WASHINGTON, D.C. – El comportamiento cada vez más impredecible y los comentarios extremos del presidente Donald Trump en las últimas semanas han intensificado el debate sobre si su estilo es mera estrategia o evidencia de un deterioro preocupante.
Declaraciones deshilvanadas, amenazas explosivas y ataques personales han generado inquietud incluso entre antiguos aliados. La semana pasada, Trump advirtió que “toda una civilización morirá esta noche” en referencia a Irán, y el domingo por la noche arremetió contra el papa León XIV, al que calificó de “débil contra el crimen y terrible para la política exterior”.
La Casa Blanca rechazó de inmediato cualquier sugerencia de desequilibrio. “El presidente Trump es perspicaz, mantiene en alerta a sus oponentes y demuestra una energía inigualable”, respondió el portavoz Davis Ingle, contrastando su desempeño con el declive que, según él, caracterizó los últimos años de Joe Biden.
Sin embargo, las dudas ya no provienen solo de demócratas. Exaliados republicanos y figuras de la derecha han expresado su preocupación abiertamente. La excongresista Marjorie Taylor Greene calificó la amenaza contra Irán como “locura” y respaldó invocar la Enmienda 25. Candace Owens lo llamó “lunático genocida”, mientras que Alex Jones afirmó que Trump “balbucea y parece que al cerebro no le está yendo muy bien”.
Críticos que trabajaron con él en su primer mandato fueron aún más directos. Ty Cobb, exabogado de la Casa Blanca, lo describió como “un hombre claramente delirante”. Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa, escribió que “está claro que no está bien”.
Trump respondió con furia en redes sociales, acusando a sus detractores de tener “bajo coeficiente intelectual” y de ser “locos” que buscan atención gratuita. “Son personas estúpidas, ellos lo saben, sus familias lo saben y todo el mundo lo sabe”, escribió.
Los demócratas aprovecharon el momento para renovar llamados a la Enmienda 25. El senador Chuck Schumer lo tildó de “persona extremadamente enferma”, el representante Hakeem Jeffries dijo que está “desquiciado y fuera de control”, y Jamie Raskin solicitó formalmente una evaluación médica por posibles signos de demencia.
Encuestas recientes reflejan el malestar ciudadano. Según Reuters/Ipsos, el 61% de los estadounidenses considera que Trump se ha vuelto más errático con la edad, y solo el 45% lo cree mentalmente agudo, una caída respecto a 2023. Otra encuesta de YouGov mostró que el 49% lo considera “demasiado viejo” para el cargo.
Los defensores del presidente insisten en que se trata de una táctica deliberada. “Trump sabe exactamente lo que hace”, escribió la columnista Liz Peek. “Está aplicando presión maximalista para debilitar a Irán”.
Trump, quien en el pasado se ha jactado de superar pruebas cognitivas y se definió como “un genio muy estable”, descartó las críticas: “Si ese es el caso, tendrán que tener más gente como yo, porque nuestro país ha sido estafado durante muchos años”.
Historiadores señalan que, aunque presidentes como Nixon, Reagan o Wilson enfrentaron cuestionamientos similares, el escrutinio actual es inédito por su intensidad y por ocurrir en tiempo real a través de redes sociales. En su segundo mandato, Trump aparece menos moderado, con discursos más largos, divagaciones frecuentes y errores factuales repetidos, como confundir países o inventar anécdotas familiares.
A diferencia de su primer gobierno, pocos asesores parecen dispuestos a contener sus impulsos. “Cuando hace lo que hace, todos los que lo rodean miran abajo y no dicen nada”, señaló el historiador Julian Zelizer.
Por ahora, la lealtad republicana en el Congreso y el Gabinete hace inviable cualquier invocación de la Enmienda 25. Sin embargo, el debate sobre la estabilidad del líder de la mayor potencia mundial continúa creciendo en volumen y profundidad.
(Con información de The New York Times)
Me gusta esto:
Me gusta Cargando...
Relacionado