Jeffrey Epstein, el financista condenado por abusos sexuales que se suicidó en prisión en 2019, sigue generando interrogantes años después de su muerte. Uno de los principales enigmas era cómo un joven de origen modesto, sin título universitario, logró amasar cientos de millones de dólares y codearse con las élites de Wall Street, la política y la sociedad estadounidense.
Una investigación exhaustiva publicada este miércoles por The New York Times arroja luz sobre este misterio. Los periodistas Steve Eder, Matthew Goldstein, Jessica Silver-Greenberg y David Enrich dedicaron meses a revisar archivos privados, entrevistas inéditas, diarios, cartas, correos electrónicos, álbumes fotográficos y miles de páginas de documentos judiciales. Además, entrevistaron a decenas de excompañeros, amigos, conocidos, víctimas y profesionales relacionados con Epstein.
Los reporteros concluyen que la ascensión de Epstein se basó en una combinación de golpes de suerte, engaños sistemáticos, estafas a inversionistas y, sobre todo, la búsqueda constante de la compañía y protección de figuras poderosas que le otorgaron legitimidad y oportunidades.
Epstein nació en 1953 en una familia de clase trabajadora en Brooklyn, Nueva York. Abandonó los estudios en la Universidad de Nueva York sin graduarse, pero en 1974 consiguió un puesto como profesor de matemáticas y física en la exclusiva Dalton School de Manhattan, un centro frecuentado por hijos de millonarios.
Allí comenzó su escalada. Según documentos preparados por sus abogados y una grabación obtenida por el Times, Epstein estaba a punto de ser despedido cuando un padre de alumno lo invitó a un evento en una galería de arte. En esa fiesta conoció a otro progenitor, quien lo presentó a Ace Greenberg, entonces alto ejecutivo y futuro director ejecutivo de Bear Stearns, uno de los bancos de inversión más prestigiosos de Wall Street.
Greenberg tomó a Epstein bajo su ala. Incluso lo sentó junto a su hija de 20 años en una cena familiar, un gesto que la hija cree que fue intencional. En 1976, Epstein entró en Bear Stearns como asistente junior, sin experiencia previa en finanzas.Irregularidades toleradas en Bear StearnsPese a su rápido ascenso, Epstein cometió pronto graves infracciones. Falsificó en su currículum haber obtenido un título universitario, abusó de la cuenta de gastos corporativos y permitió que una novia accediera a información privilegiada sobre operaciones de inversión. Estas conductas, reveladas por primera vez en esta investigación, podrían haberle costado el puesto en cualquier otra firma.
Sin embargo, Bear Stearns le dio repetidas segundas oportunidades. Epstein ascendió hasta convertirse en socio limitado en 1981. La protección de Greenberg y otros ejecutivos fue clave.
Sede de Bear Stearns, la firma que lanzó la carrera de Epstein.Incluso después de abandonar la empresa en 1981 –oficialmente por diferencias, aunque rodeado de rumores–, antiguos colegas siguieron ayudándolo. Un gerente le presentó clientes potenciales y jóvenes mujeres, algunas como asistentes que terminaron en relaciones personales con Epstein. Entre ellas, Patricia Schmidt, quien declaró al Times que tanto el gerente como Epstein la trataban como «ficha de negociación». Otra fue Suzanne Ircha, quien años después se convirtió en amiga cercana de Melania Trump.
Durante décadas, Epstein usó su paso por Bear Stearns y sus lazos con Greenberg para impresionar a posibles clientes y autoridades.
Primeras estafas y acumulación inicial
Tras salir de Bear Stearns, Epstein fundó su propia firma de gestión financiera. Pero su patrón de mentiras continuó. Transcripciones de entrevistas inéditas obtenidas por el Times muestran acusaciones de mentores tempranos.
El contratista británico Douglas Leese lo acusó de abusar de gastos. El empresario Michael Stroll afirmó que Epstein se apropió indebidamente de la mayor parte de una inversión de 450,000 dólares en una operación que nunca se materializó.
