasa”.
Durante las conversaciones, la delegación estadounidense planteó varias condiciones para avanzar hacia una solución diplomática. Entre ellas:
- La introducción de internet por satélite Starlink con conectividad gratuita.
- Reformas económicas profundas que permitan atraer inversión extranjera, fortalecer el sector privado y avanzar hacia una economía de mercado.
- Compensación a ciudadanos y empresas estadounidenses por las propiedades confiscadas tras la revolución de 1959.
- Liberación de presos políticos y mayores libertades políticas.
Fuentes del Departamento de Estado indicaron que Washington no busca en este momento un cambio de régimen inmediato, sino la “sumisión” del gobierno cubano a reformas significativas. No obstante, las exigencias estadounidenses no llegan a los requisitos legales necesarios para levantar el embargo comercial, como la celebración de elecciones libres, la legalización de partidos de oposición y la independencia del poder judicial.
En una reunión paralela, un alto funcionario del Departamento de Estado se reunió con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro, quien según las fuentes ha mantenido contactos con la administración Trump para negociar una posible transición política y económica en la isla.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reaccionó esta semana llamando a sus partidarios a prepararse ante posibles “amenazas serias”, incluida una eventual agresión militar. “No la queremos, pero es nuestro deber prepararnos para evitarla y, si fuera inevitable, ganarla”, afirmó.
Por su parte, el gobierno cubano no ha emitido comentarios oficiales sobre la visita de la delegación estadounidense.La semana pasada, la Casa Blanca había permitido, por “razones humanitarias”, la llegada de un petrolero ruso con 730,000 barriles de crudo, en un aparente gesto de distensión.
Funcionarios estadounidenses consultados aseguraron que no existe en estos momentos ninguna operación militar específica e inminente contra Cuba.
Michael Kozak, alto funcionario del Departamento de Estado encargado de la política hacia el hemisferio occidental, confirmó ante el Congreso que Washington mantiene contactos directos con el régimen cubano para exigir “reformas drásticas” que incluyan cambios económicos, sociales y políticos, entre ellos elecciones libres.
“Los objetivos están muy claros”, afirmó Kozak. “Lo que ocurrirá, está por verse”.
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