Chihuahua, Chihuahua.- En un mensaje que resonó como un muro invisible en la frontera norte, la gobernadora Maru Campos Galván dejó claro este martes: «El estado de Chihuahua no es un santuario para migrantes». La declaración, pronunciada en el eco inmediato de una tragedia vial que dejó seis muertos y dos heridos graves, subraya la posición firme del gobierno estatal ante el flujo migratorio desbordado, instando a quienes sueñan con cruzar a Estados Unidos a «recapacitar» ante las barreras cada vez más infranqueables.
El accidente, ocurrido en la carretera federal Durango-Chihuahua, expuso una vez más los peligros letales de rutas clandestinas. Pero fue la voz de la mandataria la que dominó el debate público, elevando el suceso a un llamado nacional sobre la saturación en la región. «Les pedimos que no vengan al estado de Chihuahua», enfatizó Campos Galván, recordando los cierres fronterizos impuestos por Washington que han convertido el norte mexicano en un laberinto de riesgos y rechazos.
Seis vidas truncadas en la ruta del exilio
La volcadura de un tractocamión Kenworth 2020, con placas de Estados Unidos, se registró alrededor de las 4:00 horas en el kilómetro 183+100 del tramo Bermejillo-Jiménez. La unidad, cargada con rollos metálicos de 16 toneladas cada uno, patinó, chocó contra la barrera central y volcó, aplastando a sus ocupantes ocultos en la caja de carga. Cuatro hombres y dos mujeres, presuntos migrantes de origen sudamericano, perecieron en el acto, atrapados bajo el peso de la mercancía desprendida.
Testigos describieron un panorama dantesco: gritos de auxilio emergiendo de entre los escombros, mientras otras figuras huían despavoridas antes de la llegada de las autoridades. La Fiscalía General del Estado (FGE) y el Instituto Nacional de Migración (INM) lideran la investigación, sospechando de un traslado irregular para sortear controles. Inicialmente se contaron cuatro cuerpos, pero el saldo subió a seis tras un barrido exhaustivo del sitio.
Dos sobrevivientes —un hombre y una mujer— sufrieron amputaciones de extremidades y fueron evacuados de urgencia por equipos de Cruz Roja, Protección Civil de Jiménez y Caminos y Puentes Federales a hospitales cercanos. Estabilizados, sus testimonios pendientes podrían desentrañar la red detrás del viaje fatal. El conductor, ileso, huyó del lugar y es buscado activamente, lo que añade capas de misterio a un caso que huele a tráfico humano.
La Guardia Nacional y la Policía Municipal acordonaron la zona, mientras el ayuntamiento local coordinó el rescate en una vía vital para el comercio y el tránsito forzado de la frontera.
«No es un santuario»: El grito de Campos Galván contra la marea migratoria
No pasó ni un suspiro desde el choque cuando Maru Campos Galván tomó el micrófono para martillar su postura: Chihuahua, con su geografía expuesta y recursos al límite, rechaza ser el trampolín pasivo de sueños ajenos. «Es importante recordarle a los migrantes que el estado de Chihuahua no es un santuario para ellos. Les pedimos que recapaciten y reconozcan también lo que se está viviendo en la frontera con Estados Unidos. Se cerraron las fronteras, entonces les pedimos que no vengan al estado de Chihuahua», reiteró la gobernadora en declaraciones a medios estatales.
Este pronunciamiento no es improvisado; es el clímax de una estrategia estatal que ve en el éxodo centro y sudamericano una amenaza a la estabilidad local. Campos Galván, con su tono entre advertencia y súplica, alude a los cierres parciales de puentes internacionales —como los de Ciudad Juárez y El Paso— que han disparado los intentos de cruce irregular. En Chihuahua, las caravanas han multiplicado los operativos, los albergues saturados y, trágicamente, los accidentes como este, que suman ya una docena letal en 2024.
La mandataria, aliada de políticas migratorias más estrictas, usa el luto para amplificar un mensaje que resuena en foros nacionales: el estado no puede absorber indefinidamente la presión humana y logística de una frontera en ebullición. Críticos de derechos humanos, aunque mudos por ahora en este caso, han cuestionado en ocasiones previas si tales declaraciones no incentivan, paradójicamente, viajes más desesperados y ocultos.
Mientras la FGE indaga posibles imputaciones por trata de personas, el eco de «no es un santuario» se propaga como un mantra fronterizo. En Jiménez, bajo el cielo nublado del 5 de noviembre, la carretera reabierta lleva cicatrices frescas, un recordatorio de que el anhelo americano cobra facturas impagables en tierras que se declaran neutrales ante el éxodo.



