Ante el fracaso Morena quiere ganar la postverdad
El pasado sábado, Morena convocó en Chihuahua una marcha contra la gobernadora Maru Campos, enmarcada en la controversia por el operativo en el que murieron agentes de la CIA y elementos estatales. La dirigente nacional Ariadna Montiel esperaba una demostración de fuerza que legitimara el reclamo de juicio político. Sin embargo, la realidad fue otra. Testimonios, imágenes y reportes independientes coincidieron en una asistencia modesta, cercana a cuatro o cinco mil personas en el mejor de los cálculos iniciales.
Veinticuatro horas después, la narrativa oficial cambió drásticamente. Montiel elevó la cifra a 20 mil participantes, presentando la movilización como un éxito rotundo y un clamor popular contra el “entreguismo” panista. Esta inflación numérica ejemplifica un intento fallido de imponer una postverdad: convertir una convocatoria discreta en una oleada masiva mediante comunicados y redes sociales.
Sin mesura el senador Javier Corral, desde su portal Zona Free, superó con creces esa estimación. Sin medir el pudor, el exgobernador panista elevó la cifra de manifestantes a 60 mil, reforzando absurdamente una narrativa que minimizaba el fracaso de Morena y exaltaba el respaldo ciudadano a la marcha contra Maru Campos.
Este episodio no fue un incidente aislado. Representa un triunfo simbólico de Chihuahua y su gobernadora frente al gobierno federal y la presidenta Claudia Sheinbaum. La marcha pretendía presionar y desgastar a la administración estatal, pero terminó revelando la capacidad de resistencia de un estado opositor. Los bloqueos, la movilización ciudadana a favor de Maru y la dificultad para llenar las calles expusieron que la “cuarta transformación” enfrenta vientos en contra en territorios clave del norte.
Con amplia información disponible —imágenes satelitales, videos en tiempo real, testimonios locales y reportes periodísticos— queda claro que la postverdad tiene límites cuando choca con la realidad territorial. Morena no logró el impacto deseado ni la narrativa dominante. Este revés en Chihuahua es solo el preludio de una contienda electoral reñida rumbo a 2027. Si el partido gobernante aspira a mantener o ampliar su hegemonía, no puede permitirse errores como los del 16 de mayo: subestimar el arraigo local, inflar expectativas y confiar en que la movilización artificial suplante el descontento real o la fortaleza opositora.
La lección es contundente. En un México polarizado, los números inflados y las narrativas forzadas no sustituyen el trabajo territorial ni la lectura correcta del ánimo ciudadano. Chihuahua marcó un alto en el camino. Morena deberá corregir el rumbo si quiere evitar que este preludio se convierta en tendencia.
PRI y PAN quieren alianza
En las últimas semanas, los actores políticos priistas en Chihuahua han enviado señales claras y reiteradas de acercamiento con el Partido Acción Nacional (PAN). Priistas y panistas locales parecen coincidir en la necesidad de construir un frente común para las elecciones de 2027, priorizando la estabilidad y el control del estado sobre las directrices nacionales.
El respaldo unificado del PRI a la gobernadora Maru Campos ha sido uno de los ejemplos más elocuentes. Tanto antes como después de la fallida marcha convocada por Morena, priistas y panistas cerraron filas. Diputados de ambos partidos en el Congreso local rechazaron iniciativas de Morena contra Campos, mientras que líderes priistas se sumaron públicamente a la defensa de su gestión. Esta coordinación no es casual: refleja un cálculo pragmático ante el avance de Morena y la percepción de que sólo una alianza opositora puede garantizar el triunfo electoral en la entidad.
El virtual candidato panista a la gubernatura, Marco Bonilla, alcalde de Chihuahua, no ha quitado el dedo del renglón. En diversas declaraciones, Bonilla ha insistido en que, a nivel local, las realidades imponen flexibilidad. Aunque el PAN nacional ha mostrado resistencia a coaliciones amplias, el edil ha abierto la puerta explícitamente al PRI y a otros actores, argumentando que enfrentar un “régimen” requiere sumar fuerzas ciudadanas más allá de las siglas. Su postura resuena con priistas locales que ven en una posible alianza la oportunidad de mantener influencia y evitar la fragmentación del voto opositor.
El fracaso de la movilización morenista del 16 de mayo, calificado por analistas como un “boomerang” político, ha fortalecido la figura de Maru Campos. Lo que pretendía erosionar su imagen terminó por consolidarla como una líder capaz de resistir presiones federales. Este reposicionamiento nacional eleva su voz dentro de los círculos nacionales del PAN. Su experiencia como gobernadora, combinada con el manejo político del reciente episodio, la posiciona como referente no sólo en Chihuahua sino a nivel federal.
En las decisiones partidistas sobre el norte del país, especialmente en lo que compete a Chihuahua, la influencia de Campos se anticipa mayor. Su capacidad para tejer acuerdos locales con priistas podría inclinar la balanza hacia fórmulas de coalición que, aunque desafíen la línea nacional del PAN, respondan a la demanda ciudadana de unidad opositora.
