Saná, Yemen.- El estrecho de Bab el Mandeb vuelve a perfilarse como uno de los puntos más peligrosos del planeta tras una amplia ofensiva de los hutíes en la costa del mar Rojo, que incluyó la toma de la estratégica ciudad portuaria de Moka y nuevos ataques con drones contra infraestructura crítica en territorio de Arabia Saudita.
La campaña militar del movimiento yemení se desató luego de que el Gobierno de Yemen anunciara una ofensiva para recuperar la capital, Saná. Esta nueva espiral bélica amenaza con romper la tregua alcanzada en 2022 y arrastrar de nuevo a Riad a un conflicto del que intentaba distanciarse. Entre los blancos recientes figuran la base aérea King Khalid y el estratégico oleoducto Este-Oeste, infraestructura vital que transporta crudo y cuyo funcionamiento debió suspenderse temporalmente.
Aunque las primeras versiones apuntaban al grupo rebelde, el Ministerio de Exteriores saudita confirmó que los drones utilizados en la agresión contra el oleoducto fueron lanzados desde Irak. Ante este escenario, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán habría solicitado a Estados Unidos realizar ataques aéreos directos, una petición que Washington ha rechazado hasta el momento, mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que los hutíes se pusieron en contacto con él para manifestar que no buscan una confrontación abierta con su país.
Analistas advierten que la divergencia de objetivos entre Washington, Riad y el gobierno yemení —sumada a la sombra de Irán y al riesgo geopolítico sobre el comercio marítimo global— complica una salida pacífica. Si los ataques persisten en torno al mar Rojo y en suelo saudita, las potencias extranjeras podrían verse forzadas a intervenir de manera directa, convirtiendo la guerra de Yemen en el epicentro de un conflicto regional de gran escala.



