Washington, D.C.- La campaña del presidente Donald Trump para interceptar buques que transportan petróleo venezolano escaló este fin de semana con una inusual persecución en el mar Caribe y el océano Atlántico. El sábado, fuerzas estadounidenses intentaron abordar el petrolero Bella 1, sancionado por su vínculo previo con el comercio de crudo iraní, pero el buque se negó y huyó, generando una «persecución activa» que continúa hasta el domingo.
Detalles de la huida
El Bella 1 navegaba vacío hacia Venezuela para cargar crudo cuando fue interceptado. Según autoridades estadounidenses, no enarbolaba bandera válida, lo que lo convertía en apátrida y sujeto a abordaje por derecho internacional. Además, existía una orden judicial de incautación por su rol en el transporte de petróleo iraní, presuntamente ligado a financiamiento de terrorismo.
Al acercarse las fuerzas de la Guardia Costera el sábado por la noche, el buque giró y aceleró hacia el noreste. Para el domingo, emitía más de 75 señales de socorro, ubicándose a cientos de kilómetros de Antigua y Barbuda, en pleno Atlántico. No había ingresado aún a aguas venezolanas ni contaba con escolta naval.
Otro buque interceptado
Paralelamente, el sábado la Guardia Costera abordó el petrolero de bandera panameña Centuries, que acababa de cargar petróleo venezolano destinado aparentemente a China. Aunque no tenía orden de incautación ni figuraba en listas públicas de sanciones, las autoridades verificaban su registro. Un helicóptero militar sobrevoló la embarcación durante la operación.
Este es el tercer incidente en menos de dos semanas: el 10 de diciembre, EE.UU. incautó el Skipper, otro buque con historial iraní-venezolano, escoltado ahora a Texas.
Funcionarios de la administración Trump justifican estas acciones como necesarias para cortar fondos al régimen de Nicolás Maduro, acusándolo de usar ingresos petroleros en «narcoterrorismo». Trump ha denunciado que Venezuela inunda EE.UU. de drogas y migrantes, aunque expertos señalan que el país no produce fentanilo y la cocaína transita mayormente hacia Europa.
En privado, fuentes estadounidenses admiten que el fin último es presionar la salida de Maduro, acusado de fraudes electorales y abusos humanos, y recuperar influencia sobre las mayores reservas petroleras del mundo, antes accesibles a empresas estadounidenses.
La flota fantasma
Los buques objetivo forman parte de la llamada «flota oscura»: hasta el 20% de los petroleros globales evaden sanciones transportando crudo de Irán, Venezuela y Rusia, falsificando señales y documentos. El Bella 1 había manipulado su ubicación en viajes previos.
La amenaza de incautaciones ya altera rutas: varios tankers han virado al acercarse a Venezuela. Gran parte del petróleo venezolano va a China, parte vía Cuba o bajo licencias a EE.UU.
Maduro ordenó escoltas navales a algunos buques, elevando riesgos de confrontación armada. Caracas condenó el abordaje del Centuries como «robo y secuestro», acusando a EE.UU. de desaparecer a la tripulación.
La Casa Blanca informó que Trump hablará este lunes con sus secretarios de Defensa y Marina, sin adelantar detalles. Las operaciones forman parte de una presencia militar intensificada en el Caribe, bajo pretexto antidrogas, pero con claros objetivos políticos y económicos.
Esta escalada genera incertidumbre: no es un bloqueo total —acto de guerra—, sino ataques selectivo que debilita las finanzas maduristas sin paralizar completamente el comercio petrolero venezolano.
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