TOKIO, Japón.- Los japoneses se despiden este domingo de sus últimos pandas gigantes en el zoológico de Ueno, donde miles de fanáticos acuden para ver por última vez a los gemelos Xiao Xiao y Lei Lei antes de su partida definitiva hacia China el martes 27 de enero de 2026.
La salida de estos osos, nacidos en Tokio en 2021, marca el fin de más de medio siglo de presencia panda en el país. Por primera vez desde 1972 —cuando China envió a Kang Kang y Lan Lan como símbolo de la normalización diplomática—, Japón quedará sin ejemplares de esta especie emblemática.
Los gemelos, hijos de Shin Shin y Ri Ri, han sido una atracción masiva pese al límite de un minuto por visitante. Multitudes reservan turnos en línea, llevan peluches y gritan sus nombres mientras los animales mordisquean bambú. Entre ellos destaca Takahiro Takauji, un ingeniero web que ha tomado más de 10 millones de fotos desde hace 15 años. “Son como mis propios hijos”, confiesa en su hogar repleto de memorabilia panda, donde mantiene el blog “Every Day Pandas”.
La devoción popular contrasta con el contexto político. Beijing presta pandas bajo acuerdos de conservación —manteniendo la propiedad y cobrando tarifas anuales—, pero la diplomacia panda se ha politizado. El regreso se adelanta ligeramente al vencimiento original (febrero 2026), coincidiendo con el punto más bajo en las relaciones sino-japonesas en años.
Tensiones por disputas territoriales en el mar de China Oriental, el ascenso militar chino y comentarios de la primera ministra Sanae Takaichi —quien sugirió que una acción china contra Taiwán podría implicar intervención japonesa— han irritado a Beijing. El portavoz chino Guo Jiakun evitó compromisos: “Damos la bienvenida a los amigos japoneses a visitar pandas en China”.
El gobierno japonés, por su parte, lamenta la situación. El portavoz Minoru Kihara señaló retrasos chinos en aprobaciones consulares, mientras expertos calculan pérdidas económicas: el zoológico de Ueno podría perder unos 20,000 millones de yenes anuales (unos 128 millones de dólares) por la ausencia de pandas, según el profesor Katsuhiro Miyamoto de la Universidad de Kansai.
En las tiendas cercanas, productos con imagen de Xiao Xiao y Lei Lei siguen vendiéndose. “Son un símbolo de Ueno”, dice Asao Ezure, gerente de una tienda de recuerdos, quien se resiste a quitar carteles. “Volverán”.
La partida cierra un capítulo de “diplomacia panda” iniciado en los 70, cuando los osos ayudaron a suavizar vínculos históricos conflictivos. Ahora, con fricciones geopolíticas en aumento —incluyendo Taiwán y seguridad regional—, el futuro de nuevos préstamos parece incierto. Para millones de japoneses, la ausencia de estos adorables animales negros y blancos representa más que una pérdida zoológica: es un recordatorio tangible de cómo la política puede enfriar incluso los lazos más tiernos.
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