Hoy, 28 de enero de 2026, se cumplen 50 años del asesinato de Lamberto Quintero Payán, uno de los personajes más emblemáticos de la historia temprana del narcotráfico en Sinaloa y de la cultura popular mexicana a través del corrido.Lamberto Quintero, originario de la sierra de Badiraguato, Sinaloa, y tío de Rafael Caro Quintero (fundador del Cártel de Guadalajara), fue abatido el 28 de enero de 1976 en la comunidad de El Salado, cerca de Culiacán. El hecho ocurrió en medio de una balacera derivada de antiguas rencillas entre familias involucradas en el tráfico de drogas, principalmente entre los Quintero y los Otañez Lafarga.
Según las versiones más difundidas, Quintero se encontraba en la caja de su camioneta frente a un pequeño restaurante propiedad de la familia de su novia, Glader Margarita Tapia Zazueta (la última persona que lo vio con vida), cuando fue emboscado. Recibió múltiples impactos de bala y fue trasladado de emergencia a la Clínica Santa María en el centro de Culiacán, donde falleció poco después a causa de la gravedad de las heridas. En el mismo enfrentamiento murió también David Manuel Otañez Lafarga, conocido como “El Chito”.
Su muerte no puso fin al conflicto: al contrario, desató una ola de venganzas que dejó decenas de muertos en los días siguientes en Culiacán, con balaceras en el cortejo fúnebre de “El Chito” y otros puntos de la ciudad, dejando a la capital sinaloense en zozobra durante semanas.Lamberto Quintero quedó inmortalizado en la memoria colectiva gracias al famoso corrido compuesto por Paulino Vargas e interpretado magistralmente por Antonio Aguilar, que comienza con la célebre estrofa:
“Un día 28 de enero,
como me hiere esa fecha,
a don Lamberto Quintero
lo seguía una camioneta…”
Considerado uno de los primeros narcocorridos documentados, la canción evitó referencias directas al narco, pero resaltó la figura del personaje y justificó narrativamente la venganza posterior. Antonio Aguilar también llevó la historia al cine en las películas Lamberto Quintero (1987) y El hijo de Lamberto Quintero (1990).
Sus restos descansan en una cripta de cristal en el famoso Panteón Jardines del Humaya en Culiacán, donde cada aniversario su tumba recibe visitas, flores y ofrendas, convirtiéndose en un sitio de peregrinación dentro de la narcocultura sinaloense.
A medio siglo de su asesinato, el 28 de enero sigue siendo una fecha que resuena en redes sociales, playlists de música regional y conversaciones sobre la historia del narco en México: un recordatorio de cómo un hecho violento de los años 70 se transformó en mito, canción y legado cultural que perdura hasta hoy.
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