Este mes, agosto, es el aniversario de Revólver, el long play que marcó una inflexión en la música de The Beatles, se cumplen 60 años de la salida del disco y 52 de que lo tuve en mis manos y empecé a escucharlo, Carlos Marentes, generoso como es, tomó la decisión de iniciarme en su música, que se convirtió en la mía. Me dijo que era el mejor disco de los cuatro de Liverpool y durante décadas no lo puse en duda. Después vinieron no necesariamente en este orden El Disco Blanco, El Sargento Pimienta, Help!, Rubber Soul, Abbey Road, ya estaba listo para por mi cuenta comprar Let it Be, mi primer disco. Los Beatles llegaron acompañados por la misma mano de Marentes por Joe Cocker, Cream, Jimi Hendrix, Abraxas de Carlos Santana y la siempre actual Black Magic Woman. Más, por ejemplo Jim Morrison y por él supe que Rod Stewart había empezado como vocalista de The Faces. Con Marentes también llegaron libros, recuerdo una vez que recorriendo una librería le pedí prestados cinco pesos para comprar en dos tomos México Insurgente de John Reed, luego de prestármelos y pagar los 15 pesos, me comentó que también le habían interesado, puse cara de póker y si la frase ya existiera hubiera pensado: “lástima Margarito”.
Decidió convertirse en mi proveedor de literatura marxista, con regularidad me vendía libros de Friedrich Engels, Lenin; recuerdo especialmente un comentario de él sobre una obra de Stalin: “es uno de los libros más importantes de difusión, cuando Stalin era joven”, las ventas eran en dólares, pero eran centavos, los caros costaban una peseta, solía pasar con tres o cuatro obras apenas el dólar. El periódico que editaba en la secundaria era rentable y alguna ocasión compré dos o tres dólares y el regalo fue el Libro Rojo de Mao, en un formato de bolsillo y con una cubierta de plástico y un contenido que en ese momento consideré un ejercicio de alguien que quiere ser filósofo, como hoy veo a Paulo Coelho. Los libros generalmente eran de un tamaño poco mayor al cuarto de oficio, pasta crema y su pie de imprenta informaba que eran impresos en Pekín con tiros de cientos de miles. Aún conservo algunos. Un día en las vacaciones de verano de mi tránsito de la secundaria a la preparatoria, sin más ni más, por lo menos para mí, Octavio Páez nos mandó a la calle a reportear, yo en realidad de fotógrafo de Marentes, él era el reportero y a la vez se seguía desempeñando como caricaturista y formador del diario La Crónica, dirigido por dos Aurelio Páez, fue el verano de 1973. Fue un día terrible para ambos, estábamos desorientados. La novatez sólo duró 24 horas, Marentes en no más de un mes demostraba su solvencia, tanto de reportero como de redactor.
Regresando a Revólver
El álbum Revolver, lanzado por The Beatles en 1966, representa una de las cumbres creativas más importantes en la historia del rock y el punto de quiebre definitivo en la evolución artística del cuarteto de Liverpool. Dejando atrás la etapa de la beatlemanía comercial y el rock and roll tradicional, este disco consolidó a la banda como un colectivo de experimentación sonora y composición vanguardista. Desde el tema inicial, Taxman, el disco establece un tono cínico, afilado y moderno. La producción, de George Martin, y la ingeniería de sonido a cargo de Geoff Emerick rompieron los moldes tradicionales de los estudios Abbey Road. En Revólver se introdujeron y perfeccionaron técnicas pioneras como:
El uso extensivo del automatic double tracking (ADT) para duplicar voces e instrumentos de manera artificial. La manipulación de cintas magnéticas a velocidades invertidas (backwards tapes), evidentes en piezas psicodélicas como Tomorrow Never Knows. La incorporación de arreglos de metales y cuerdas disonantes, como en la magistral Eleanor Rigby, donde un cuarteto de cuerdas toca con una crudeza inusual para la época, sin rastro de instrumentos de rock convencionales.
Diversidad estilística y madurez lírica El repertorio de la obra destaca por su eclecticismo. Lejos de mantener una sola línea genérica, el álbum transita con fluidez entre distintos mundos musicales:
El rock ácido y proto-psicodelia: Representado por Tomorrow Never Knows, basada en los textos del libro El viaje psicodélico y loops de cinta reproducidos simultáneamente. La influencia oriental: Con Love You To de George Harrison, que profundiza en la instrumentación clásica de la India (sitar y tabla) iniciada previamente en Rubber Soul. La melancolía acústica y pop barroco: Ejemplificada en obras maestras de la introspección como For No One y Here, There and Everywhere, donde la estructura armónica revela una madurez compositiva notable en Paul McCartney. El folk rock y la experimentación lúdica: A través de temas como Yellow Submarine o la ensoñación de John Lennon en She Said She Said y I’m Only Sleeping.
Legado cultural Revólver no solo marcó el adiós definitivo de The Beatles a las giras en vivo debido a la imposibilidad técnica de replicar estos sonidos sobre un escenario, sino que transformó el formato del álbum de estudio. Dejó de ser una simple colección de sencillos comerciales para convertirse en una obra conceptual y artística integral, influyendo de manera directa en el desarrollo del rock progresivo, la música electrónica y la psicodelia de finales de los años sesenta. A lo largo de los años escuché decir que el mejor disco de The Beatles era el Álbum Blanco, otros coincidían con Revólver. Los he escuchado todos muchas veces y jamás dudé del juicio de Carlos Marentes, con quien perdí contacto cuando por esos años “pisó bandera”, como decía Octavio Páez, al referir que Marentes había arreglado residencia y se había ido a vivir a Albuquerque. Me gustan todos, hasta los primeros, que son medio ñoños y me mantuve firme con Revólver hasta que mi hija la mayor, Diana, me dijo que para ella el lado B de Abbey Road era lo mejor, hace no mucho, tres o cuatro años. Hice el ejercicio de escucharlos en forma consecutiva más de una vez, pensando que el mejor sería el que me hiciera más feliz: el lado B me puso a bailar, pero el chelo de Eleanor Rigby me encanta. A lo mejor el lado B de Abbey Road es mejor, aunque siempre estoy dispuesto a escuchar, con calma y atención, The Long and Winding Road, que se encuentra en Let it Be.
(Agradezco la colaboración de Gemini en el análisis de Revólver)



