Pekín, China.- La crisis registrada en el estrecho de Ormuz ha evidenciado la efectividad de la estrategia que China ha implementado durante más de dos décadas para reducir su dependencia de las importaciones marítimas de energía, superando así los temores históricos derivados del llamado dilema de Malaca.
En el año 2003, el entonces presidente chino, Hu Jintao, advirtió sobre la vulnerabilidad del país ante un potencial bloqueo en el estrecho de Malaca, ruta por la cual transitaba cerca del 80 por ciento de las importaciones energéticas del gigante asiático. Ante el riesgo de que potencias hostiles interrumpieran el suministro en un escenario de conflicto, el gobierno chino emprendió una serie de medidas estructurales para blindar su economía.
Entre las acciones adoptadas destacan el fortalecimiento de su Armada para elevar el costo estratégico de cualquier bloqueo, la diversificación de sus fuentes de abastecimiento, la acumulación masiva de reservas estratégicas de hidrocarburos y una acelerada transición hacia la electromovilidad.
Los datos recientes confirman la menor dependencia de Pekín frente a los mercados de Oriente Medio en comparación con otras potencias de la región. Antes del estallido del conflicto, China importaba aproximadamente el 60 por ciento de su petróleo desde esa región, una proporción inferior a la de naciones vecinas como Japón, que supera el 90 por ciento. En el rubro del gas, el país obtenía por vía marítima el 54 por ciento de sus compras externas, pero solo el 17 por ciento procedía de Oriente Medio, mientras que el resto ingresaba principalmente a través de gasoductos terrestres desde Rusia y Asia Central, inmunes a cortes navales.
Asimismo, la infraestructura interna ha contribuido a mitigar riesgos mediante el incremento en la producción de gas natural en yacimientos nacionales ubicados en Sichuan, Xinjiang, Shaanxi y Mongolia Interior, sumado a la exploración petrolera en el mar de Bohai.
Un factor determinante ha sido la rápida adopción de vehículos eléctricos y de nuevas energías, los cuales desplazan diariamente alrededor de un millón de barriles de consumo en combustibles fósiles. De acuerdo con proyecciones del sector, esta cifra podría cuadruplicarse hasta superar los cuatro millones de barriles diarios hacia el año 2035.
Expertos internacionales señalan que, a diferencia de otros países altamente dependientes del transporte marítimo, China ha logrado sortear las interrupciones recientes sin la necesidad de recurrir de manera emergente a sus reservas estratégicas de petróleo, las cuales superan los 500 millones de barriles, consolidando su seguridad energética frente a escenarios geopolíticos adversos.



