Ni venganza ni perdón.- El libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra, ha desatado una nueva ola de debates políticos al exponer detalles sobre la relación de Javier Corral Jurado con el círculo más cercano del poder federal. En la obra, el exconsejero jurídico describe al exgobernador de Chihuahua como un actor clave en las dinámicas de fragmentación interna que marcaron la primera mitad del sexenio, contradiciendo la imagen de cohesión que el gobierno intentó proyectar durante la transición de mandatos estatales.
Scherer detalla en diversos pasajes las dificultades operativas y las fricciones presupuestales que definieron el trato con Corral. De acuerdo con el texto, la relación del chihuahuense con el Ejecutivo federal estuvo sujeta a las intrigas de palacio, donde la lealtad política se mezclaba con intereses locales y estrategias de supervivencia ante la Fiscalía General de la República. El autor utiliza la figura de Corral para ilustrar cómo figuras externas al núcleo original del partido oficialista se convirtieron en piezas de un tablero de poder marcado por la desconfianza mutua.
La obra también alude a la participación de Corral en las mesas de negociación donde se definían los apoyos económicos extraordinarios para el cierre de su administración. Scherer sostiene que estas gestiones no estuvieron exentas de presiones y que el exmandatario estatal se vio envuelto en las pugnas que él mismo mantenía con el fiscal Alejandro Gertz Manero. Esta narrativa coloca a Corral no solo como un aliado estratégico, sino como un personaje que operó en medio de un «canibalismo político» donde las deudas y los favores eran la moneda de cambio común.
Tras la difusión de estos capítulos, analistas señalan que las menciones de Scherer buscan desmitificar la figura de Corral como un referente de pureza institucional, exponiendo en su lugar a un político que debió navegar entre las vendettas internas del gabinete presidencial y lealtades inciertas. Las revelaciones han generado incomodidad en los círculos políticos de Chihuahua, donde el legado de Corral sigue siendo un tema de profunda división, mientras el exgobernador ha mantenido una postura de reserva frente a las afirmaciones de quien fuera el principal arquitecto jurídico del sexenio.