Morelia, Michoacán.- En un giro que sacude aún más la ya convulsa región de Tierra Caliente, las autoridades de Michoacán identificaron a Víctor Manuel Ubaldo Vidales, un joven de 17 años originario del municipio de Paracho, como el autor material del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Alberto Manzo Rodríguez. El crimen, perpetrado el 1 de noviembre durante el bullicioso Festival de las Velas en la plaza principal de la ciudad, no solo dejó al político morenista sin vida, sino que expuso de nuevo la tenaza del crimen organizado sobre las instituciones locales.
Manzo, de 40 años y quien apenas había asumido el cargo el pasado 1 de octubre como parte de la Cuarta Transformación en el municipio, recibió siete impactos de bala a las 20:10 horas, justo cuando miles de familias conmemoraban la Noche de Muertos con velas y altares. A pesar de contar con un esquema de 24 escoltas, el adolescente logró infiltrarse entre la multitud, disparar a quemarropa y huir momentáneamente, antes de ser abatido por el propio equipo de seguridad del edil. El fiscal general del estado, Carlos Torres Piña, confirmó que familiares del joven reclamaron su cadáver la tarde del miércoles, revelando que se había ausentado de casa una semana antes del atentado.
Pruebas balísticas y adicción: el perfil de un ejecutor forjado en el narco
Los dictámenes periciales no dejan lugar a dudas: la prueba de rodizonato de sodio en el cuerpo de Vidales dio positivo, confirmando residuos de disparo y sellando su autoría material. Pero el informe forense va más allá: los análisis toxicológicos detectaron adicción crónica a la metanfetamina, un detalle ratificado por sus parientes, quienes describieron al menor como un joven vulnerable reclutado por las dinámicas de la violencia en la zona. «Era un chico que se perdió en el camino», lamentó un allegado en declaraciones anónimas a medios locales, pintando el retrato de un sicario improvisado en un contexto donde los cárteles disputan territorio con mano de obra barata y desechable.
La pistola 9 milímetros semiautomática usada en el magnicidio no es un arma aislada en la ola de sangre que azota Uruapan. Balística estatal la vinculó a dos ataques previos en la misma ciudad: el 16 de octubre, en la colonia Tierra y Libertad, donde dos personas perdieron la vida en un ajuste de cuentas; y el 23 de octubre, en el bar La Gran Parada, que dejó un empleado muerto y otro herido grave. Torres Piña apuntó directamente a las pugnas entre grupos criminales como el detonante principal, con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) emergiendo como el principal sospechoso. «Hay varios elementos que nos llevan a esta hipótesis», enfatizó el fiscal, aludiendo a la estrategia de terror del CJNG para desestabilizar gobiernos locales que se oponen a su expansión.
Uruapan, cuna de la producción de aguacate y epicentro de la «guerra por el agua y la tierra», es un tablero donde operan al menos cinco facciones antagónicas: el CJNG, Los Viagras, Los Caballeros Templarios, Los Blancos de Troya y Pueblos Unidos. Manzo, un empresario local convertido en político que prometía combatir la extorsión a productores agrícolas, había declarado públicamente su rechazo a las «imposiciones» del narco. Su muerte, apenas 15 días después del homicidio del líder limonero Bernardo Bravo, refuerza la narrativa de un estado sitiado, donde alcaldes y activistas caen como piezas en un ajedrez mortal.
Viuda en el cargo: Grecia Quiroz jura continuar la lucha de su esposo
En medio del duelo colectivo, la viuda de Manzo, Grecia Quiroz García, rindió protesta este miércoles como la nueva presidenta municipal de Uruapan, designada por el Congreso de Michoacán como suplente constitucional. Con voz entrecortada pero firme, Quiroz, de 38 años y madre de dos hijos con el fallecido, prometió no flaquear ante la adversidad. «El legado de Carlos no se detiene; seguiremos combatiendo la delincuencia con la misma fuerza que él imprimió», declaró ante legisladores y simpatizantes del Movimiento del Sombrero, el colectivo que impulsó la candidatura de su esposo. Apoyada por figuras de Morena como la senadora Kenia López Rabadán, quien exigió que este crimen marque «un antes y un después» en la estrategia nacional contra el crimen organizado, Quiroz regresa a la ciudad que la vio nacer con el peso de una administración en luto y bajo amenaza constante.
La ceremonia, realizada en el Palacio Legislativo de Morelia, transcurrió bajo estrictas medidas de seguridad, con escoltas federales custodiando cada acceso. Quiroz, quien fungió como regidora en la administración anterior, enfatizó su compromiso con las mujeres y productores locales, sectores que Manzo defendía con vehemencia. «No nos vamos a dejar vencer», reiteró, evocando las palabras de un regidor sobreviviente al atentado, Víctor Hugo de la Cruz, quien narró el caos de aquella noche en entrevistas recientes.
Caravana por la paz: transportistas y artistas honran al «alcalde del pueblo»
Mientras la nueva alcaldesa asume el mando, la sociedad civil de Uruapan no se queda de brazos cruzados. Este jueves, decenas de transportistas bloquearon arterias clave de la ciudad en una caravana masiva bajo el lema «Tu legado jamás será olvidado». Con cláxones, mantas y fotos del edil, los choferes de camiones y taxis recorrieron desde la plaza principal hasta el panteón municipal, exigiendo justicia y un alto a la impunidad. «Manzo era uno de nosotros, un hombre del pueblo que no se arrodillaba ante nadie», dijo José Luis Ramírez, líder de la agrupación, a reporteros en el trayecto.
Paralelamente, artistas locales inauguraron un mural en el corazón de la zona centro, retratando a Manzo con velas y aguacates como símbolos de resistencia. La iniciativa, que reunió a pintores y músicos, se extendió hasta la noche con un homenaje sonoro que fusionó sones purépechas y corridos de protesta. Estas acciones, espontáneas pero coordinadas, reflejan el hartazgo de una población que, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, ha visto más de 200 homicidios en Michoacán solo en 2025.
El asesinato de Manzo no es un hecho aislado, sino el eco de una violencia que ha cobrado la vida de al menos tres alcaldes en Michoacán en los últimos cinco años. La presidenta Claudia Sheinbaum, quien condenó el crimen desde el arranque de su sexenio, prometió resultados pronto, pero en Uruapan, la esperanza se teje con hilos de ira y memoria. Mientras las velas del Día de Muertos se apagan, la llama de la indignación arde con más fuerza que nunca.



