Ciudad de México.- Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo abordó con mesura y un toque de consejo paternal la polémica aspiración del senador Saúl Monreal Ávila a la gubernatura de Zacatecas, un estado minero de 1.6 millones de habitantes enclavado en el corazón de México, conocido por su herencia virreinal, sus fiestas de Moros y Cristianos y una historia política marcada por caudillos locales y disputas familiares que evocan las dinastías del siglo XIX.
Este intercambio, que surgió en medio de preguntas sobre seguridad, economía y el reciente informe de su primer año de gobierno —celebrado el domingo en un Zócalo abarrotado por 400,000 simpatizantes bajo una lluvia de confeti tricolor—, no solo expuso las tensiones internas en Morena, el partido guinda que arrasó en las urnas de 2024 con el 59% de los votos presidenciales, sino que también reavivó el debate nacional sobre el nepotismo en la política, un mal endémico que ha salpicado desde los caciques priístas hasta las élites contemporáneas, y que Sheinbaum ha combatido con reformas constitucionales impulsadas desde febrero de 2025 para blindar la equidad en las candidaturas.
La mandataria respondió con una sonrisa serena y un énfasis en lo personal: “Pues que se espere seis años. Está joven, muy joven él”. Esta recomendación, pronunciada ante un mar de micrófonos y cámaras que transmiten en vivo a millones vía YouTube y Televisa, aludía directamente a la prohibición antinepotismo incorporada a los estatutos de Morena, que veta a familiares directos de servidores públicos en funciones para contender por el mismo cargo hasta que concluyan su mandato, extendiéndose a 2030 pero aplicada de inmediato por el partido en Zacatecas para las elecciones intermedias de 2027. “Mi recomendación personal, no de la Presidenta Claudia, es que se espere seis años. Tiene mucha vida por delante todavía, mucha vida política por delante”, agregó Sheinbaum, separando deliberadamente su rol institucional de su consejo como correligionaria. Insistió en que, de Monreal optar por migrar a la oposición, “allá lo evaluará la gente, ¿verdad?”, remitiendo la decisión última a la soberanía electoral, un principio sacro de la Cuarta Transformación que Morena enarbola desde su fundación en 2014 como antídoto al «bipartidismo corrupto».
El detonante de esta réplica fue la declaración del domingo 5 de octubre de Saúl Monreal, emitida a las afueras del Zócalo tras el mitin de informe de Sheinbaum —un evento de tres horas con discursos de gobernadores aliados, bailes folclóricos y promesas de continuidad en programas sociales como la Pensión para Adultos Mayores, que beneficia a 11 millones de mexicanos—. El senador zacatecano de 47 años, moreno de tez curtida por el sol de la Sierra de Fresnillo y con una carrera política que despegó en 2018 como diputado federal, reafirmó con vehemencia: “El que respira, aspira. Mi aspiración sigue intacta y firme”. Ante reporteros que lo rodeaban con grabadoras en alto, no cerró puertas a una alianza con el PAN o el PRI. “Vamos a analizarlo. Vamos a verlo. No está descartado, va a depender del proceso que se lleve en Morena”, sentenció, advirtiendo que primero “dará la lucha al interior del partido”, pero que vigilará si el proceso es “transparente e incluyente”, un eufemismo para denunciar posibles favoritismos.
Saúl Monreal, oriundo de Fresnillo , no es un novato en estas lides: egresado de la Universidad Autónoma de Zacatecas en Derecho, escaló desde regidor en 2007 hasta senador en 2018, impulsando leyes contra la corrupción y por la minería responsable en un estado que produce el 10% del plomo nacional pero sufre 1,200 homicidios anuales. Su desafío actual remite a tensiones previas, como el «videoescándalo» de septiembre donde denunció una «campaña mediática» para «borrarlo de la sucesión», interpretado como dardo a facciones internas que ven en los Monreal un riesgo de dinastía, similar al caso de los Padrés en Sonora o los Quintero en Durango.
Morena, con 2 millones de militantes y una estructura que prioriza encuestas internas, ha aplicado el candado antinepotismo para proyectar austeridad y renovación, alineándose con la visión de la presidenta de una «transformación sin herencias», pero esto ha avivado críticas de «exclusión selectiva» en redes sociales, donde #MonrealFuera acumula 50,000 menciones en 24 horas.
Este episodio no solo tensiona a Morena en Zacatecas, sino que ilustra las grietas en el bloque de la 4T ante 2027, con elecciones en 17 estados y posibles coaliciones opositoras como Va por México (PAN-PRI-PRD). Sheinbaum, con aprobación del 68% según El Financiero, confía en que «los procesos se resuelvan con respeto a la ley y la voluntad popular», un guiño a la democracia interna que Morena presume con foros ciudadanos. Mientras, Monreal se perfila como un comodín: ¿lealtad guinda o salto al abismo opositor?