Localmente, el mensaje es claro: priistas y panistas chihuahuenses quieren y necesitan la alianza. Con Maru Campos como eje articulador, esa voluntad adquiere ahora mayor peso estratégico en el tablero nacional. El 2027 se perfila como una prueba decisiva de si la oposición sabe leer sus propias fortalezas territoriales.
La “honestidad” de Cruz pone a prueba a Montiel
Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, ha sido enfática en su última conferencia de prensa: no habrá espacio para candidatos con señalamientos de corrupción de cara al 2027, aunque ganen encuestas. “Si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción, no será candidato”, ha reiterado, buscando proyectar perfiles intachables y blindar al partido de cara a las elecciones intermedias.
Sin embargo, en Chihuahua el panorama genera cuestionamientos evidentes. Cruz Pérez Cuéllar, alcalde de Ciudad Juárez y aspirante fuerte a la gubernatura, acumula múltiples denuncias y señalamientos públicos: el caso de las mochilas escolares con gigantesco sobreprecio, la construcción de una casa de cambio en El Chamizal, opacidad en gastos millonarios y el desalojo de una vivienda en el fraccionamiento Campestre derivado de una investigación de la Fiscalía Anticorrupción contra un exfuncionario cercano, entre muchos señalamientos más.
Estos asuntos han sido ventilados por opositores, activistas y hasta voces internas de Morena, como el fundador Víctor Quintana, quien ha pedido respuestas claras y transparentes. Pérez Cuéllar niega las acusaciones de corrupción, las califica como guerra sucia y afirma que nadie es impecable, pero que él no es corrupto. Paralelamente, sus “Compas de Cruz” desde la oscuridad y cargados de millones de pesos han organizado eventos masivos para impulsar su perfil rumbo a la gubernatura.
El apoyo de Montiel al alcalde juarense es conocido desde hace meses. Equipos cercanos a la dirigente han participado en eventos conjuntos, y Pérez Cuéllar ha expresado públicamente su respaldo y amistad con ella. Esta cercanía choca frontalmente con el mensaje nacional de cero tolerancia a perfiles con “mala reputación”.
El dilema es claro: Morena enfrenta el riesgo de que su narrativa de honestidad se perciba como selectiva. Aplicar el filtro anti-corrupción de forma estricta en otros estados mientras se soslayan señalamientos en Chihuahua podría erosionar credibilidad interna y ante la opinión pública. La dirigencia nacional deberá decidir si los procesos de investigación y encuestas serán consistentes o si prevalecerán las alianzas y lealtades locales.
La conciliación entre el discurso de Montiel y el respaldo práctico a figuras como Pérez Cuéllar definirá si el compromiso anti-corrupción es una regla real o sólo una declaración de principios con excepciones políticas. En un estado polarizado como Chihuahua, donde la alternancia y la fiscalización serán temas centrales, esta inconsistencia podría convertirse en un costo elevado para Morena en 2027.
Soplo de cordura en Palacio Nacional
En su conferencia matutina de este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que enviará al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para posponer la elección popular de jueces, magistrados y ministros, prevista originalmente para 2027, hasta el 2028. La decisión, presentada por la consejera jurídica Luisa María Alcalde, representa un giro pragmático en uno de los proyectos insignia de la reforma judicial impulsada durante el sexenio anterior.
Según la mandataria, el aplazamiento responde a razones técnicas y presupuestales. Realizar en 2027 la elección de miles de cargos judiciales de manera concurrente con la renovación de 17 gubernaturas, ayuntamientos y congresos locales generaría una sobrecarga logística para el Instituto Nacional Electoral (INE), elevaría costos de manera significativa y complicaría la boleta electoral. El propio INE había advertido del riesgo de colapso operativo.
El anuncio marca un momento de cordura en la “Mañanera”. Tras las críticas de sectores jurídicos, empresariales y opositores por posibles riesgos de politización y falta de preparación en el proceso de 2025, el gobierno federal opta por ganar tiempo. La propuesta incluye además simplificar la boleta —para que cada elector vote por un juez o magistrado— y ajustes en los mecanismos de selección de candidatos, con el fin de corregir fallas observadas en la primera experiencia.
Analistas ven en esta movida un reconocimiento implícito de que la implementación apresurada de la reforma judicial podía afectar la estabilidad institucional y la confianza de inversionistas. Posponer el proceso permite madurar los cambios sin sacrificar el principio de la elección popular, pero evitando una “superelección” caótica.
En un contexto de incertidumbre económica y presiones externas, esta rectificación técnica luce como un acto de responsabilidad. No es un retroceso ideológico, sino una corrección de rumbo que prioriza la viabilidad sobre el calendario político original. México respira, al menos por un año, con algo más de sensatez en el corazón del poder.

