Londres, Reino Unido.- El Gobierno británico ha interrumpido el intercambio de información de inteligencia con Estados Unidos sobre presuntas narcolanchas en el Caribe, una medida que busca desvincularse de los ataques aéreos estadounidenses que han causado decenas de muertes desde septiembre. Fuentes oficiales en Londres confirmaron que esta decisión, adoptada hace un mes, responde a la convicción de que tales operaciones violan el derecho internacional al configurarse como ejecuciones extrajudiciales sin proceso judicial. La suspensión afecta datos recopilados por el Reino Unido a través de sus lazos con excolonias caribeñas y sistemas de vigilancia en territorios como las Islas Caimán, Turks y Caicos, Anguilla, Islas Vírgenes Británicas y Montserrat.
La revelación, adelantada por la cadena estadounidense CNN, llega en un momento de crecientes críticas internacionales a la política de mano dura impulsada por el presidente Donald Trump contra el narcotráfico vinculado a Venezuela. Desde su regreso a la Casa Blanca, Washington ha intensificado los bombardeos con drones y misiles contra embarcaciones detectadas en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, alegando que sirven de ruta para el envío de cocaína hacia territorio norteamericano. Sin embargo, organizaciones como la ONU han denunciado estos ataques como infracciones graves, con al menos seis fallecidos en un incidente reciente y sobrevivientes en otro que ha expuesto la falta de identificación previa de las tripulaciones.
Dimisión en el mando militar estadounidense marca el malestar interno
El rechazo británico encuentra eco en las filas del Ejército de Estados Unidos, donde el almirante Alvin Holsey, responsable del Mando Sur bajo cuya jurisdicción caen estas operaciones, ha anunciado su salida del cargo el próximo 12 de diciembre. Holsey, quien asumió el puesto a finales de 2024, expresó desacuerdos profundos con la escalada de ataques, una postura que comparte con sectores de la oposición demócrata y que ha generado tensiones con el secretario de Defensa. Esta dimisión, poco habitual en la estructura castrense norteamericana, subraya las divisiones internas ante una estrategia que el Gobierno de Trump defiende como esencial para desmantelar redes ligadas al régimen de Nicolás Maduro en Caracas.
En el Caribe, los bombardeos han multiplicado los incidentes letales. El jueves pasado, un ataque en el Pacífico oriental dejó cuatro muertos en una lancha interceptada, mientras que en octubre un operativo similar en aguas venezolanas permitió por primera vez la captura de testigos que negaron vínculos con el narcotráfico. La ONU ha instado a Washington a cesar estas acciones, argumentando que privan a los sospechosos de derechos básicos y agravan la inestabilidad regional.
Ironía en la alianza de los Cinco Ojos y la cautela canadiense
La medida británica adquiere un matiz irónico dentro de la red de inteligencia de los Cinco Ojos, el pacto que une a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda en el reparto de datos electrónicos. Desde julio, la directora nacional de Inteligencia de Estados Unidos, Tulsi Gabbard –conocida por sus posiciones cercanas a Moscú–, ordenó restringir la entrega de información a los aliados sobre el conflicto en Ucrania, con el fin de no facilitar acciones contra Rusia. Ahora, es Londres el que invierte los roles, priorizando el cumplimiento normativo sobre la lealtad tradicional.
Canadá, por su parte, mantiene una colaboración más matizada. Ottawa ha aclarado que sus fuerzas navales no han intervenido en los bombardeos ni suministrado datos directos para ellos, aunque persiste en el apoyo al Servicio de Guardacostas estadounidense en patrullas rutinarias por la región. Esta postura equilibrada contrasta con la firmeza británica y refleja las presiones diplomáticas en un hemisferio donde el narcotráfico choca con la soberanía de naciones como Venezuela y Colombia.
El primer ministro laborista Keir Starmer, quien ha evitado pronunciarse públicamente sobre el corte de inteligencia, enfrenta ahora el desafío de equilibrar la relación transatlántica con los principios éticos de su Gobierno. Analistas en Londres advierten que esta fisura podría extenderse si los ataques persisten, erosionando la confianza en una alianza forjada en décadas de cooperación contra amenazas globales.



