La Habana, Cuba.- Es casi mediodía en La Habana y un grupo reducido de turistas baja de un autobús amarillo para fotografiarse rápidamente frente a una hilera de autos clásicos relucientes —un Pontiac de 1950, un Buick de 1960— antes de alejarse sin contratar ningún paseo.
Bajo la sombra de un almendro de playa, conductores como Reymundo Aldama, dueño de un Ford Fairlane convertible rosa chicle de 1957, se incorporan esperanzados ante cada llegada, pero terminan sentados de nuevo. “Esto está crítico”, dice Aldama. “Estamos esperando que vengan, que venga trabajo”.
El sector turístico cubano atraviesa una caída libre. El número de visitantes internacionales ha disminuido más de la mitad desde los 4.8 millones de 2018, y las cifras de 2025 ya confirman el peor desempeño en más de dos décadas (excluyendo la pandemia): alrededor de 1.9-2.3 millones de turistas, lejos de las metas oficiales y con ingresos estimados en apenas 917 millones de dólares, un 25% menos de lo proyectado.
La debacle se aceleró tras la COVID-19, los apagones masivos, el endurecimiento de sanciones estadounidenses y la reducción de vuelos. Ahora, la interrupción de los envíos de petróleo venezolano —tras el ataque de Estados Unidos y el arresto de su presidente— agrava una crisis que expertos califican de catastrófica, con mayor escasez energética y riesgo de colapso económico.
Los más afectados son los trabajadores informales y dependientes del turismo. Rosbel Figueredo Ricardo, de 30 años, vende “chivirico” —tiras fritas de harina con azúcar— en las calles, pero las ventas han caído en picada ante la ausencia de clientes. En el malecón y las zonas turísticas, mesas vacías y vendedores ociosos reflejan el vacío.
Mientras el gobierno prioriza inversiones hoteleras para 2026, la realidad en las calles habaneras muestra un sector en decadencia: menos visitantes, menos divisas y una isla que, según analistas, se prepara para el peor año económico en décadas.
(Con informacion de Dánica Coto, de AP)
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
Relacionado