Marx Arriaga: ruptura ideológica en la 4T
La destitución de Marx Arriaga Navarro de la Dirección General de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, marca un quiebre significativo en la política educativa del gobierno de Claudia Sheinbaum. Arriaga, principal arquitecto de los libros de texto de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), defendió hasta el último momento un enfoque marxista-leninista que generó fuertes rechazos tanto de la oposición como de sectores moderados dentro del propio oficialismo.
La SEP justificó el cambio por la conversión del cargo a libre designación, pero el episodio se volvió tenso cuando Arriaga se atrincheró en su oficina, transmitió en vivo su protesta y denunció que su remoción obedecía a presiones para “desideologizar” los contenidos y eliminar el legado de Andrés Manuel López Obrador. La presencia policial para desalojarlo, calificada por la propia dependencia como “reproducible”, evocó prácticas autoritarias que el morenismo solía condenar.
Desde el oficialismo se argumenta que se le ofrecieron otras posiciones, las cuales rechazó, y que su intransigencia impedía ajustes necesarios, como mayor inclusión de la perspectiva de género en la historia. Para sus críticos, Arriaga representaba una radicalización que sacrificaba la calidad pedagógica en favor de la adoctrinación; para sus defensores, su salida simboliza la capitulación ante el conservadurismo y la derecha.
El caso revela fisuras en la continuidad de la Cuarta Transformación bajo Sheinbaum: un pragmatismo que busca gobernabilidad y consensos amplios choca con las bases más ideologizadas del movimiento. La convocatoria de Arriaga a una jornada de protesta de 24 horas y su llamado a “refundar” la SEP al parecer no tiene ninguna base social, pero podría tener eco en los morenitas que si creen que gobierna un partido marxista leninista, que los hay aunque sea difícil creerlo.
En última instancia, esta crisis no solo es personal, sino que interpela el rumbo de la educación pública mexicana: ¿priorizar la formación crítica y revisionista o apostar por un enfoque más científico y competitivo? La respuesta definirá el legado educativo de la actual administración.
Los Destapes de Andrea Chávez
En el turbulento panorama político de Chihuahua, el destape de la senadora Andrea Chávez Treviño como aspirante a la gubernatura para 2027 ha generado más controversia que consenso. Respaldada por figuras como Adán Augusto López Hernández, exsecretario de Gobernación y actual senador morenista, Chávez ha sido posicionada como la «inevitable» ganadora. López, en un acto que roza la campaña anticipada, declaró públicamente: «Yo sostengo que la senadora va a ser candidata y va a ser gobernadora de Chihuahua» . Esta afirmación no solo ignora los procesos internos de Morena, sino que evidencia una imposición desde las cúpulas, recordando las «corcholatas» de la sucesión presidencial, donde las encuestas parecieron meras simulaciones .
A este coro se suma Javier Corral Jurado, exgobernador panista de Chihuahua (2016-2021), quien sorprendentemente califica a Chávez como «la más viable» para la candidatura morenista . Esta alianza transpartidista despierta sospechas: Corral, otrora crítico del obradorismo, parece buscar relevancia en un Morena fragmentado, posiblemente a cambio de favores o inmunidad ante pasados escándalos. ¿Es genuino su apoyo o un cálculo oportunista para debilitar a rivales como la actual gobernadora María Eugenia Campos?
Por su parte, Brighite Granados, figura local de Morena, ha expresado «felicidad» ante el posible destape de Chávez, aunque su rol parece más decorativo que decisivo. Este trío de respaldos revela las fisuras en el oficialismo: Adán Augusto, impulsado por Andrés Manuel López Obrador y su hijo Andrés Manuel López Beltrán , desafía abiertamente a Claudia Sheinbaum y a Luisa María Alcalde, quien supervisa los filtros de candidatos. La imposición de Chávez, una joven diputada federal con trayectoria cuestionada por su cercanía al senador tabasqueño y acusaciones de nepotismo, ignora el descontento popular en Chihuahua, donde encuestas locales la muestran con resultados contradictorios y dispares.
Estos destapes perpetúan el clientelismo en Morena, priorizando lealtades personales sobre méritos. En un estado azotado por violencia y corrupción, Chihuahua merece un proceso democrático, no una coronación impuesta. Si esta dinámica prevalece, podría fracturar al partido y alienar al electorado, abriendo puertas a la oposición. La verdadera prueba vendrá en las internas: ¿triunfará el padrinazgo o la voluntad popular?
El espejismo del tucán potosino
La política en San Luis Potosí atraviesa un fenómeno atípico en el mapa nacional: un estado donde el color verde no es un accesorio estético de Morena, sino el eje del poder real. Bajo el mando de Ricardo Gallardo Cardona, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha construido un bastión cimentado en una aceitada red de programas sociales y una narrativa de ruptura con la herencia maldita del pasado bipartidista. Sin embargo, la sola idea de que el PVEM pueda retener la gubernatura en 2027 sin el cobijo de la estructura guinda plantea una interrogante sobre la solidez real de su hegemonía.
En el papel, el optimismo oficialista es absoluto. El propio gobernador ha declarado que cualquier candidato de su partido ganaría la entidad, apelando a una supuesta autosuficiencia electoral. Pero los datos ofrecen matices inquietantes. Mientras encuestas locales favorables al gobierno sitúan al PVEM con ventajas competitivas, mediciones nacionales de firmas como Massive Caller sugieren que San Luis Potosí es el estado que el Verde tiene más probabilidades de perder ante un Morena que, irónicamente, es su principal aliado y amenaza.
La posibilidad de una ruptura no es un ejercicio de política ficción. Liderazgos verdes han lanzado advertencias sobre su capacidad para competir en solitario, especialmente tras el prematuro posicionamiento de figuras como Ruth González Silva. No obstante, competir sin Morena implicaría enfrentarse a la marca política más potente del país y a un electorado potosino que, en las urnas federales, ha demostrado que su lealtad está con el proyecto de Claudia Sheinbaum por encima de las siglas locales. Sin la coalición, el PVEM corre el riesgo de descubrir que su fuerza no es propia, sino prestada por un sistema de alianzas que, de romperse, dejaría al tucán vulnerable frente a un gigante que ya reclama su turno de gobernar el estado.

