LONDRES, Reino Unido. — El primer ministro británico Keir Starmer enfrenta una grave crisis interna en su Partido Laborista después de los malos resultados en las elecciones locales de la semana pasada, que han llevado a decenas de legisladores a exigir su dimisión.
Starmer intentará este lunes, en un discurso clave, convencer a su partido de que puede corregir el rumbo y recuperar el apoyo ciudadano. Sin embargo, su posición es cada vez más frágil. La legisladora laborista Catherine West advirtió que activará un proceso de contienda por el liderazgo si el discurso no resulta convincente.
La ex viceprimera ministra Angela Rayner, vista como posible sucesora, señaló que el partido “necesita cambiar” y exigió al primer ministro “estar a la altura del momento”.
Los laboristas sufrieron fuertes pérdidas ante el partido antiinmigración Reform UK por la derecha y los Verdes por la izquierda, en unos comicios considerados un referendo informal sobre la gestión de Starmer. Su popularidad ha caído en picado desde la aplastante victoria de 2024, lastrada por el lento crecimiento económico, problemas en los servicios públicos, el alto costo de vida y polémicas como el nombramiento de Peter Mandelson —vinculado a Jeffrey Epstein— como embajador en Washington.
A pesar de la presión, Starmer declaró al diario The Observer que aspira a permanecer en el cargo durante una década. Sus esperanzas reposan en el discurso de este lunes y en el ambicioso programa legislativo que el rey Carlos III presentará el miércoles en la Apertura del Parlamento.
Entre las medidas destacadas figura un mayor acercamiento a la Unión Europea, sin reingresar al bloque ni al mercado único. Starmer busca facilitar que los jóvenes británicos trabajen en el continente y aliviar las trabas comerciales derivadas del Brexit.
Hasta ahora, figuras relevantes como Rayner, Wes Streeting o Andy Burnham no han pedido abiertamente su renuncia, pero un número creciente de diputados laboristas exigen una transición ordenada. Josh Simons, exaliado de Starmer, escribió que el primer ministro “ha perdido al país” y debe liderar su propia sucesión.
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