En 1987 el PRI aún se consideraba invencible. Dentro de sus filas, un grupo de militantes —entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez— formó la Corriente Democrática. Pedían que el candidato presidencial se eligiera de forma abierta y no por el dedazo del presidente en turno. La cúpula los rechazó. Cárdenas, entonces gobernador de Michoacán e hijo de Lázaro Cárdenas, abandonó el partido que había gobernado durante décadas. Encabezó el Frente Democrático Nacional y en 1988 disputó la Presidencia a Carlos Salinas de Gortari. Cuando el conteo preliminar lo favorecía, el sistema “cayó”. Los resultados oficiales lo dejaron en segundo lugar. El episodio quedó como uno de los fraudes más cuestionados de la historia electoral mexicana y como el momento en que la hegemonía priista comenzó a resquebrajarse de verdad.
Un año después, el 5 de mayo de 1989, Cárdenas y sus aliados fundaron el Partido de la Revolución Democrática. El nombre no era casual: convocaba a una revolución, pero por la vía democrática. El PRD se convirtió durante más de dos décadas en el principal instrumento de la izquierda electoral. Cárdenas volvió a ser candidato presidencial en 1994 y en 2000. No ganó ninguna de las tres veces, pero cada una de esas campañas amplió el espacio de la oposición y normalizó la idea de que el PRI podía ser derrotado.
El primer triunfo de oposición en la capital
El 6 de julio de 1997 los capitalinos eligieron por primera vez a su jefe de Gobierno. Cárdenas, abanderado del PRD, derrotó al PRI en el bastión que durante décadas había designado regentes. Asumió el cargo el 5 de diciembre de ese año y lo dejó en 1999 para buscar de nuevo la Presidencia. Fue el primer gobernante electo del entonces Distrito Federal y el primer gran triunfo de la oposición en una entidad clave. Aquella victoria demostró que la transición no era solo un discurso: se podía ganar en las urnas donde el PRI había sido casi invencible.
Durante años Cárdenas fue la figura central de esa transición. Rompió el monopolio, obligó a reformas electorales y abrió el camino que culminó con la alternancia de 2000. El PRD, el partido que él fundó, fue el vehículo de esa apertura. Sin esa ruptura interna del PRI y sin la organización posterior, la historia política de las últimas tres décadas habría sido distinta.
El desplazamiento
Andrés Manuel López Obrador creció políticamente dentro del mismo espacio que Cárdenas había abierto. Ambos coincidieron en el PRD. Para 2006, sin embargo, el partido prefirió a López Obrador. Cárdenas se retiró de la contienda interna y le dejó el camino libre. AMLO abandonó después el PRD y fundó Morena. Cárdenas nunca se sumó a esa fuerza. Renunció al PRD en 2014, en medio de crisis internas y desacuerdos, y se mantuvo al margen. Criticó decisiones de gobierno en materia energética, económica y de seguridad. En 2019 dijo que no veía al gobierno de López Obrador ni a Morena como izquierda.
El 31 de enero de 2023 la distancia se hizo pública y explícita. En la conferencia mañanera, López Obrador fue preguntado por la participación de Cárdenas en el colectivo Méxicolectivo. Lo calificó de adversario político. Dijo que lo estimaba, que lo respetaba y que lo consideraba precursor del movimiento, pero añadió que “esta ancheta está muy angosta”: se estaba con el pueblo o con la oligarquía, y no había justo medio. Situó al ingeniero “más cerca del bloque conservador” y habló de un “ala moderada” del conservadurismo. Al día siguiente matizó que no lo había incluido personalmente en ese grupo, pero el señalamiento ya estaba hecho.
La rechifla y el mensaje
Años antes, en abril de 2005, durante la marcha contra el desafuero de López Obrador en el Zócalo, Cárdenas y Muñoz Ledo fueron recibidos con rechiflas. hace unos días, durante los funerales de Cárdenas, el dirigente social Marcos Rascón acusó al propio López Obrador de haber organizado aquellos abucheos para erosionar el liderazgo del ingeniero y consolidar el suyo. Independientemente de si la versión se confirma o no, el episodio quedó en la memoria de quienes observaron cómo se reacomodaban las lealtades dentro de la izquierda.
Morena no es heredera del legado de Cárdenas. El hombre que rompió el PRI desde adentro, que fundó el Partido de la Revolución Democrática y que ganó la primera elección popular en la capital fue apartado del proyecto que él mismo había abierto. Quien ahora reclama esa herencia es quien lo desplazó y, en su momento, lo confrontó públicamente. La transición democrática mexicana tiene en Cárdenas a uno de sus principales artífices; el relato que lo convierte en antecesor directo de la Cuarta Transformación omite el desplazamiento, las críticas y las rupturas que marcaron sus últimos años…claramente Cuauhtémoc Cárdenas, deja un legado democrático, pero sus herederos no son Morena y López Obrador.



