Copenhague, Dinamarca.- La OTAN enfrenta un desafío inédito: mientras cuenta con detallados planes militares para defenderse de agresiones externas, no dispone de un protocolo para manejar las crecientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre anexar Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, miembro fundador de la Alianza.
Tras la operación militar en Venezuela que capturó a Nicolás Maduro, Trump ha intensificado sus afirmaciones de que Estados Unidos necesita Groenlandia por «razones de seguridad nacional». Su asesor Stephen Miller ha cuestionado la soberanía danesa sobre la isla y asegurado que «nadie luchará militarmente contra EE.UU. por el futuro de Groenlandia».
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha optado por el silencio público ante estas declaraciones, una estrategia que, según expertos, no podrá mantenerse indefinidamente. Patrik Oksanen, del Stockholm Free World Forum, advierte que «el mero debate es una victoria para Putin», al erosionar la credibilidad aliada. Ed Arnold, del Royal United Services Institute, subraya que la Alianza se basa en «valores y confianza», y discutir este tema en una mesa de 32 aliados donde la mayor amenaza proviene de uno de ellos proyectaría una imagen devastadora.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha sido contundente: un ataque estadounidense a un aliado de la OTAN «detendría todo», incluyendo la seguridad posguerra mundial. Algunos analistas sugieren reforzar la presencia europea en Groenlandia para disuadir a Washington. Steven Everts, del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE, insiste en ser «muy claros» sobre el futuro de la isla sin agresividad.
En el Parlamento Europeo, voces como la del danés Anders Vistisen exigen firmeza: «No permitiremos presiones ni intimidaciones». Su colega Per Clausen propone suspender acuerdos arancelarios favorables a EE.UU. hasta que cesen las amenazas, advirtiendo que recompensarlas «echaría leña al fuego». Clausen destaca el enojo ciudadano en Dinamarca y espera acciones concretas de solidaridad europea.
El 6 de enero en París, líderes de Alemania, Italia, Polonia, España y Reino Unido se unieron a Frederiksen en una declaración conjunta: «Solo Dinamarca y Groenlandia decidirán sus asuntos». Emitida antes de reunirse con enviados estadounidenses, simboliza la seriedad con que Europa ve la amenaza. Everts la califica de paso significativo; Oksanen alerta que una imposición estadounidense marcaría «el fin de los tiempos tal como los conocemos».
Esta crisis pone a prueba la unidad transatlántica en un momento de tensiones globales.
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