La opereta de Abelardo Valenzuela
La Fiscalía Anticorrupción del Estado (FACH), bajo el mando de Abelardo Valenzuela Holguín, ha convertido años de supuesta lucha contra la corrupción en un circo mediático patético llena de fracasos en sus intentos por hacer pagar lancorrupcion de Javier Corral y su grupo. Lejos de desarticular redes reales de poder, la FACH se ha especializado en generar ruido y persecuciones selectivas que nunca llegan a buen puerto. El caso de A. V. Ch. representa el vergonzoso punto final de esa comedia: tras años de promesas grandilocuentes, Valenzuela celebra como triunfo lo que cualquier fiscal serio consideraría una vergüenza.
Un charal como trofeo máximo
El encarcelamiento de A. V. Ch., simple Coordinador Estatal de Almacenes y Farmacias del Instituto Chihuahuense de Salud, por el desvío de medicamentos oncológicos, desnuda la absoluta mediocridad de Abelardo Valenzuela. No se trata de un exsecretario, ni de un operador cercano al poder, ni de alguien que realmente pudiera comprometer al exgobernador Corral. Es apenas un charal en un supuesto mar de tiburones. La FACH, que juró llegar hasta las últimas consecuencias, se conforma con el eslabón más insignificante de la cadena.
El ridículo fracaso en la colonia Roma
Durante años se habló de redes complejas, de millones desviados y de complicidades que llegaban hasta el propio Javier Corral. Sin embargo, la FACH de Abelardo Valenzuela jamás logró convertir esas acusaciones en detenciones relevantes. El 14 de agosto de 2024, en un restaurante de la colonia Roma en Ciudad de México, se vivió el episodio más humillante: la oportunidad de capturar a un verdadero pez gordo se evaporó por torpeza operativa y nula coordinación. Ese fiasco no fue un accidente, sino la mejor radiografía de una fiscalía incompetente.
Persecución en el cuarto nivel
La detención de un funcionario de cuarto nivel revela la verdadera esencia de la FACH bajo Abelardo Valenzuela: no es un órgano de investigación, sino una herramienta burda de revanchismo político. En vez de armar casos sólidos con pruebas contundentes, se ha dedicado a inflar narrativas que luego se desinflan. La tesis es irrefutable: el único éxito tangible de esta fiscalía no es un pez gordo, apenas alcanza la categoría de charal. Eso habla, con crudeza brutal, de su profunda incompetencia.
Estrategia que sólo desgasta a la FACH
Políticamente, los repetidos intentos fallidos por encarcelar a Corral y a sus principales colaboradores dejan al descubierto una estrategia torpe de desgaste que ha terminado por desgastar más a la propia institución. Cada operativo anunciado con bombo y platillo termina en silencio o en detenciones marginales como la de A. V. Ch. El mensaje que envía Abelardo Valenzuela es claro y desolador: podemos acosar, pero no podemos tocar a los que realmente mandaban.
Una institución sin credibilidad
Esta incapacidad crónica para llegar a las cabezas visibles del corralismo no solo pone en entredicho la profesionalidad de Abelardo Valenzuela, sino que destruye cualquier resto de credibilidad de la Fiscalía Anticorrupción. ¿Dónde quedaron las promesas de transparencia y rendición de cuentas? ¿Dónde las supuestas redes que llegaban hasta el exgobernador? La realidad es dolorosa: la FACH eligió el camino fácil de señalar a los de abajo mientras los verdaderos responsables siguen intocables.
Revanchismo barato
El balance crítico es contundente: la FACH de Abelardo Valenzuela ha sido mucho más un instrumento de venganza política que un auténtico baluarte contra la corrupción. Sus intentos por meter a la cárcel a Corral y a los corralistas se han reducido a una serie lamentable de operativos fallidos y detenciones simbólicas. La prisión de A. V. Ch. no representa un triunfo, sino la confirmación patética de que, después de años de batallar, solo pueden presumir victorias de cartón.
El triste legado de Valenzuela
En última instancia, la gestión de Abelardo Valenzuela al frente de la Fiscalía Anticorrupción quedará registrada en la historia de Chihuahua como un ejemplo claro de cómo la retórica anticorrupción sirve para esconder la propia ineficacia y fracaso. La detención de un funcionario de cuarto nivel, lejos de fortalecer la institución, la deja en ridículo. La tesis se sostiene con fuerza: su único éxito no es un pez gordo, apenas llega a charal. Eso, más que cualquier otra cosa, confirma que prometió transformar Chihuahua y terminó conformándose con capturar sombras.