Además, Epstein inició esquemas para manipular precios de acciones cotizadas y solicitó fondos a inversionistas externos, como el director ejecutivo de la editorial Simon & Schuster, para luego desaparecer con el dinero. Su habilidad para evadir consecuencias legales le permitió acumular riqueza suficiente para atraer objetivos más grandes.
El gran salto: cazador de fortunas en paraísos fiscales
Epstein solía presentarse como un «cazarrecompensas» financiero especializado en recuperar dinero oculto en paraísos fiscales. El Times solo encontró un caso real, pero fue decisivo.
A principios de los 80, la firma de corretaje Drysdale Securities quebró, causando pérdidas millonarias a familias adineradas. Epstein, que entonces salía con la actriz y socialité española Ana Obregón, fue contratado por la familia Obregón y otros españoles para rastrear los fondos desaparecidos.
Con ayuda de un amigo y exfiscal federal, Bob Gold, Epstein localizó el dinero en una sucursal de un banco canadiense en las Islas Caimán. Recibió una comisión sustancial que, sumada a ganancias previas de dudosa procedencia, lo convirtió en millonario por primera vez.
La tarjeta de presentación: David RockefellerEn los años 90, pocos nombres abrían más puertas que el de David Rockefeller, heredero de la dinastía bancaria. Epstein se infiltró en su círculo mediante donaciones de decenas de miles de dólares a la Universidad Rockefeller y la Comisión Trilateral.
Organizó al menos un evento privado en su mansión de Manhattan con Rockefeller presente, dedicado a planificación patrimonial. Sin embargo, exageró enormemente la relación: afirmó gestionar la fortuna familiar, algo que fuentes cercanas a los Rockefeller desmienten. Epstein nunca propuso inversiones al patriarca.
Aun así, usó el nombre de Rockefeller para impresionar a instituciones y personas influyentes.David Rockefeller, cuya asociación Epstein exageró para ganar credibilidad.
Les Wexner: dinero, poder y credenciales
El mayor benefactor de Epstein fue sin duda Les Wexner, fundador de L Brands, propietario de marcas como Victoria’s Secret y The Limited. Wexner no solo le confió la gestión de parte de su fortuna –que ascendía a miles de millones–, sino que le otorgó poder notarial sobre sus asuntos financieros y acceso ilimitado a su red de contactos.
A finales de los 80, Epstein usó esta conexión para acercarse a figuras como Ken Lipper, gestor de fondos de alto riesgo, falsificando en documentos regulatorios que trabajaba para él. También rescató al abogado Alan Dershowitz de una inversión fallida con dinero de Wexner; Dershowitz se convirtió después en su principal defensor legal.
Wexner proporcionó a Epstein no sólo riqueza, sino la credibilidad que necesitaba para operar en los círculos más altos.
Jeffrey Epstein y Les Wexner, la relación clave en el ascenso del financista.Un patrón de protección y abusoLa investigación del Times subraya que Epstein buscaba deliberadamente la proximidad a los poderosos no solo por dinero, sino por la protección que ofrecían. Esta red le permitió encubrir durante décadas sus actividades delictivas, incluyendo el tráfico y abuso sexual de menores.
Sus víctimas, muchas reclutadas mediante promesas de oportunidades en el mundo de las finanzas y la moda, sufrieron en silencio mientras Epstein usaba su fortuna y conexiones para silenciar acusaciones.
Aunque Epstein murió en 2019 mientras aguardaba juicio por tráfico sexual, las ramificaciones de su red siguen investigándose. Figuras como Wexner han enfrentado escrutinio, aunque niegan conocimiento de los crímenes.Esta pesquisa periodística revela que la fortuna de Epstein no fue fruto de genialidad financiera, sino de un sistemático aprovechamiento de la confianza ajena, mentiras y alianzas estratégicas con quienes podían blindarlo.
Los periodistas destacan que, pese a las irregularidades detectadas tempranamente, nadie en posiciones de poder detuvo su ascenso hasta que fue demasiado tarde.



