Pekín, China. – La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping se perfila como un encuentro histórico en el que un presidente estadounidense llega en clara posición de desventaja frente a su homólogo chino, según analistas y observadores internacionales.
En apenas un año, la Administración Trump, que prometió una línea dura contra China, ha cedido terreno en economía, tecnología, diplomacia y, especialmente, en imagen global. La guerra en Irán ha sido uno de los factores decisivos: en lugar de proyectar poderío estadounidense, expuso las limitaciones del “paraguas de seguridad” de Washington y generó dudas entre sus aliados asiáticos, particularmente en Taiwán.
Los ataques contra instalaciones estadounidenses en el golfo Pérsico, los retrasos en entregas de armas y el agotamiento de arsenales reforzaron la percepción de que Estados Unidos no puede manejar simultáneamente múltiples crisis de gran escala. Además, varios aliados no fueron informados previamente de la operación, lo que agravó la desconfianza.
Expertos como Marco Fernandes, del Consejo Civil del BRICS, señalan que Pekín se ha convertido en uno de los principales beneficiarios del conflicto. China, líder mundial en drones y tecnologías emergentes, ve cómo los tradicionales atributos de poderío estadounidense —portaaviones y bases— pierden relevancia relativa.
Políticas que favorecen a China
El profesor de Harvard Stephen Walt ha criticado duramente la gestión Trump: desde la presión sobre universidades estadounidenses hasta la apuesta por combustibles fósiles en un mundo que avanza hacia las energías renovables, Washington estaría, según él, facilitando involuntariamente el ascenso chino.
La estrategia arancelaria también mostró límites. Tras el enfrentamiento comercial del año pasado, China respondió restringiendo exportaciones de tierras raras críticas para la industria militar y tecnológica estadounidense. Aunque los aranceles fueron parcialmente anulados, los efectos han sido limitados para Washington y perjudiciales para los consumidores norteamericanos.
Mientras tanto, China consolida su influencia. Según Gallup, su índice de aprobación global (36 %) ya supera al de Estados Unidos (31 %). La apertura de su modelo de IA DeepSeek, la eliminación de aranceles a productos africanos y el avance de marcas como sus vehículos eléctricos y TikTok fortalecen su “poder blando”.
Analistas como Gideon Rachman, del Financial Times, advierten que la competencia se está definiendo cada vez más en términos de quién moldeará los estándares tecnológicos y económicos del futuro, un terreno donde la imagen internacional adquiere peso decisivo.
La cumbre Trump-Xi se producirá en un momento en que, para muchos observadores, Pekín nunca había contado con una posición tan ventajosa ante Washington.