BOGOTÁ, Colombia.— Los recientes movimientos telúricos que sacudieron a Colombia y Venezuela con pocas semanas de diferencia responden a dinámicas geológicas totalmente independientes y contextos tectónicos distintos, de acuerdo con análisis de especialistas y organismos sismológicos de la región.
A pesar de que ambas naciones comparten frontera y de que la sucesión de eventos generó dudas sobre una posible conexión entre los desastres, la ubicación de los epicentros, la profundidad de los hipocentros y las placas tectónicas involucradas comprueban que se trata de fenómenos aislados.
En el caso de Venezuela, los sismos ocurridos en los estados Yaracuy y La Guaira se originaron por una interacción de transcurrencia dextral y movimiento de cizalla entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. Estos eventos presentaron sismos superficiales con profundidades de entre 10 y 20 kilómetros, lo que incrementó significativamente el impacto destructivo en superficie debido a que una menor profundidad amplifica la energía destructiva liberada.
Por el contrario, el fuerte sismo registrado en Colombia con epicentro en el departamento del Chocó obedeció a un proceso clásico de subducción, donde la placa de Nazca se hunde y fricciona por debajo de la placa Sudamericana. Este movimiento telúrico alcanzó una profundidad aproximada de 103 kilómetros, lo que modificó el patrón de propagación de las ondas sísmicas en comparación con los eventos venezolanos.
Especialistas del Servicio Geológico de Colombia y geólogos de la región recuerdan que Colombia registra un promedio de dos mil quinientos sismos mensuales debido a su alta complejidad tectónica y su cercanía con el Cinturón de Fuego del Pacífico, mientras que Venezuela se encuentra influenciada por fallas de desplazamiento lateral. Las autoridades científicas enfatizan que la proximidad territorial no implica vinculación física directa entre fallas geológicas tan distantes y con mecanismos de ruptura tan divergentes.



