Moscú, Rusia.- La propuesta del presidente Donald Trump de adquirir Groenlandia, reiterada con fuerza esta semana en el Foro Económico Mundial de Davos, desató en Rusia una oleada de comentarios que combinan satisfacción estratégica, burla hacia Europa y creciente inquietud por el futuro del Ártico.
Medios estatales, funcionarios y analistas prorrusos celebraron el movimiento como un golpe histórico contra la unidad transatlántica. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, reconoció que una eventual toma de Groenlandia por Estados Unidos entraría “en la historia mundial”, sin juzgar su legalidad. El periódico Rossiyskaya Gazeta lo equiparó a hitos como la abolición de la esclavitud por Lincoln o las conquistas napoleónicas, sugiriendo que, de concretarse para el 4 de julio de 2026 —250 aniversario de la independencia estadounidense—, Trump se uniría al panteón de figuras que engrandecieron a su nación.
El canciller Serguéi Lavrov fue más explícito: calificó el control danés sobre Groenlandia como vestigio colonial y trazó paralelismos con la anexión rusa de Crimea, afirmando que la isla “no es menos importante para la seguridad de Estados Unidos que Crimea para Rusia”. Lavrov y otros voceros, como el enviado Kirill Dmitriev, interpretaron la iniciativa como el fin de la “unidad transatlántica” y una “profunda crisis” para la OTAN, un bloque que Moscú ve como amenaza desde hace décadas.
Varios medios, entre ellos RIA Novosti, se burlaron de la “impotente rabia” europea y destacaron que el “alboroto” por Groenlandia ha desplazado la atención de Ucrania, dejando al presidente Volodymyr Zelenskyy “fuera de combate” y facilitando negociaciones discretas entre enviados de Trump y Moscú para poner fin a la guerra.
Sin embargo, la reacción no fue unánimemente triunfalista. Analistas y blogueros militares expresaron preocupación por las implicaciones en el Ártico, región clave para la Flota del Norte rusa, los recursos minerales y la disuasión nuclear. El tabloide Moskovsky Komsomolets advirtió que Groenlandia en manos estadounidenses convertiría el Ártico de zona de cooperación en “zona de confrontación”, amenazando proyectos económicos rusos y aislando estratégicamente a Moscú. El bloguero Aleksander Kots afirmó que Trump busca “apoderarse del Ártico ruso”, mientras Dmitry Medvedev cuestionó el costo de la operación y sus posibles efectos sobre la OTAN.
Aunque el Kremlin mantiene un tono cauto y habla de posibles áreas de cooperación con Washington, el debate ruso revela una dualidad: alegría por las fracturas en Occidente y alarma ante un competidor más asertivo en la región polar. Trump, por su parte, negó intenciones de fuerza y confirmó reuniones con Zelenskyy para buscar el fin del conflicto ucraniano, en un contexto donde Groenlandia se ha convertido en inesperado catalizador de tensiones globales.
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