Reglas claras en el PAN: Jáuregui
El reciente pronunciamiento en video de César Jáuregui ha sacudido el escenario político interno de Acción Nacional en Chihuahua, detonando un intenso debate sobre los métodos de definición para la próxima candidatura a la alcaldía de la capital. La intervención del exfuncionario ocurre en un momento de alta sensibilidad institucional, marcado por la disputa abierta entre distintos grupos del blanquiazul que buscan asegurar condiciones de equidad frente a la cercanía de los comicios locales.
En su mensaje, el centro de la postura de Jáuregui radicó en demandar transparencia y orden en los procesos de selección, depositando su confianza en la dirigencia nacional para conducir el proceso sin sesgos ni imposiciones cupulares. Al respecto, el político fijó su postura enfatizando de forma textual lo siguiente:
«Tengo absoluta confianza en que el CEN del PAN sabrá establecer reglas claras para la selección de candidatos, garantizando que se elija a los perfiles más competitivos, tal como se hizo exitosamente en 2021 con la elección de Maru Campos a la gubernatura y Marco Bonilla a la presidencia municipal.»
Este llamado adquiere una profunda relevancia contextual y táctica. Por un lado, apela a la memoria de procesos pasados donde la unificación bajo reglas transparentes permitió al partido sortear divisiones internas y alzarse con triunfos clave en el estado. Por otro lado, funciona como un mensaje directo frente a las presiones y los reacomodos de los grupos locales y del gabinete estatal, los cuales buscan inclinar la balanza hacia sus propios cuadros en la capital.
La exigencia de un proceso apegado a la competitividad busca blindar al partido contra fracturas profundas que mermen su fuerza electoral. Para la militancia y los liderazgos de base, recordar el precedente de dos mil veintiuno representa una exigencia de piso parejo, donde la rentabilidad política y el consenso sustituyan a cualquier intento de cargada o dedazo institucional. El posicionamiento de Jáuregui obliga así a la dirigencia nacional a asumir un papel de arbitraje estricto para mantener la cohesión en uno de los bastiones panistas más importantes del norte del país de cara a la próxima contienda.
Fractura insalvable en Morena
El evento conjunto de los aspirantes de Morena a la gubernatura, la senadora Andrea Chávez y el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, celebrado en el polideportivo de La Montada, dejó al descubierto una realidad innegable. Lo que se quiso vender como un encuentro de unidad en defensa de la soberanía demostró con claridad que la profundidad de la fractura interna en Morena es insalvable.
La concentración de fuerzas expuso las distintas formas de operar de cada equipo, generando lecturas encontradas. Dependiendo de si son simpatizantes u opositores los que juzgan el acarreo de personas, las opiniones se dividen: unos ven colmillo político y otros falta de escrúpulos. El alcalde Cruz Pérez Cuéllar demostró su músculo operativo al movilizar al setenta por ciento de los asistentes, integrando de manera masiva a numerosas personas adultas mayores beneficiarias de los programas de pensión gubernamental.
Esta movilización de sectores vulnerables trajo consigo un severo costo humano y logístico debido al trato dispensado a los asistentes. Los contingentes fueron citados desde las siete de la mañana bajo la promesa de un horario puntual, pero el evento se demoró de manera injustificada y vino arrancando por lo menos cuarenta minutos después de la hora anunciada a las diez de la mañana.
Esta larga espera de más de cuatro horas en condiciones poco óptimas provocó estragos físicos inmediatos entre la concurrencia de la tercera edad. El saldo crítico de este despliegue de acarreo se materializó cuando un señor de setenta y cinco años de edad se desmayó en el recinto a causa del cansancio y la prolongada exposición, teniendo que ser auxiliado y sacado del lugar en camilla ante la mirada de los presentes.
A pesar de este incidente que evidenció el uso político de la estructura social, al interior del recinto se vivió una intensa pugna sonora. En la competencia de porras sobresalió el bloque movilizado por el alcalde, ya que sólo el treinta por ciento de la asistencia coreaba a Andrea Chávez. No obstante lo anterior, los momentos fueron ensordecedores y aquello parecía una auténtica competencia de matraqueros y porras.
El contraste en la asistencia, la movilización de adultos mayores y la tensión palpable permiten columbrar que Cruz Pérez Cuéllar será el candidato a la gubernatura —en una fórmula donde también se perfila a Mayra Chávez para la alcaldía—, y que Morena llegará muy dividido a la elección del 2027 tras exhibir dinámicas de operación que priorizan el músculo político por encima del bienestar de la ciudadanía.
Vacío técnico en el INE; en riesgo las elecciones
El despido de ochocientos treinta y seis trabajadores con amplia trayectoria en el Instituto Nacional Electoral representa un golpe severo para la organización de los próximos comicios. Este personal técnico especializado formaba el núcleo operativo encargado de garantizar que cada etapa de una elección ocurra sin errores ni dudas sobre su imparcialidad.
El primer riesgo evidente es la pérdida de memoria institucional. Organizar votaciones en un país tan grande no depende solo de las leyes escritas, sino de una compleja serie de procedimientos prácticos que se aprenden con los años. Entre estas tareas figuran la correcta ubicación de casillas, la distribución segura de las boletas, la supervisión de los conteos rápidos y la operación de los sistemas de resultados preliminares. Sin los expertos que manejaban estos procesos a la perfección, la probabilidad de cometer fallas logísticas aumenta de manera preocupante.
Otro problema grave es la sustitución de perfiles calificados por personal nuevo que carece de la especialización necesaria. Cuando el INE despide a los líderes de proyecto, coordinadores y técnicos con experiencia de décadas, las vacantes suelen cubrirse con puestos administrativos básicos o personas sin carrera electoral. Esto debilita el equilibrio técnico que el instituto necesita para mantenerse neutral frente a cualquier presión de los partidos políticos.
Además, la falta de experiencia en los mandos operativos afecta la confianza pública. Los partidos políticos y la ciudadanía observan con desconfianza estos despidos masivos. Si ocurre cualquier falla técnica o retraso el día de la jornada electoral, las sospechas de fraude o ineptitud crecerán rápidamente. Esto provocará una mayor cantidad de conflictos legales y demandas para anular resultados en las mesas de votación.
Finalmente, los trabajadores que se quedan en la institución enfrentan una carga laboral excesiva. Trabajar bajo presión extrema y sin el apoyo de los expertos despedidos eleva el cansancio y multiplica el riesgo de cometer errores humanos durante los cómputos distritales.
En resumen, prescindir mediante estos despidos masivos de este capital humano debilita el blindaje técnico del proceso electoral, pone en duda la certeza de los resultados y abre la puerta a una crisis de credibilidad democrática que el país pudo evitar.



