Islamabad, Pakistan.- Pakistaníes lanzan en la madrugada del viernes 27 de febrero una serie de bombardeos aéreos contra posiciones en Kabul, Kandahar y Paktika, según confirmaron funcionarios de ambos países, en respuesta a una ofensiva talibán anunciada la noche anterior contra puestos militares pakistaníes en la frontera.
Los ataques, que afectaron instalaciones gubernamentales talibanes, marcan una escalada significativa en las hostilidades entre vecinos que comparten una porosa frontera de 2.600 kilómetros. El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja M Asif, declaró que su país se encuentra en «guerra abierta» con el gobierno talibán afgano, mientras el primer ministro Shehbaz Sharif afirmó que Islamabad posee «la capacidad completa para aplastar cualquier ambición agresiva».
El Talibán afgano había anunciado una operación «a gran escala» el jueves por la noche contra posiciones fronterizas pakistaníes, en represalia por bombardeos previos de Pakistán que, según Kabul, dejaron al menos 18 muertos, incluidos civiles. En los choques más recientes, ambas partes aseguran haber infligido graves bajas al adversario, aunque las cifras no han sido verificadas de forma independiente.
Las tensiones se remontan a la Línea Durand, trazada por los británicos en 1893 y nunca aceptada plenamente por Afganistán, lo que genera disputas territoriales y une a comunidades pastunes a ambos lados de la frontera mediante lazos familiares y étnicos.
Un factor clave es el Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), grupo insurgente que Pakistán acusa al gobierno talibán afgano de albergar y permitir que desde su territorio planee y ejecute ataques en suelo pakistaní, incluido un reciente atentado suicida en una mezquita chiita de Islamabad que dejó más de 30 muertos. Aunque el Estado Islámico reivindicó ese ataque, Islamabad sostiene tener «pruebas concluyentes» de la responsabilidad del TTP.
A diferencia de periodos anteriores, cuando Pakistán apoyó al Talibán durante su primer gobierno (1996-2001) y facilitó negociaciones para la retirada estadounidense en 2021, las relaciones se han deteriorado desde el regreso talibán al poder. Islamabad esperaba que Kabul frenara al TTP, pero analistas señalan que los vínculos históricos e ideológicos entre ambos grupos hacen improbable esa cooperación.
Militarmente, Pakistán posee una clara superioridad con aviación avanzada, tanques y capacidad nuclear, mientras el Talibán depende de armamento abandonado por fuerzas afganas previas y tácticas de guerrilla probadas contra potencias como Estados Unidos y la OTAN. Los recientes ataques pakistaníes contra instalaciones en ciudades clave como Kabul y Kandahar representan un cambio: ya no se limitan a supuestos campamentos militantes, sino que alcanzan al régimen talibán directamente.
La comunidad internacional expresó preocupación. La ONU urgió diálogo y diplomacia para evitar mayores daños a civiles. China se mostró «profundamente preocupada» y llamó a resolver diferencias por negociación. Irán ofreció mediar, mientras Qatar y Turquía han facilitado conversaciones previas en Doha y Estambul.
Un frágil cese el fuego acordado en octubre pasado tras enfrentamientos mortales se rompió en las últimas semanas. Analistas advierten que la retórica actual, con amenazas talibanes de «respuestas decisivas» y la disposición pakistaní a continuar operaciones, podría derivar en un conflicto prolongado si no se retoma el diálogo.
Miles cruzan diariamente la frontera por motivos familiares y comerciales, lo que aumenta la urgencia de normalizar relaciones entre ambos países. Por ahora, la situación permanece volátil, con intercambios de fuego esporádicos y llamados internacionales a la contención.