Ciudad de México.- En un momento de tensiones comerciales y migratorias, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum se apresta a estrechar lazos con su homólogo estadounidense Donald Trump durante el sorteo del Mundial de Fútbol 2026, este viernes en Washington. Confirmado en su conferencia matutina del 4 de diciembre, el viaje de Sheinbaum –su primera visita oficial a EE.UU. en el cargo– no solo definirá los grupos del torneo que México coorganiza con sus vecinos, sino que podría marcar el inicio de una nueva fase en las relaciones bilaterales.
«Todo parece indicar que sostendré una breve reunión con el presidente Trump y con el primer ministro canadiense, Mark Carney», adelantó la mandataria, enfatizando el valor simbólico del encuentro: «Tres países juntos en un escenario de paz y unión, para acordar el rumbo del comercio».
El itinerario es ajustado: Sheinbaum partirá esta tarde en un avión de la Secretaría de la Defensa Nacional, pernoctará en la capital estadounidense y regresará el sábado. Su rol en la ceremonia, que dura apenas cuatro minutos en el icónico Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, se limitará a extraer «la bolita» que asignará a México uno de los 12 grupos del torneo expandido a 48 selecciones –aún pendientes seis plazas del repechaje–. El evento, conducido por Heidi Klum, Kevin Hart y Danny Ramírez, contará con actuaciones de Village People, Robbie Williams y Andrea Bocelli, además del debut del Premio FIFA de la Paz, donde Trump figura como favorito.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha invitado a los tres líderes anfitriones para proyectar una «América del Norte unida», en un guiño al TMEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá), cuyo revisión en 2026 pende como espada de Damocles.
El trasfondo geopolítico añade gravedad al periplo. Trump, en su segundo mandato, ha impuesto aranceles del 25% a importaciones mexicanas y canadienses desde febrero de 2025, alegando «amenazas» por migración y narcotráfico –medidas pausadas temporalmente tras negociaciones, pero exentas solo para bienes compliant con el TMEC–. Sheinbaum, firme en su soberanía, desmintió rumores de caducidad inminente del tratado: «Hay revisión, pero no termina en 2026; va a salir bien». Insistió en «cooperación sin subordinación», recordando que México rechaza intervenciones unilaterales, como las insinuadas por Trump contra cárteles. Próxima semana, equipos de seguridad bilateral se reunirán para alinear esfuerzos.
El fútbol, pasión nacional en México, sirve de telón. Sheinbaum, ausente en la inauguración del 11 de junio de 2026 en el Estadio Azteca –donde cederá el boleto 001 a una niña indígena aficionada–, usará el viaje para dialogar con la diáspora mexicana en EE.UU. Carney, quien asumió como premier liberal en marzo de 2025 tras la renuncia de Justin Trudeau, completa el trío: su gobierno impulsa oleoductos y captura de carbono para fortalecer la integración energética norteamericana.
Analistas ven en este cruce un equilibrio delicado. «El sorteo no es solo deporte; es diplomacia en tiempo real», opina el experto en relaciones México-EE.UU., Jorge Castañeda. Para Sheinbaum, es oportunidad de blindar exportaciones –México mantiene una de las mejores posiciones comerciales globales pese a los aranceles– y avanzar en la revisión del TMEC, que inicia consultas públicas este mes. }