El Sarmat es un misil superpesado de silo, de tres etapas y propulsado por combustible líquido, diseñado para reemplazar a los veteranos R-36M2 Voevoda (SS-18 Satan). Con una longitud de aproximadamente 35.3 metros, un diámetro de 3 metros y un peso al lanzamiento de 208.1 toneladas, se posiciona entre los ICBM más grandes y potentes del mundo. Su alcance operativo se estima en 18,000 kilómetros, lo que le permite alcanzar objetivos en cualquier punto del planeta, incluyendo trayectorias polares o suborbitales mediante tecnología FOBS (Fractional Orbital Bombardment System), aunque limitada por tratados internacionales.
Una de sus principales características es su elevada capacidad de carga útil, de hasta 10 toneladas. Puede transportar entre 10 y 16 ojivas termonucleares MIRV (vehículos de reentrada de objetivos múltiples e independientes), con potencias individuales en el rango de cientos de kilotones, o combinaciones que incluyen hasta tres vehículos de planeo hipersónico Avangard. Estos glide vehicles maniobran a velocidades superiores a Mach 15-20, lo que complica significativamente su intercepción por sistemas de defensa antimisil. Además, incorpora contramedidas y señuelos para saturar y engañar a las defensas enemigas.
Según fuentes rusas, el misil utiliza un sistema de guiado inercial combinado con astro-inercial y GLONASS, ofreciendo una precisión con error circular probable estimado en torno a los 500 metros. Su lanzamiento en frío (eyectado por gas antes de encendido del motor) permite reutilizar los silos existentes de los Voevoda con mínimas modificaciones, principalmente en la base de Uzhur, en el krai de Krasnoyarsk.
El desarrollo del Sarmat responde, según Moscú, al retiro estadounidense del Tratado Antimisiles Balísticos en 2002 y al despliegue de sistemas de defensa como el Prompt Global Strike. Putin ha destacado repetidamente que no tiene parangón en potencia y capacidad de penetración. Sin embargo, el programa ha enfrentado retrasos y fallos en pruebas previas, incluyendo explosiones en silo y lanzamientos fallidos reportados en años anteriores. La prueba reciente del 12 de mayo marca un avance tras estos contratiempos.
Analistas occidentales y de la OTAN ven en el Sarmat un instrumento de disuasión nuclear destinado a mantener la paridad estratégica, aunque advierten sobre la brecha entre las afirmaciones rusas y las capacidades verificadas. Su entrada en servicio, prevista de forma gradual a finales de 2026 o inicios de 2027, fortalecerá el componente terrestre de la tríada nuclear rusa en un contexto de tensiones geopolíticas persistentes.



